MIENTRAS NOS QUEDE CUERDA, DISFRUTEMOS
LA AMISTAD ES UN BUEN VINO, RIOJANO
Aunque no faltará el epígono o sosia/s de Federico Cuadrado, personaje literario de la novela “Abel Sánchez: una historia de pasión” (1917), de Miguel de Unamuno, que venga a poner objeciones, o sea, a formular su proverbial y preceptiva pregunta impertinente: “¿Contra quién va ese elogio?”, trenzaré a continuación, le parezca excelente, bien, regular, mal o muy mal, cuanto debo.
Mi amigo Luis de Pablo Jiménez merece ser eviterno por mil y una buenas razones, todas ellas acciones (y es que uno no es lo que piensa, ni tampoco es lo que dice, sino cuanto hace o deja de hacer), que ha culminado a lo largo de sus 64 años de vida. Esa cifra, evidentemente, se queda corta, pero había que poner una, porque el discurso lo exigía, y esa ha sido la elegida por este menda o la que su cacumen ha preferido entre las opciones que había, las varillas de ese abanico abierto. De todos los actos altruistas que ha coronado, de sus gestos, que algunos han devenido gestas, hazañas, proezas, estoy completamente convencido, seguro, y por eso me apuesto doble contra sencillo, a que yo he sido el beneficiario en un montón de casos; así que es lógico y normal que asevere que se ha hecho digno acreedor de recibir ese premio, puesto que se lo ha ganado a pulso, la eviternidad. Y es que, como dice Tecmesa a su marido Áyax, en la homónima tragedia sofoclea: “Justo es que el hombre agradezca el buen trato que ha recibido, porque el agradecimiento es siempre el que engendra agradecimiento. Quien se olvida del bien que se le ha hecho, no es posible que sea nunca un hombre bien nacido”. Remoto precedente es del adagio “de bien nacido es ser agradecido”, que es un endecasílabo perfecto, aunque, en sentido estricto, sean cuatro.
Ahora bien, puede que su nombre y dos apellidos pase a la posteridad por una anécdota menor, aunque no falta de empaque y enjundia lingüística, la que rememoro a renglón seguido, y que él mismo me suministró.
Tras haber sido repartida la viña entre los seis podadores contratados, antes de empezar la faena, a uno de ellos, filólogo, de nombre compuesto, Jesús Manuel, se le ocurrió aducir, de manera ambivalente:
—Seamos felices, mientras podamos (forma verbal de podar y poder).
Nota bene
Como a Luis no le gusta darse pisto, postín o pote, puede que el ideador de la frase y quien le diera y prestara voz, esto es, la profiriera por primera vez, fuese él. Yo no echaría en saco roto esta posibilidad.
Ángel Sáez García