Palpito Digital

José Muñoz Clares

Asesinato Alicante (V). El hereu, la investigación y el punto “G”.

Vicente, el único hijo varón de la víctima, fue presumido inocente y excluido de la investigación, que sí se extendió a hijas, yernos y nietos en forma de intervenciones telefónicas que, por lo visto y publicado, nada aportaron para identificar al autor de los disparos. Y hubo detalles que fueron voluntariamente excluidos de las constantes filtraciones que se produjeron desde el minuto uno de la investigación, sin que hubiera reacción oficial alguna mientras dichas filtraciones ayudaron a construir un juicio paralelo en prensa con Miguel como único sospechoso y a efectos públicos culpable (El País, El Mundo, La Verdad de Murcia, Información de Alicante, TVE 1, CUATRO, Tele5, La Sexta, RNE, etc.). No se filtró que también el hereu tenía armas y licencias como su cuñado, hoy en prisión. Y que se daban en él casi las mismas posibilidades que se daban en su cuñado preso, por móvil, conocimiento, oportunidad, manejo de armas, etc. Todo eso se nos hurtó porque podía enturbiar la imagen de asesino que desde el primer momento quiso la policía dar de Miguel y la prensa recogió con esmero y asiduidad.

Se ocultó la reacción del hoy preso y su mujer cuando supieron lo que había colgado uno de sus hijos en facebook (“jaque mate”), estupidez aborrescente que la madre  reprochó con vehemencia: que no hubiera tenido en cuenta que era a su madre a la que habían asesinado y que no tuviera en cuenta el momento que estaban viviendo. El padre fue más primario: dado que el crío estaba en Escocia estudiando, le dijo que de haberlo tenido cerca no se habría quedado en palabras. Nada que ver con una familia unida en torno a un crimen; al contrario, una familia dolorida y confusa, que reprocha al hijo su falta de respeto al dolor ajeno y no por el hecho, en el que ni pensaron, de que ese gesto podría ser utilizado por la policía como  indicio de culpabilidad del padre. Como así hicieron.

Con la exclusión arbitraria del hereu como investigado dejaron en penumbra detalles relevantes: ¿Tiene el hereu un amigo íntimo, de profesión policía y destino en Alicante, apellidado Girona, al que venimos llamando «G»? ¿Suficientemente íntimo como para ir juntos a Ibiza en el yate de la familia Salas? ¿Qué puesto ocupa el amigo en la policía? ¿Alguno directa o indirectamente cercano a la investigación? ¿Tanto como para ir conociendo los progresos de la misma y disponer de esa información a su antojo? No lo sabemos porque nadie lo ha querido investigar.

¿Estaban comúnmente interesados el hereu y su amigo G en el buen fin de las pesquisas y en la acusación y detención de Miguel? No circularían rumores por Alicante si conociéramos, como sí conocemos de los demás, las llamadas entrantes y salientes del hereu y su posición según las antenas que captan la señal del móvil. A partir del listado sabríamos cuál era el tráfico normal entre el hereu y su amigo G días antes del crimen, el día del crimen y los días posteriores hasta hoy. ¿Eran llamadas diarias, plurales, a deshoras, largas? ¿Iban seguidas de otras llamadas que pudieran estar en el origen de las filtraciones? Nada sabemos porque nada se ha investigado al respecto.

¿A qué hora, tras saberse la noticia del asesinato, hablaron el hereu y su amigo G? ¿Habían hablado antes ese día? El día de la detención del cuñado ¿los móviles de Vicente y G estuvieron juntos en un mismo lugar? Y más allá, ¿cuántas reuniones, si hubo alguna, mantuvieron el hereu y G antes, en el entorno inmediato y después de los hechos?  Porque G no sólo estuvo en el funeral sino que fue el encargado de, por lo menos, llevar a la hermana de la víctima a su casa acabadas las honras fúnebres. La relación de confianza está plenamente acreditada. Hasta dónde llegaba es lo que aún no sabemos porque no se ha querido que se sepa.

¿Por dónde se filtraron los datos que todo el mundo conocía en Alicante mientras la causa estaba bajo secreto y sólo la conocían el juez, el fiscal y la policía? Excluyamos al juez y al fiscal: ¿Quién queda? ¿La Policía? ¿Qué policía? ¿Pudo verse sesgada la investigación por alguna interferencia externa al equipo investigador? ¿Hubo una conexión basada en el punto G? Al cabo se sabrá – todo se sabrá – pero hoy no podemos más que formular preguntas en la esperanza de que alguien las conteste.

Y a última hora: ¿En qué consistió ese registro de documentos en casa de la víctima que ha revelado hoy su abogado al salir de declarar en el Juzgado? ¿Existió tal registro irregular? ¿Quién y cuándo lo hizo? ¿Poco antes del asesinato? ¿Qué documentos buscaba? ¿Alguno que revelara las intenciones de la víctima de cara a su testamento, siempre modificable? ¿Por qué ese mismo abogado le aconsejó a la víctima, pocos días antes del asesinato, que buscara protección? El silencio oficial alienta la especulación. La información pone fin a los rumores. Elijan las autoridades qué prefieren.

Tales preguntas pueden aún alcanzar respuesta: está el instructor en situación de liberar al injustamente preso, declarar de nuevo el secreto, averiguar lo que en su día no se quiso investigar y, ya de paso, despejar las dudas que plantean ciertas “contradicciones” en que el hereu, al parecer, incurrió en sus distintas declaraciones.

Esto, señoras y señores, no ha hecho más que empezar. Pero hay un hombre preso. Y ese es un mal comienzo si hablamos de justicia y no de mera opinión pública, que hasta hace unos días era unánime: Miguel es el autor de los hechos y debe estar en prisión.

Pues ha llegado el momento de reconsiderar lo hasta ahora propagado.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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