Palpito Digital

José Muñoz Clares

Parsimonia inaceptable

Javier Ayuso firma hoy en El País una colaboración con título más que significativo: «La mentira y el odio matan la democracia», señalando cómo la agresión verbal a Iceta ha revelado que en el podrido pensamiento «indepe» entra el hecho de que basta una mera disculpa y una dimisión para dar por cerrado el asunto; es actitud simétrica de lo que igualmente sostienen: que la poca prisión preventiva y los fríos de Puchifrites en Bruselas han saldado la cuenta que deben a costa de sus demanes.

Y dice igualmente Ayuso que no aprecia la reacción adecuada en una ciudadanía y en un gobierno que parecen «anestesiados ante las falsedades que llevamos meses (años) escuchando», «la sarta de mentiras que han conformado el relato separatista», hasta el punto de que las próximas elecciones las entienden ilegítimas si las pierden pero legítimas si las ganan, sabiendo como sabemos que si las pierden lo achacarán a un pucherazo del que no hay precedentes desde 1977, fuera de la estafa democrática en que consistió el ilegal referendum del 1-O, fundamento de su «legitimidad» política.

Y digo yo que el gol que Rayoy dejó que nos metieran por toda la escuadra los días 6 y 7 de septiembre, que tanto nos costó luego, se puede repetir el día 22 de diciembre si no dejamos suficientemente clara la postura del gobierno y de los españoles frente a los cada día más chulescos y enloquecidos independentistas de ERC y de PDeCat que, a medida que se van repartiendo los votos según ladran más o menos, han acabado por dar su verdadera cara: vuelta a la deriva unilateral y republicana que propició la aplicación – unilateral, dicen – del art. 155 CE. Y hay que dejar bien claro que si vuelven ellos volvemos nosotros.

Andan preguntando estos desfachatados si España respetará los resultados de la votación, pero no quieren oír la necesaria segunda parte: se respetará el resultado pero en modo alguno se aceptará que de nuevo quebranten la ley, desde la Constitución hasta la más baja orden ministerial o reglamento, de modo que bastará que pongan un pie en la misma senda para que el Estado reimponga la vigencia del art. 155 y volvamos a empezar, y así hasta que ellos se cansen de dilapidar la imagen, la paz y el presupuesto de Cataluña en su aventura enloquecida. Lo interpretarán como una no aceptación de los resultados pero eso lo llevamos en el sueldo los españoles y el crédito internacional de esa caterva de mentirosos compulsivos ya sabemos cómo anda.

Visto que el fantoche de Puchifrites le está robando votos a ERC, han decidido ambas formaciones echarse de nuevo al monte y no ocultar que la estrategia Forcadell era una mera manifestación del miedo a la prisión – más que merecida -, pero que ni han renunciado a la unilateralidad ni han abandonado el itinerario que los debe conducir a la independencia. De hecho, ERC ha presentado un programa titulado «Hacer república» en que se exige un «diálogo bilateral» que, leído en su lenguaje, significa que el Estado negocie con ellos la independencia, lo que equivaldría a la rendición del Estado ante unos chulos mentecatos de barra de bar. La mentirosa compulsiva de Rovira, por su parte, sugiere que si no se da tal rendición recurrirán ellos a «la ruptura sin permiso», y propone que se reponga a todos los cesados, incluido Trapero, sobre la base de que tiene «una hoja de servicios intachable», es decir, la misma que a todos los efectos tenía Franco mientras acuarteló a España entera. Quizás por eso hablan tanto de su excremencia: porque en el fondo no son tan diferentes.

Pero la atención hay que fijarla en el huido Puchifrites que exige, si gana – ¿si es elegido diputado? – la retirada de 44 recursos contra otras tantas leyes catalanas dictadas desde la arbitrariedad, además del archivo de las causas penales pendientes. Y que ellos no quieren ya ni un nuevo estatuto ni una reforma constitucional pues si su aspiración es a una república independiente «es lo que hay que aceptar», y hasta se plantea que podría ser una buena idea regresar a España una vez conseguida su acta. Es demasiado cobarde para hacerlo pero ante toda esta desmesura no cabe sino sostener lo siguiente:

1.- Que en el mismo momento en que Puchifrites regrese a España será detenido, puesto a disposición del TS y, previsible y necesariamente, ingresado en prisión, de la que no debe salir pues tiene acreditada la fuga de la justicia y la voluntad de reiteración delictiva, por lo que debería empalmar la prisión preventiva con el juicio y el cumplimiento de la pena que se le imponga.

2.- Que los procedimientos seguirán adelante y las leyes seguirán recurridas, bramen ellos lo que bramen, y que determinados delitos como los de desobediencia, prevaricación, malversación y sedición – si no cuaja la rebelión – acarrearán larguísimas penas de prisión que no dejarán de ejecutarse cualquiera sea el resultado de las elecciones.

3.- Que sólo lo anterior conducirá a un saneamiento efectivo de la realidad política catalana apartando de la circulación a indeseables que ya nos han costado demasiado como para seguir tolerando sus bravatas.

Y desgraciadamente no parece que Rajoy tenga el brío preciso no sólo para hacer lo anterior sino para no dejarse meter otro gol en materia de comunicaciones, por lo que no debería descartar tan ligeramente el anticipo de elecciones y que suba al poder un gobierno de concentración que no  muestre tibieza a la hora de defender el Estado de Derecho.

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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