Palpito Digital

José Muñoz Clares

Purple Heart Generation

El corazón púrpura (Purple Heart) es la condecoración más veces otorgada por el ejército americano. Se concede a todo aquel que haya sufrido en combate una herida, cualquier tipo de herida,  de modo que la misma condecoración recibe quien perdió un miembro que quien tiene una esquirla bajo la piel y hay que extraerla con cirugía menor. El equivalente español fue durante más de dos siglos la Medalla de Sufrimientos por la Patria, instituida por el infausto Fernando VII en 1814 y derogada por los socialistas en 1989, los mismos que a base de leyes buenistas y complacientes han degradado el nivel de exigencia académico so pretexto de que la igualdad exige iguales notas para todos. En mala hora se derogó la medalla por sufrimientos. Ahora se echa en falta para no tener que premiar a cierta capa de la sociedad con recompensas mucho mayores y desproporcionadas. Antes se conformaban con una medalla; ahora exigen títulos, becas y prebendas académicas en general.

La generación que está desde 2020 estudiando, desde primaria hasta la Universidad, pero mayormente estos últimos -la gente menuda es más de fiar-, vive en el convencimiento de que a quien haya pagado la matrícula y haya asistido a unas cuantas clases -pocas- presenciales u online, debería otorgársele directamente el aprobado en todas las asignaturas de su carrera, y no digamos si encima el mozo o la moza ha estudiado unas cuantas horas porque entonces lo que merece es un notable, y de ahí para arriba hay un páramo intelectual que acaba en la selecta minoría de quienes  siempre estudian y aprueban, con pandemia y sin ella, que esos siguen dispuestos a ganarse las notas a base de esfuerzo. Porque la coartada para el aprobado general la encuentran los otros estudiantes en los muchos sufrimientos que han debido afrontar para soportar el confinamiento, la mascarilla, los higienizadores, el toque de queda y la falta de fiestas y de oportunidades erótico-festivas que asocian a la vida universitaria como asignatura troncal no evaluable. Son los mismos que han generado el convencimiento de que la universidad no sirve para nada y la enfocan como una carrera de vallas, a razón de una por asignatura, que se han de saltar como sea, aprovechando cualquier oportunidad que surja para aprobar sin haberle dado un palo al agua en todo el curso. Por ejemplo, cuando se sabe que un profesor se jubila.

De un profesor que se va a jubilar se espera que conceda directamente un aprobado general; en términos de pandemia eso ha alcanzado el nivel de Derecho Fundamental del alumno, y quienes se atreven a suspender gente en tales circunstancias son tachados de huesos imperdonables, sádicos académicos y traidores a las peores tradiciones, esas que ha conducido a que ninguna de nuestras universidades esté entre las primeras cien mejores del mundo. Holanda tiene 13 universidades: todas ellas están situadas en puestos de privilegio en las más acreditadas clasificaciones.

Hace poco circuló un meme políticamente incorrecto pero muy descriptivo: un supuesto experto en conducta adolescente era interrogado sobre el problema; la respuesta: Faltan hostias. Muchas. A dos manos hasta que las orejas sean impares. Dicho sea lo anterior en sentido figurado, lo cierto es que a estos que se creen con derecho a que se le regale un grado o un máster se les debería recordar que sus abuelos vivieron la llamada gripe española y luego una guerra civil seguida de una guerra mundial. Aquello sí que fue partirle en dos la biografía y, aun así, aquella generación levantó el país y lo hizo grande a base de madrugones, horas extra, ingenio, abnegación y buen humor frente a las calamidades. Y todo eso en mitad de una dictadura.

Puede ser que quienes nos hemos hecho viejos tengamos hacia los jóvenes el recelo universal de que han leído menos, se esfuerzan menos que nosotros y no parecen capaces de levantar este país del pozo en que lo está metiendo un gobierno irresponsable al que ellos votan seducidos por el buenismo que les predican. Puede que estemos errados nosotros pero hay una cosa que sí parece cierta: esta generación de que les hablo no desembarcará en Normandía si no es un crucero de lujo atracado en el puerto de Cherburgo y en mitad de un botellón de proporciones homéricas, aunque no sepan quien fue ese tal Homero.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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