Palpito Digital

José Muñoz Clares

No tomarás el nombre del Rey en vano

Excesivamente expuesta en los medios después del baño que le dio a la izquierda sectaria que dice que gobierna, al final Isabel Díaz Ayuso ha metido una pata antológica en lo que al entendimiento de la política española respecta: implicar al Rey en los insultantes indultos que ya ha cocinado el psicópata para relajar el ambiente de su entrevista con el sedicioso Aragonés.

Vayamos por partes. La monarquía es un régimen atávico, en cuanto que surgido hace milenios, que alguna vez se basó en la primacía del más fuerte pero, tras la implosión de la monarquía absoluta y la siega de cabezas que le puso fin, los más preparados de entre sus representantes entendieron que su supervivencia dependía de que el poder efectivo lo ejercieran políticos electos y ellos, los monarcas, se reservaran el simbolismo de la unidad de un país y el ejercicio de poderes de gracia como remedio de situaciones injustas a las que aboca, inevitablemente, el Principio de Legalidad. El indulto entre otros. Así que el Rey debía mantenerse neutral en lo político y sancionar y promulgar lo que la voluntad popular le pusiera delante, le gustara o no, y los países optaron entre un presidente de república, entre los que cabe citar hoy día a Xi en China, a Maduro, al tercer heredero de la dinastía Kim en Corea del norte o a los sucesores de los Castro en Cuba, como contrapartida de los muy civilizados reyes de Reino Unido, Holanda, Suecia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Japón y España. Que entre los veinte países que aseguran un mejor nivel de bienestar haya ocho monarquías -no cuento a la Commonwealth, que añadiría Canadá, Australia y Nueva Zelanda, donde la reina Isabel II es una mera referencia histórica- resulta concluyente: la monarquía no sólo no impide el desarrollo social sino que lo alienta, salvo las monarquías islámicas y africanas que aún no han vivido la Revolución francesa que antes o después les llegará.

Ayuso ha incurrido en un error de principiante que antes sólo habían cometido quienes pretenden disolver España como nación y como país: el infausto coleta morada, el prófugo puchifugas, los golpistas y secesionistas catalanes y gentuza de esa laya; todos ellos solicitaron en alguna ocasión que el Rey interviniera en asuntos que la Constitución no le reserva. Y Ayuso, con un despliegue de ignorancia impropio de quien se postula para dirigir este país, ha hecho al Rey cómplice de los indultos si acepta firmarlos y, sorprendida en falta, en vez de enmendarla y disculparse ha señalado a Casado porque, según ella, piensa lo mismo.

SM el Rey D. Felipe VI -IV para la iletrada Ione Belarra- ha venido ejerciendo su cargo con acierto y sujeción a la Constitución al margen de las náuseas que le debe haber producido el psicópata Sánchez y el bufonesco coleta morada, cuyo gobierno de cuadrilla criminal ha acometido contra la monarquía en todas las formas posibles: como institución y, también, cargando contra el Rey emérito, no sin cierta razón, contra las Infantas Elena y Cristina -sin ninguna razón-, y contra la Princesa de Asturias, Leonor, y la Infanta Sofía, por mera confusión con sus tías, que no pudo ser sino intencionada o producto de la falta de profesionalidad en TVE. Como hombre que es, Felipe VI ha tenido que pasar por el continuo acoso a su padre, sus hermanas y sus hijas, del que sólo se ha salvado la Reina emérita Dª Sofía, cuya trayectoria y conducta la ha hecho merecedora legítima del aprecio y respeto popular. Y aun así el Rey ha cumplido lealmente sus deberes constitucionales y cumplirá el que ahora le ha de venir: firmar los indultos que la caterva gobernante aprobará en consejo de ministros.

Ayuso debe rectificar pública y sentidamente por el error cometido. Debe olvidarse del dedo de señalar a Casado por algo de lo que sólo ella es culpable. Y lo debe hacer para demostrarnos que verdaderamente aspira a contribuir a que España se libre de sus enemigos en el poder y podamos mantener la monarquía como institución que, en efecto, encarna la parte irracional del poder político, esa parte que no obedece exclusivamente a leyes sino a una historia común que pretendemos proyectar hacia el futuro como garantía de continuidad de nuestro país tal como nos lo entregaron, tal como lo queremos legar a nuestros hijos.

 

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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