Palpito Digital

José Muñoz Clares

PsicoPutin y el enunciado de Godwin

El enunciado de Godwin (Mike Godwin; 1990) ha pasado al lenguaje común como ley de analogías nazis: a medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno (Wiki). 

En el caso de la criminal invasión de Ucrania la analogía es obvia: los putinazis estuvieron jurando que su militarización no perseguía invasión alguna, como hizo Hitler, que luego simuló un ataque a una emisora de radio polaca con cadáveres de atrezzo y al día siguiente violó la frontera. Invadió el pasillo de Danzig y los Sudetes checos porque había allí cierto porcentaje de población de habla y cultura alemana. Psicoputin dice lo mismo de la población del este de Ucrania. Sigan ustedes mismos: deposición de gobiernos legítimos, instalación de gobiernos satélites tipo Lukashenko -ese ejemplar vomitivo de la raza blanca-, encarcelamiento y asesinato de disidentes, bombardeos indiscriminados de población civil, etc, etc, etc.

Hay una diferencia, una que los perros de Psicoputin no han tenido en cuenta: internet y las redes sociales. Para que se hagan idea, en abril de 1944 Rudolf Vrba y Alfred Wetzle, presos en Auschwitz, pasaron tres días ocultos entre troncos y cubiertos con hojarasca empapada en gasolina -para no atraer a los perros y a sus perros amos de las SS- junto a la valla del campo, hasta que consiguieron huir e informar a los aliados, que apenas los creyeron y nada hicieron para bombardear las vías que conducían directamente a las cámaras de gas. La invasión de Ucrania, por el contrario, la estamos viendo en directo. Todo el que tiene un móvil es hoy un reportero de brutalidades, ocurran en público o a cubierto, y podrán estos nuevos nazis ocultar la realidad a su población pero no al mundo, que la está recibiendo por wasap.

El pérfido Lavrov acaba de anunciar que se prohíbe en la nueva URSS referirse a lo de Ucrania como guerra o invasión. Puede que para consumo interno les sirva de algo, pese a lo acostumbrados que están los rusos a no creerse nada que venga del Comité Central, pero las condenas de tenistas, directores de orquesta, cantantes de ópera, ajedrecistas y residentes rusos en el extranjero se suceden sin pausa. Y China se ha abstenido en el Consejo de Seguridad, lo que constituye un prometedor indicio de que el peso de la opinión pública empieza a pesar incluso en los más consolidados autócratas.  Si buscaban, como dijo Blas Piñar cuando se estrelló en las elecciones, «la soledad de los elegidos», que no se preocupen que ya la tienen. Y si finalmente se atreve la UE a expulsarlos de la comunidad SWIFT será, además, una soledad lamentablemente llena de penurias de todo tipo. Las guerras son muy caras, carísimas. Un cazabombardero actual cuesta de media entre 50 y 100 millones de dólares, y una hora de vuelo sale por 15.000, armamento aparte. Los tanques son más baratos -2.5M $-, hay más y caen como moscas víctimas de armas baratas -lanzagranadas- comparadas con el precio de lo que son capaces de destruir. Los nazis llamaban a los suyos «cuecetomys» porque para ellos todo aliado era un Tomy; sus Panzerfaust inspiraban terror a los tanquistas. La guerra va para largo y cuando llegue a la fase de guerrillas serán las armas ligeras las que más teman los pobres soldados rusos que envíen allí a matar y a morir.

Lo peor de los nazis se fue sabiendo muy poco a poco en aquel mundo en que lo más avanzado eran las líneas telegráficas y la radio. Hoy, si ocurre algo importante en un barrio de un pueblo muy pequeño llega a todo el mundo en minutos a través de las redes sociales. Eso impedirá que la reacción se demore años, como ocurrió entonces, y la barbarie de PsicoPutin será eficazmente enfrentada, detenida y aniquilada pronto, o eso debemos esperar. Costará muchas vidas, claro, pero ese es el precio a pagar por los dementes armados que aún no están o en una cárcel o en un cementerio: Putin, Lavrov y los generales rusos borrados del planeta para cuando llegue el sol de la primavera, todo lo más del verano.

¿Y ustedes? ¿Quieren algo parecido o prefieren seguir disfrutando del espectáculo?
 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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