Tensión diplomática en la triple frontera

El exterrorista Gustavo Petro azuza un conflicto militar con Perú para distraer la atención de su pésimo gobierno

El presidente colombiano lleva la conmemoración de la Batalla de Boyacá a la frontera amazónica como 'cortina de humo' para distraer a sus compatriotas de la corrupción, la crisis política y el deterioro económico del país

El exterrorista Gustavo Petro azuza un conflicto militar con Perú para distraer la atención de su pésimo gobierno
Gustavo Petro PD.

En los últimos días, la política colombiana ha estado marcada por una sorpresiva escalada diplomática entre Gustavo Petro, presidente de Colombia, y el Perú, tras la reivindicación de Petro sobre la soberanía de la isla de Santa Rosa en el río Amazonas—territorio históricamente reconocido como peruano y situado en la triple frontera entre Perú, Colombia y Brasil.

El origen de la tensión

La controversia surgió cuando Petro trasladó la conmemoración de la Batalla de Boyacá a la frontera amazónica, negando la soberanía peruana sobre la isla y desconociendo a sus autoridades legales. Estas acciones fueron interpretadas en Lima como provocaciones diplomáticas. Perú, por su parte, reiteró enfáticamente que no existe disputa limítrofe, defendiendo la legalidad y legitimidad de su posesión sobre Santa Rosa. Sin embargo, Petro, haciendo uso de un tono nacionalista, afirmó que el río Amazonas había cambiado su curso y que Perú habría “copado” territorio colombiano, violando tratados internacionales.

¿Cortina de humo?

Analistas y medios de comunicación coinciden en que la crisis fronteriza, lejos de ser una preocupación genuina, responden a una estrategia política de Petro para desviar la atención de los graves problemas internos que enfrenta su gobierno. La elección de Leticia como escenario, y no el tradicional Puente de Boyacá, se explica por la dificultad de enfrentar protestas por corrupción y gobernabilidad en el centro del país. Esto ha sido interpretado como el intento de usar el nacionalismo belicista como cortina de humo, distrayendo a la opinión pública del deterioro de la imagen presidencial y del desmoronamiento del gabinete ministerial.

“Petro está generando un falso nacionalismo con tonos belicistas, algo paradójico en un presidente que prometió paz total dentro de sus fronteras”, señala el analista Juan Falkonerth.

El gobierno de Petro atraviesa una crisis profunda:

Inestabilidad política: Más de 50 renuncias y Múltiples reestructuraciones ministeriales, incluyendo dimisiones de figuras clave como la ministra de Trabajo y la canciller Laura Sarabia, reflejando una notoria falta de cohesión.

Corrupción: Varios funcionarios y aliados del presidente, incluso familiares, han estado envueltos en escándalos por malversación y uso irregular de fondos públicos.

Gobernabilidad fragilizada: Casos de bloqueo social, protestas por reformas inconclusas y una creciente sensación de caos administrativo han mermado el liderazgo presidencial.

Crisis económica y de seguridad: La violencia en distintas regiones, el fracaso de la política de “Paz Total”, y la suspensión de diálogos con grupos armados han aumentado el malestar social.

¿Qué sigue?

Sectores sociales, la oposición y expertos en relaciones internacionales advierten que la apuesta de Petro por revitalizar el enfrentamiento diplomático con Perú pone en riesgo la estabilidad de la región. Recalcan que los conflictos territoriales deben resolverse por vías formales y técnicas, mientras alertan sobre los peligros de exacerbar tensiones innecesarias en medio de una crisis interna sin precedentes en Colombia.

En conclusión, la controversia en la frontera amazónica parece más una maniobra política para desviar la atención de Petro de sus frentes más conflictivos, especialmente ante la proximidad de un nuevo ciclo electoral y el cuestionamiento creciente a su gestión. La cortina de humo se ha convertido en el centro del debate nacional e internacional, mientras los problemas estructurales siguen sin resolución.

¿Fue Gustavo Petro un terrorista?

El actual presidente de Colombia sí perteneció en su juventud a una organización armada denominada Movimiento 19 de Abril (M-19) . El M-19 fue un grupo guerrillero urbano que en sus primeros años realizó acciones consideradas terroristas por el Estado colombiano: asaltos armados, secuestros y el famoso asalto al Palacio de Justicia en 1985, que terminó en una masacre. Es importante precisar que Petro, aunque fue miembro activo del M-19, no participó directamente en ese ataque específico ya que estaba preso en ese momento.

Tras la desmovilización del M-19 en 1990, sus integrantes firmaron la paz, se convirtió en movimiento político y Petro inició su trayectoria pública como congresista, alcalde de Bogotá y presidente. En la actualidad, los calificativos como “terrorista” se utilizan más en debates y por adversarios políticos, como lo hizo el presidente argentino Javier Milei durante una controversia diplomática reciente al referirse a Petro como «asesino terrorista».

Sin embargo, de manera factual y jurídica, el pasado guerrillero de Petro está vinculado a una organización que sí fue calificada como terrorista por el Estado colombiano en su momento, pero hoy no existe evidencia ni procesos penales que demuestren que Petro haya cometido actos de terrorismo personalmente; su actividad fue principalmente política e ideológica dentro de la M-19.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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