Hablábamos el otro día en una tertulia televisiva del día de la mujer trabajadora. La verdad es que estos temas tan manoseados me fastidian bastante, más que nada porque ya está todo dicho desde hace mucho tiempo y hay una verdad oficial que, lamentablemente, suele coincidir con lo que yo creo que es la verdad real, lo que me impide abandonar caminos muy trillados y demasiado políticamente correctos.
La primera obligación de quien escribe en público es salirse de lo políticamente correcto e inventar nuevos caminos, por lo que me molesta repetir mansamente lo que todo el mundo va diciendo y sobre todo me molesta dar la razón al poder. Digo yo que a toda persona bien nacida le tiene que fastidiar dar la razón al poder. Quizá por eso nunca he militado en partido alguno, porque si llegan al poder a ver cómo les llevas la contraria.
Me temo que es mucha verdad eso de que la mujer está discriminada en el trabajo por ser mujer y por tener la capacidad de embarazarse, que es algo que a lo mejor ya quisiera alguno. Lo de embarazarse, digo, no lo de ser discriminado, claro. Fui a añadir algo de que la discriminación no sólo podía venir por nacimientos y bebés, sino que cuántas veces alguna mujer ha renunciado a su carrera profesional por cuidar a los ancianos pero ya no me dio tiempo. A joderse y ser más ágil la próxima vez.
Alguno de mis contertulios decía que lo de las cuotas le parecía mal. A mí también, pero me siento incapaz de cuadrar el círculo de la discriminación cuyo centro es la política de cuotas. Vamos, que no me sé la solución, lo que es absolutamente intrascendente ya que gracias a Dios no estoy en el Gobierno.
La política de cuotas a calderadas que impulsa alguno de los más impresentables ministros es una chorrada que llevaría a que un puesto de trabajo se tuviese que entregar a la segunda persona mejor preparada, si el mejor preparado para ese puesto fuese del sexo … esto… ¿inapropiado? No, a ver, si fuese del sexo… mayoritario en la empresa. (En este momento resisto la fuerte tentación de escribir una digresión sobre la política de cuotas para personas de sexo… ambiguo, ambivalente o multiforme, como dice un/a amigo/a mío/a muy machote/a) Pero la verdad es que ya muchas veces no se otorga un puesto de trabajo al más preparado, sino al más barato, es decir al que no se embaraza, al que no tiene que llevar los niños al médico, al que no tiene que dejar una reunión para ir a buscarlos a la salida del colegio.
Esto Jolivuz ya lo tiene contado en muchas pelis. Ahora me viene a la cabeza una de ese actor tan guaperas y tan de moda, George Clooney, que hace de periodista de investigación que se quiere llevar al huerto a una señora de coge pan y moja que tiene un hijo, por cuya causa está a punto de perder el trabajo. El Clooney también tiene un hijo, pero no parece que su trabajo peligre, ya ve usté. Al final ella se pone a llorar delante de los jefes y no la despiden. Puro Jolivuz, ya les digo. Por cierto, no consigo acordarme del nombre de la peli ni del de la señora, ya lo siento, que estaba muy bien (la señora, no la peli).
Pero lo de las cuotas tampoco me vale, ya digo, que no sé si es peor el remedio que la enfermedad, porque corremos el riesgo de poner a señoras sólo para ocupar cuota o lo que es peor… discriminar a alguien para no discriminar a un rival que tenga la suerte de ser del sexo apropiado. Esto no es ninguna tontería, que hace años que ocurrió en Alemania, donde dos personas de distinto sexo (y complementario, diría yo) competían absolutamente empatados por un determinado puesto de trabajo. Lo absurdo de lo políticamente correcto llevó a que, sin deshacer el empate, el trabajo fue para la señora, como forma de combatir la discriminación femenina. Claro, en ese caso desapareció la discriminación femenina y pasó a ser discriminación masculina. Toma del frasco, Herr Von Hasenteufel.
Por otra parte, lo de poner a señoras por poner.. me recuerda a los que las ponen en cueros para anunciar un Citroën, por ejemplo.
POSTDATA: Señores del gobierno, menos mal que han rectificado, porque si un día mi hija me dice: “Progenitor A, dame la propina” la envuelvo en papel charol y se la envío a ustedes por correo-e para que la eduquen con cargo a los presupuestos generales del Estado. He dicho.