ADIÓS, MI GENERAL, EL INFIERNO LE ESPERA

Al respecto de la muerte de Pinochet ando sumido en un mar de confusiones, estoy viviendo una contradicción de la que no sé cómo salir. Siendo cristiano como soy, siendo para mí la vida un valor supremo además de uno de los primeros Derechos Humanos, sintiendome un profundo demócrata que quiere vivir plenamente el respeto por todos los demás y sus formas de sentir la vida…. ¿debo alegrarme de la muerte de Pinochet?
¿Puedo alegrarme de la más dolorosa y profunda desgracia que jamás puede acontecer a un ser humano? ¿Debo sentirme triste y apesadumbrado porque la vida haya entregado el relevo a la muerte? ¿Qué se debe sentir cuando muere un traidor que ha jurado en falso faltando a la fidelidad prometida? ¿Qué sentimiento debe prevalecer cuando un asesino en serie tan recalcitrante que jamás se arrepintió ni por supuesto pidió perdón por sus innumerables crímenes muere? ¿Se puede en esas condiciones sentir alegría por la muerte de un ser humano?
Creo que lo mejor es despedirle como cada uno quiera, allá la República de Chile y la que se le viene encima con las pompas fúnebres, y desear que nunca, nunca, nunca haya otro criminal que tome su puesto, rezar para que jamás nadie más crea que su voluntad está por encima de la Ley, que ningún militar encabece otro golpe de Estado, como tampoco lo haría ningún maestro ni ningún carpintero, para “solucionar” a base de asesinatos, secuestros y torturas los problemas que la convivencia trae a las sociedades humanas.
Al final el dictador se ha salido con la suya y se ha ido de este mundo, como Franco y probablemente Castro, sin rendirle cuentas a su propio pueblo, sin rendirle cuentas a los jueces. Una magna conspiración, de la que sin duda ha participado por inacción el Estado de Chile, le ha permitido irse de rositas de este mundo que él hizo tan doloroso y tan injusto.
No puedo alegrarme de la muerte de ningún ser humano, mi formación cristiana y humana me lo impiden, pero que Pinochet haya abandonado así este cruel mundo, más cruel gracias a su poderosa mano, es una injusticia dolorosa, un claro síntoma de que la Democracia no es un sistema perfecto pues no garantiza la Justicia. Hoy voy a dormir decepcionado y triste, el que causó miles de muertes, el que extendió el dolor sin preocuparse del mal que causaba se ha ido sin dar cuenta a los hombres de sus villanías. La especie humana no puede estar satisfecha cuando todavía hay madres que dan a luz alimañas de esta importancia, o de la de Franco, Castro y el impronunciable ese de Corea.
Hoy es el día de caer en la cuenta de que hay dictadores en todo el mundo, de que la Democracia es un sistema político minoritario, que los dictadores están por todos los continentes y que muchos de ellos son bien visto por la contradictoria comunidad internacional simplemente porque tienen petróleo, gas u otras materias primas. Hoy es el día de recordar que uno de ellos, el infame Teodoro Obiang Nguema ha sido recientemente recibido por el presidente del gobierno español.
Pinochet era católico, ¿cómo pudo no arrepentirse de nada? Debía ser repugnante verle recibir la comunión, debía ser repugnante ser su capellán. Adiós, mi general, el infierno le espera.

http://pedrodeh.blogspot.com

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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