Tres (significativas) anécdotas de enseñanza

Permítanme contar, como complemento a mi anterior artículoque tienen más abajo, algunas anécdotas sobre la educación que he oído contar en mi vida profesional.

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En cierto pueblo de La Mancha el notario del lugar tenía un hijo al que claramente le faltaban luces. Toda la preocupación y el interés del notario chocaban con las limitaciones intelectuales del chaval. Así, el padre, cansado un día de la poca labor que conseguía con su hijo, le cogió por la oreja y le llevo ante el maestro:

– Mire usté, señor maestro, que ya sé yo muy bien las condiciones de mi hijo, pero digo que si usted le pusiera más deberes y le hiciera trabajar más y más duro yo me ocuparía de que en casa no levantara la cabeza del libro y así entre los dos por lo menos podríamos hacer algo de él, por lo menos maestro.

– No, señor, qué cosas dice usté, qué menos que notario! –respondió el maestro.

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En cierto pueblo de Galicia dos alumnos muy buenos académicamente riñeron en la escalera de salida de la escuela. Cuando el maestro llegó apresuradamente al lugar escuchó que uno de ellos le decía al otro con gran rabia:

– Pues te jodes, cabrón, que se te ha muerto el padre.

Ante tamaña crueldad el maestro llamó a los padres del deslenguado y éstos fueron incapaces de admitir la culpa de su hijo, descargando toda la responsabilidad en el otro niño “que es el que ha empezado”. Tan imposible fue conseguir que los padres reconocieran el grave error de su hijo que le maestro los despidió diciendo:

– Señores, a mí me quedan dos meses de aguantarle, ustedes tendrán que aguantarle toda la vida.

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En un lugar de la Rioja un profesor de secundaria despedía a un matrimonio tras haber hablado con ellos de las necesidades y características de su hijo. En el último momento el padre se vuelve y le dice al profesor:

– Ah, dice mi hijo que en el comedor hay un compañero que le molesta y le pega todos los días.

Ante esto el profe va a hacer un gesto para decir, “Espérese a ver qué averiguo yo mañana y ya le contaré..”, pero el padre le detiene y le dice

– Ya sé lo que me vas a decir, que eso lo dice mi hijo pero que tú tienes otra versión, ya, ¿pero, y por qué te voy a creer a ti?

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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