Esa zarrapastrosa pedorra llamada Belén Esteban y otros personajes similares.

Me maravilla España, me maravilla que a pesar de todo sigamos siendo europeos, me maravilla que la frontera de Francia esté a sólo unas horas de coche desde mi casa y no les importe a los franceses, me maravilla que L’Arena de Verona esté a dos horas y algo de Barajas y sigamos siendo españoles. Me maravilla que Europa siga aceptándonos como colegas, me maravilla que nos consideren como iguales. Y no, esta vez no estoy hablando de política.

Me refiero a toda esa multitud de personajes siniestros, ridículos, sanchopancescos, groseros, insulsos, esperpénticos, risibles, desahogados y funestos que aparecen en esa diversidad de programas de llamados “del corazón” y que tanto éxito tienen entre amplias capas de torpes ciudadanos que dilapidan su tiempo pensando en este tropel de personajes barriobajeros. Que con los problemas que nos acucian, que con la importante actualidad política española e internacional, con lo que estos días se está jugando el mundo haya periódicos y programas de televisión que dediquen amplio espacio a satisfacer la curiosidad morbosa de marujas y marujos españoles nos define como país.

Que haya quien tenga la atención puesta en esa zarrapastrosa pedorra llamada Belén Esteban, en si se divorcia por segunda o tercera vez define el nivel sociocultural de la sociedad española, tantos lustros de decadencia de los programas escolares había de notarse en la calle. ¿Puede alguien explicarme qué diantre ha hecho semejante iletrada para atraer sobre su vida privada (¡su vida privada!) la más mínima atención de ciudadanos españoles supuestamente inteligentes y pensantes? Porque éste es el país que nos hemos construido, un país de analfabetos despreocupados que antes que pensar en sus propias miserias vuelcan todo su interés en vivir por delegación, como subarrendados, las conductas ajenas, las vidas de personajes tan merecedores del desprecio público que debería bastar nombrarlos para tener que pasarse el estropajo por la lengua.

¿Podemos saber qué pecado hemos cometido en España para “disfrutar” de la presencia de Yola Berrocal mezclada con los demás españoles como si fuera un personaje noble y meritorio? ¿Alguien sabe a qué se dedica tan enternecedora señora, aparte de exhibir públicamente sus siliconadas glándulas mamarias cada vez que tiene oportunidad para ello? ¿Alguien conoce a algún indefenso ciudadano español que haya mantenido una conversación medianamente profunda con Yolita? ¿Cuál es el oscuro motivo por el cual algunas docenas de españoles/as tienen puesta su atención sobre tan elevado personaje? ¿Hay algún motivo de interés por el cual el señor Manolo deje de hacer su crucigrama de todas las mañanas para pensar en la vida privada de semejante cebollina? ¿Es que acaso existe una razón de peso que exija a la señá María dejar de pelar patatas para el puré del mediodía al pensar en semejante zopenco y en si sale o entra, en si va o viene?

Encumbramos a los más bestias, a los más zafios, a los más chabacanos, a los más egoístas, a los más repelentes ejemplares de la especie humana como dioses del olimpo mundano del siglo XXI. No entiendo que en Francia, Italia o Portugal nos sigan considerando colegas, sigan tratándonos de igual a igual, nos reciban en las mesas internacionales. Tan extraña conducta sólo tiene una evidente explicación: No les asombra lo más mínimo, entre ellos también han anidado estas aves carroñeras, ellos también tienen este tipo de fauna asilvestrada, ellos también tienen a sus respectivos Coto Matamoros, a sus Paquirrines, a sus Borjita Thyssen, a sus Boris Izaguirre. Nos tienen rodeados, la telebasura es internacional.

Y digo yo que cuánto resistiría la Humanidad si estos personajes lideraran el mundo…

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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