Me gustaría tener hilo directo con mis lectores. Tengo un empeño especial en sacar una columna nueva casi cada noche, tarea que debo añadir a mis obligaciones familiares y profesionales. Y no siempre es fácil, a veces no depende de la actualidad, cabe suponer que hoy España está en estado de expectación y sobrarían los temas que abordar, pero sin embargo no encuentro un tema que abordar, es algo que me pasa cíclicamente y me deja indefenso ante la pantalla en blanco.
Llevo así unos días y estoy preocupado porque mañana tengo necesariamente que entregar mi trabajo para los periódicos de papel en los que escribo. Y no tengo de qué escribir, mea culpa.
Seguro que los lectores habituales, esos amigos que día tras día intervienen firmando sus post tendrían mil sugerencias que hacerme y sabría si llorar con ellos por la rabia que me da una España en la que hay señoras profundamente enfermas que escriben cartas de admiración al presunto asesino de Marta del Castillo. Hasta una pulsera le han regalado. ¿Cómo se puede admirar a este individuo? ¿No debería el Estado, tal vez aprovechando el debate celebrado ayer, ofrecer siquiatra gratis a estoas enfermas? Sería ese tema como para escribir esos post sesudos y prolongados con los que nos obsequia Llanos de Alba? ¿O simplemente nos echamos todos a llorar y cerramos el chiringuito por defunción de la conciencia pública? España…, España… ¿Esta España existe? ¿Es así España? ¿Quién la ha-hemos hecho así?
Algo de lo que siempre me apetece hablar es de la influencia que las catetas, palurdas, barriobajeras series de televisión tienen en el adoctrinamiento del pueblo español, del mismo pueblo español que adula a sus criminales matamujeres pero es capaz de pelear sumido en el barro con sendos bastones por el honor de la propia mujer. Éste es tema que le gusta seguir a Marqués y en el que casi nunca está de acuerdo conmigo. Sin embargo, señor Marqués, debería bajar usted a la calle y hablar con los adolescentes para comprobar el papel que “Sin tetas no hay paraíso”, “El internado” o “Física o Química” ejercen en los que mañana han de sustituirnos al frente de la sociedad. A esas series o al cine español lo llaman “cultura”, hay que ser zapaterilmente optimistas. Este cine es una ruina, si ustedes me permiten el oportunismo.
Porque de lo que no me apetece nada hablar es del Estado (catatónico) de la Nación, de los políticos deberíamos evitar hablar por salud mental. Personalmente no veo que tengan demasiada importancia, la sociedad española se muere por uno o por otro y les vota enfervorecida, pero la verdad es que no hay quien nos pastoree, no necesitamos a nadie para hacer el ridículo internacional. España subsistirá todavía cientos de años, si algunos no lo impiden (saludos, Patxitxo) y otros no lo consienten, pero la sociedad española hace años que dejó de existir, al menos si aplicamos aquello de “pienso luego existo”. España, apijotada, “empildorada”, desconcienciada y con la mente anulada por altas dosis de barbitúricos existe, la pregunta es si merece la pena una España que cree que todos sus problemas son económicos, sólo económicos. ¿Usted qué opina, señor Torras?
Debe ser la primavera lluviosa que me impide recibir los benéficos rayos del sol, pero estoy ligeramente deprimido. ¿Alguien puede subvencionarme un año sabático a ver si me recupero?
Finalizo preguntando a mis lectores cuántos decibelios creen que van a medir los silbidos que esta noche van a recibir esta tarde el himno y el Rey de España. ¿Ustedes creen que debe preocuparnos o que lo que importa es lo que ocurra en el césped? ¿Tiene importancia la cosa como para que mañana escriba al respecto?
(Y desde Venezuela, María Isabel, ¿cómo se ve todo esto?)