Lo del ayuntamiento de Barcelona, la Sagrada Familia y el monumento a los gays son ganas de tocar los cataplines a los católicos. Lisa y llanamente es una de las torpes consecuencias de la torpe política laicista y antirreligiosa del presidente de gobierno más torpe que hemos tenido. Zapatero, el presidente más nefasto de la reciente democracia española, pasará a la historia por su ineficacia política y económica tanto como por su nefasta política social. Él ha marcado un rumbo agresivo contra los sentimientos religiosos que sólo personas resentidas, dañinas y con mala fe pueden sentir tan profundamente.
Buena parte de España, huérfana de éxitos económicos en el gobierno que han apoyado, aplaude entusiastamente la política que en este campo ha llevado tan ruinmente el leonés de Valladolid. Así hemos recuperado nuevamente la guerra civil y a los muertos en ella, sólo a algunos, como Zapa sólo se acuerda de uno de sus abuelos, olvidando convenientemente al otro. Así se caen casualmente crucifijos de las paredes de las escuelas, así los gays adquieren una relevancia social que jamás les hubiera correspondido por su número y su actividad social. Así crece el rechazo social contra los católicos, identificándolos torticeramente con atrasados, incultos o cavernícolas. Así las televisiones del régimen convierten sus espacios populares en insultos contra Benedicto XVI o enseñan a “cocinar” un crucifijo. Al más radical de los presidentes de gobierno no le bastaba con sus soportes mediáticos habituales, la Cuatro y El País, e impulsó la aparición del radicalismo anticlerical de la Sexta y Públiko. Creyéndose modernos estos medios que sólo hablan de la Iglesia para mostrar sus defectos y errores caen en el más antañón de los anticlericalismos.

Poner un monumento a los gays en la plaza de la Sagrada Familia es más de lo mismo, consecuencia de la política impulsada desde el BOE, consecuencia de la derrota marcada desde la Moncloa, consecuencia de la agresividad de quien no tiene nada que ofrecer a su público salvo paro, recesión, congelación de pensiones y atraso de la edad de jubilación. Es carnaza echada a sus fieles seguidores para obtener de ellos una mínima sonrisa y una mirada de conmiseración ya que no de apoyo.
No sólo es una ofensa religiosa la mezcla de sentimientos tan opuestos y contradictorios en un mismo espacio, sino que seguramente cualquier monumento que se sitúe junto a la grandiosa obra de Gaudí será una afrenta al sentido estético y artístico, algo propio sólo de quienes anteponen su caspa personal al sentido común.
Eso sí, el monumento atraerá a miles de homosexuales de todo el mundo y Barcelona se convertirá en la capital del mundo gay. ¡La de millones extra que ingresarán hoteles y restaurantes! Ánimo, Hereu.
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Noticia de última hora: El Ayuntamiento ha rectificado según las últimas noticias. El monumento se levantará en otro sitio. Ahora se ha conseguido el efecto deseado: ya no se discute el objetivo final, se levantará dicho monumento casi sin polémica, ya verán.