«Rafael Mateu de Ros se largó ayer un extenso artículo en el diario El País rindiendo pleitesía a don Jesús Polanco, q.p.d., y utilizando para ello el caso Sogecable. Un escrito tan torpe como lamentable, que seguro habrá provocado espasmos de espanto al difunto en su tumba«. Jesús Cacho le saca los colores con datos del caso que acabó con la carrera de Gómez de Liaño.
Jesús Cacho analiza con Lupa en su Confidencial un artículo de opinión publicado por el diario El País este miércoles, firmado por Rafael Mateu de Ros:
«Mateu de Ros sale a hacer la ola a Polanco dos meses y pico después de muerto, cuando ni la familia ni, obviamente, el difunto, lo necesitan, y para ello se adorna con el caso Sogecable, un episodio que, me caben pocas dudas al respecto, la familia y el propio Jesús Polanco desearían borrar de su currículo si pudieran. Por vergonzoso y denigrante para la sociedad española en su conjunto, que asistió sobrecogida al espectáculo».
Analiza con ironía Cacho:
«Sugiere Mateu que en el caso Sogecable existió una mano misteriosa, un deux ex machina que movió los hilos desde la tronera para perturbar la paz del prócer y la suya propia, como arcabucero de Bankinter, y a fe que yo no participé en fenómeno paranormal alguno cuando decidí interponer la correspondiente querella, a la que luego se adhirió el añorado Jaime Campmany, director a la sazón de Época, donde un servidor contó el escándalo con pelos y señales. Sé que en la España de la corrupción son montones los que piensan que nada ni nadie se mueve si no es por motivos espurios, generalmente relacionados con don dinero, y como piezas de un gigantesco mecano movido a distancia. Ya saben, el complot. No pueden imaginar que hay españoles, millones de españoles, capaces de hacer su trabajo sin corromperse».
Y recuerda como terminó Javier Gómez de Liaño, instructor del caso Sogecable, por la instrucción del caso: «No pudo hacerlo. No le dejaron. Lo echaron incluso de la carrera judicial utilizando el brazo armado del famoso Bacigalupo«.
«Naturalmente, en el complot estaba metido hasta las cachas el Gobierno Aznar, o tal deja entrever el lince del señor Mateu, que llega a sacar a colación el hilarante episodio de la noche en que Jesús Polanco, alarmadísimo, llamó a Moncloa a punto de llanto, para alertar al Gobierno sobre Juan Luis, “que me lo meten en la cárcel, José María, que me lo meten”. Previamente quien había llamado era el Rey Juan Carlos. Por lo que sé, al juez Liaño jamás se le pasó por la cabeza meter en la cárcel a Cebrián, cosa que, en efecto, no hubiera permitido un Aznar que odiaba tanto a Polanco que terminó regalándole el monopolio de la televisión de pago».
Dice con ironía el contertulio de la Cadena COPE:
«Mateu, en fin, se larga un río de esforzadas líneas para, casi al final, llegar adonde siempre quiso llegar: a la laudatio a Polanco, “un señor amable, nada prepotente, un pasiego inteligentísimo, campechano, divertido y franco…”
Y concluye:
«Este tipo de lametazos tienen un precio. No sé cómo andará de trabajo el bufete de mi amigo Ramón y Cajal. Tendré que llamarle, pero barrunto que no muy bien. ¿Qué tal si le dais, Ignacio y Javier- Polanco-, un asunto tan mollar como el litigio que mantenéis con Mediapro donde, por cierto, no os falta razón? A lo mejor todo se reduce a eso».
