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¡Pilar Eyre cuenta la verdadera razón por la que Concha Velasco y Paco Marsó no se divorciaron!

Hace años proclamaba sin complejos que estaba arruinada

¡Pilar Eyre cuenta la verdadera razón por la que Concha Velasco y Paco Marsó no se divorciaron!
Concha Velasco YT

La periodista y pródiga escritora Pilar Eyre nos tiene acostumbrados a sus elegantes artículos repletos de sorprendentes exclusivas que nadie tenía ni esperaba, pero que ella consigue mediante sus inmejorables fuentes.

Su blog en la popular Revista Lecturas es una cita obligada con la actualidad bajo la inestimable garantía de la firma Eyre.

Nunca defrauda y en esta ocasión tampoco ha sido para menos:

Concha Velasco ha cumplido 80 años y la hemos visto en el estupendo programa de Alfonso Arús sonriente y afable como una abuelita cariñosa. Pero la gran actriz tiene su carácter. ¡Doy fe!

 

Hace años proclamaba sin complejos que estaba arruinada, y yo conté que lo que ganaba entonces en TVE, 15.025 euros, no le llegaba para pagar las deudas que le había dejado la mala gestión de Paco Marsó. “Pilar, no nos divorciamos porque no tenemos dinero para el abogado. Además, ¿qué nos vamos a repartir? ¿Las deudas?”.

 

Por publicar esta conversación que mantuvimos en maquillaje, Concha cogió un cabreo monumental y dijo de mí cosas terribles. ¡Pero no solo ella! Un día me abordó Marsó echando lumbre por los ojos: “¡Tú! ¡Contigo quería hablar! Yo seré un mal marido, ¡pero he sido siempre un buen empresario, con una gran admiración por Concha, y lo único que he querido es que brillara como se merece!¡Ha tenido todos los caprichos, desde trajes hasta decorados!”. Me contó que, para ‘La Truhana’–que fue el principio de su fin–, contrajeron una deuda de casi un millón de euros con Hacienda.

 

“El vestuario de Concha, del siglo XVII, fue fastuoso. Había bailarines, música en vivo, ¡la hostia en verso!”. Y con ‘Hello, Dolly!’ se trajo el decorado, que costó dos millones de euros, desde Italia. “Lo tuvimos que tirar casi todo porque no cabía en el escenario del teatro Calderón”. Marsó suspiraba. “Yo, a Concha, la he querido mucho y, por ella, he hecho muchas locuras”. La joven que llevaba colgada del brazo asentía a todo fervorosamente.

 

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