EN ‘THE OBJECTIVE’

Antonio Caño carga contra el ‘teatrero’ Pedro Sánchez: «No es presidente; sólo está de presidente»

El periodista disecciona el mandato de Sánchez como una sucesión de gestos y ficciones sin sustancia real

Antonio Caño carga contra el 'teatrero' Pedro Sánchez: "No es presidente; sólo está de presidente"

El periodista Antonio Caño, con la autoridad que le otorga su experiencia como exdirector de El País, publica hoy, 28 de abril de 2025, en The Objective su columna Teatro, todo es puro teatro. Desde el primer párrafo, Caño plantea se muestra contundente: el mandato de Pedro Sánchez es un ejercicio de escenografía política, donde los gestos reemplazan a los hechos y la representación se impone a la realidad. El autor no se limita a deslizar críticas veladas; despliega un análisis implacable sobre el estado actual del poder en España.

En su arranque, Caño subraya que Pedro Sánchez ha convertido su ejercicio político en una sucesión ininterrumpida de actuaciones para el público. Su columna parte del convencimiento de que la política española, bajo este Gobierno, ha derivado en una escenificación permanente, donde “la representación suplanta a la acción y la apariencia eclipsa a los resultados”. El propio titular funciona como declaración de intenciones: todo es representación, todo es simulacro.

Caño sostiene que el presidente del Gobierno ha hecho del espectáculo su principal herramienta, presentándose siempre como protagonista indiscutible de cada episodio político. La estrategia es clara: dominar el relato, acaparar el foco mediático y relegar a un segundo plano cualquier debate sustantivo sobre las políticas públicas o los resultados tangibles para los ciudadanos.

“Nunca he compartido el criterio de algunos críticos de Pedro Sánchez que, pese a rechazar su política, le atribuyen el mérito de sobreponerse a toda adversidad y ser capaz de resistir en las más difíciles circunstancias. Son los que se asombran de su genio para sacar conejos de la chistera. No es verdad. Conozco al personaje. Es un mediocre en todos los aspectos, excepto en el de la moral, en el que está por debajo del mínimo requerido a cualquier servidor público.”

Incide en que Sánchez no es un líder resiliente ni un estratega brillante, sino alguien dotado para la supervivencia política gracias a su capacidad para ignorar límites éticos y morales. Caño insiste en que este “teatro” no responde a una visión renovadora ni a una voluntad real de transformar el país; al contrario, lo considera una cortina de humo diseñada para encubrir carencias profundas.

“Como se ha ido demostrando con el tiempo, no hubo nunca una voluntad de regenerar el PSOE ni de recuperar las señas de identidad del partido ni de hacerlo más de izquierdas y mucho menos de hacerlo más democrático. Tampoco existió jamás la voluntad de acabar con la corrupción en España ni de recuperar el prestigio de sus instituciones ni de eliminar la polarización ni de profundizar la democracia y acercarla a los ciudadanos. Todo era mentira.”

La crítica se extiende al análisis del discurso político contemporáneo. Para Caño, las promesas electorales y los compromisos públicos han perdido valor bajo este modelo teatralizado:

“Por supuesto, mentía cuando juraba con quién estaba dispuesto a pactar o con quien no lo haría jamás, eran mentira los límites éticos impuestos para la acción política democrática, eran mentira las promesas de las campañas electorales y eran mentira los programas con los que el PSOE concurrió a las elecciones. Todo era mentira.”

No es solo un reproche al líder socialista; es una advertencia sobre los riesgos del populismo escénico que prioriza la imagen sobre los hechos y transforma al ciudadano en mero espectador pasivo.

En uno de los pasajes más incisivos del artículo Caño señala también cómo la última gran mentira gubernamental se encarna en personajes como Salvador Illa, mostrando que el guion sigue escribiéndose día tras día sin intención real alguna de cambiarlo:

“La última gran mentira de Sánchez viene encarnada en la figura de Salvador Illa.”

Concluye –sin necesidad expresa– con un aviso implícito al lector: mientras prevalezca este modelo teatralizado, cualquier avance real será mera ilusión óptica.

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