Ramón Pérez-Maura titula su columna en El Debate La máquina del fango.
Publicada este 18 de mayo de 2025, es una pieza donde el veterano periodista disecciona con metoculosidad quirúrgica el engranaje de la difamación y el descrédito político montado por el régimen sanchista.
Bajo esta premisa, el autor articula su reflexión en torno a la omnipresencia de lo que denomina “la máquina del fango”, una maquinaria de intoxicación mediática y personal que se ha convertido en herramienta habitual para condicionar el debate democrático y erosionar reputaciones.
Desde el inicio, Pérez-Maura expone la tesis central del texto: “la máquina del fango” no es un invento nuevo, pero sí un fenómeno que ha adquirido en los últimos tiempos una especial relevancia por su empleo sistemático y su capacidad para “convertir en sospechoso a cualquiera”.
A lo largo de la columna, subraya cómo el fango informativo se utiliza para diluir responsabilidades y sembrar dudas sobre adversarios políticos o incómodos.
“La máquina del fango es un mecanismo tan viejo como la política misma: consiste en arrojar basura sobre cualquiera que resulte incómodo para quienes manejan el poder o aspiran a él.”
“No se trata ya de demostrar nada. Basta con insinuar, con sembrar la sospecha, con conseguir que la víctima tenga que dedicar su tiempo a defenderse de acusaciones que jamás podrán ser probadas porque ni siquiera existen.”
“En España hemos visto cómo se activa ese engranaje cada vez que un caso amenaza con salpicar a los poderosos: enseguida surgen informaciones confusas, medias verdades o directamente mentiras que buscan igualar a todos por lo bajo.”
“El objetivo nunca es esclarecer los hechos ni depurar responsabilidades. Es embarrarlo todo, hasta que resulte imposible distinguir lo cierto de lo falso y el ciudadano medio decida mirar para otro lado, hastiado.”
“Esta táctica no es patrimonio exclusivo de ningún partido o ideología. Lo utiliza quien puede y cuando le conviene. Por eso resulta tan eficaz: porque nadie está libre de verse algún día bajo la lluvia de fango.”
“Mientras no exijamos pruebas y no castiguemos socialmente al calumniador, la máquina seguirá funcionando a pleno rendimiento. Y los inocentes seguirán pagando el precio.”
En estos pasajes directos y sin ambages, el autor construye un relato demoledor sobre el estado actual del debate público en España, caracterizado —en su opinión— por la facilidad con la que las sospechas sustituyen a los hechos y la reputación se convierte en moneda de cambio política.
El texto mantiene un tono sobrio, evitando valoraciones personales sobre los protagonistas concretos o sobre sí mismo como columnista, centrando toda su fuerza expresiva en la reproducción literal de las estrategias y consecuencias del fenómeno analizado.
Así se plasma también en otros fragmentos:
“Los medios de comunicación juegan aquí un papel decisivo: pueden contribuir a desmontar las campañas de difamación o pueden convertirse en correa de transmisión del fango”.
Remacha Pérez-Maura con una reflexión sobre las consecuencias sociales de este fenómeno:
“Lo más grave es que este clima termina por desalentar a los mejores: ¿quién querrá exponerse a servir al interés público si sabe que cualquier error —real o inventado— puede destruirle?”
