Este lunes, 23 de junio de 2025, la visita de Su Alteza Real la princesa doña Leonor a Ceuta durante su formación militar ha encendido a los medios de comunicación marroquíes. Aunque la escala formaba parte del adiestramiento rutinario de la Heredera al Trono Español a bordo de la fragata Blas de Lezo, las reacciones mediáticas al otro lado de la frontera han sido viscerales, mostrando hasta qué punto estos gestos institucionales pueden ser interpretados como mensajes políticos en un contexto de tensiones históricas.
Un viaje militar, una gran expectación
La presencia de doña Leonor en Ceuta responde estrictamente a su formación castrense. El sábado 21, desembarcó junto a sus compañeros guardiamarinas para participar en el tradicional Sábado Legionario en el acuartelamiento García Aldave, donde rindió homenaje a los caídos y compartió actividades con personal militar y civil. La visita fue discreta, sin agenda pública ni cobertura mediática abierta, aunque se celebró un encuentro reservado con el presidente ceutí Juan Jesús Vivas.
La escala es parte del itinerario formativo de la princesa en la Armada Española. Doña Leonor se ha embarcado previamente en maniobras navales con fuego real y operaciones conjuntas internacionales en el Atlántico y Mediterráneo, todo ello orientado a completar su instrucción antes de pasar al Ejército del Aire.
Lectura política desde Rabat: “Una provocación simbólica”
Pese a la naturaleza técnica y privada del viaje, la prensa marroquí próxima al régimen de Mohamed VI ha reaccionado con acritud. Varios periodistas han interpretado la visita como un gesto calculado para reafirmar la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, dos enclaves cuya españolidad Marruecos nunca ha reconocido oficialmente, pese a que estos enclaves son de nacionalidad española desde el siglo XVI mientras que Marruecos existe como Estado sólo desde 1956. Los titulares hablan abiertamente de “provocación”, algunos con tono irónico subrayando que España reivindica “con sonrisas” lo que consideran territorio ocupado.
Periodistas marroquíes han subrayado que estos gestos no pasan desapercibidos: “Cada paso institucional español en Ceuta o Melilla es observado como un recordatorio constante del diferendo territorial”, se ha leído estos días en algunos editoriales digitales próximos al gobierno de Rabat.
Antecedentes: visitas reales y tensiones
No es la primera vez que un viaje real a Ceuta genera revuelo diplomático. En 2007, Sus Majestades los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía visitaron las ciudades autónomas desatando una crisis bilateral; Marruecos llamó entonces a consultas a su embajador. Desde entonces, ningún miembro relevante de la Casa Real había pisado oficialmente Ceuta o Melilla, lo que convierte esta escala militar de Leonor —aunque sin carácter oficial— en un hecho significativo.
La diferencia ahora está en el tono: mientras entonces hubo protesta formal por vía diplomática, esta vez las críticas han sido canalizadas principalmente por los medios y propagandistas afines al régimen.
La respuesta española: discreción institucional
En el lado español se ha insistido en el carácter estrictamente militar y privado del viaje. Tanto desde Casa Real como desde Defensa se ha mantenido una agenda reservada y sin exposición pública. La actitud institucional busca evitar alimentar polémicas o convertir un acto castrense formativo en una cuestión diplomática.
Para Ceuta, sin embargo, la visita ha tenido una profunda carga emocional. Las autoridades locales han calificado el momento como “histórico” y han celebrado el respaldo simbólico que supone para una ciudad donde los gestos del Estado se viven como una garantía frente a las incertidumbres geopolíticas.
El contexto internacional: maniobras militares y OTAN
Conviene recordar que esta parada es parte del despliegue del Grupo de Combate Expedicionario Dédalo 25-2, integrado tanto por la fragata Blas de Lezo como por el portaaeronaves Juan Carlos I. El objetivo último es reforzar compromisos internacionales dentro de las operaciones conjuntas OTAN y mejorar interoperabilidad con otras armadas aliadas. En este marco, la presencia de doña Leonor es idéntica a la del resto de guardiamarinas: formación bajo condiciones reales, lejos del boato institucional.
¿Hacia dónde evoluciona este desencuentro?
A corto plazo, no se prevé una crisis diplomática abierta: Marruecos parece haber optado por canalizar su malestar mediante presión mediática antes que recurrir a protestas formales. Sin embargo, este episodio revela hasta qué punto cualquier gesto institucional español vinculado a Ceuta o Melilla puede ser magnificado e instrumentalizado por el discurso oficialista marroquí.
Es previsible que futuras visitas o actos institucionales —por parte de miembros destacados del Estado— sigan siendo leídos bajo el prisma del contencioso territorial. En paralelo, España apuesta por mantener un perfil bajo pero sin renunciar a las escalas formativas o visitas oficiales cuando lo requiera el calendario institucional.
Un símbolo más allá del protocolo
Más allá del ruido mediático y diplomático, lo cierto es que esta breve escala refuerza el vínculo entre las instituciones españolas y las ciudades autónomas. Para muchos ceutíes —y también para quienes siguen con atención los equilibrios geopolíticos— ver marchar a doña Leonor junto al resto de jóvenes militares por las calles ceutíes fue mucho más que un simple trámite formativo.
En palabras escuchadas estos días entre veteranos locales: “Cada gesto cuenta. Y cada visita deja huella”. De fondo queda la evidencia: Ceuta sigue siendo mucho más que un enclave estratégico; es también un símbolo vivo sobre el que se proyectan identidades, disputas históricas y emociones colectivas.
