EL REPASO

Alfonso Rojo: «¿Es mejor o peor el mundo con Maduro preso y con el ayatolá Jamenei en el infierno?»

La pregunta es retórica y su único objetivo es enfatizar el mensaje.

¿Es peor el mundo con el chavista Maduro en una cárcel de Nueva York y el ayatolá Jamenei hecho fosfatina?

¿Es malo para los venezolanos que Trump le haya quitado de encima al torturador que gestiona El Helicoide?

¿Es perjudicial para los iraníes que el presidente de EE.UU., ayudado por Israel, haya borrado de la faz de la tierra al fanático islámico que hace poco más de un mes mató a 40.000 manifestantes, que se habían echado a la calle a protestar contra el velo, la represión y la ignominia?

La respuesta a todo eso es obvia: ¡NO!

Y entonces, ¿por qué coño el amoral Pedro Sánchez, su cuadrilla de maleantes y los chupapollas de la Brunete Pedrete, encabezados en esta ocasión por El País, etiquetan como ignominiosa la ‘Operación Rugido del León’ y se lamentan del «fracaso del orden mundial basado en reglas”?

Seguro que quienes sean de mi generación se acuerdan perfectamente de lo que era el ‘Derecho de Ingerencia’.

Acuñó el concepto el francés Kouchner, fundador de Médicos sin Fronteras, espantado por carnicerías como la de Biafra, y les vino como anillo al dedo a Alemania y los occidentales para dejar a Serbia como una era, alegando que vulneraba derechos humanos en la provincia de Kosovo.

Era secretario general de la OTAN el socialista Javier Solana, quien aplaudió como una foca durante los 78 días en que se bombardeó el país balcánico. Ni una queja por los puentes destruidos del Danubio, ni una protesta por los 17 empleados hechos picadillo en el edificio de la televisión, ni una protesta callejera.

Hoy en Irán, como hace dos meses en Venezuela, nos enfrentamos como ciudadanos de países democráticos a un dilema que trasciende lo bélico para adentrarse en la justicia y en la obligación moral de actuar contra la tiranía.

No ha habido un crimen en Teherán, sino una actuación militar magistral para acabar con un tirano y derrocar a un régimen abyecto.

La desvergüenza, la iniquidad, la desfachatez es la del marido de Begoña, la de Zapatero y sus compadres socialistas, que llevan años haciéndose millonarios a la sombra de los déspotas y que hoy agitan histéricos el principio de soberanía nacional y la prohibición del uso de la fuerza recogida en la Carta de las Naciones Unidas.

¡Basta ya!

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