Es un genio a la hora de manejar la ironía.
Alfonso Ussía dedica este 14 de agosto de 2024 su columna en ‘El Debate‘ a hablar de las vacaciones de la familia de Pedro Sánchez pero, a la par, deja caer cuáles son las oscuras intenciones del inquilino de La Moncloa, la de perpetuarse por métodos chavistas en el poder.
Para el escritor y periodista es automático que a cada escándalo que estalla en el entorno de Sánchez, este coja un periodo de reflexión o vacacional:
Siempre que él o ella protagonizan un escándalo, desaparecen y se van de vacaciones. En la presente ocasión, han elegido unas vacaciones de contraste. Una semana en Islandia y dos semanitas en Lanzarote.
Es probable que el afanoso matrimonio haya llevado a sus hijas al hogar de Papá Noel en Groenlandia, porque la familia Sánchez es más del gordo de los renos que de los Reyes Magos. Me figuro que ella y él le habrán facilitado un mapa de La Moncloa para que no se equivoque de chimenea la noche del 24 de diciembre, porque las niñas llevan años sin recibir ni un regalo, a pesar de lo que ha ganado su madre en los últimos tiempos. Papá Noel les prometió más precisión en la próxima Navidad.

Por supuesto, los desplazamientos y la estancia de Sánchez y familia, a todo trapo:
El feliz matrimonio y las niñas retornaron a Islandia, y de ahí volaron a Madrid, donde un avión Falcon, con su jamoncito del bueno preparado, su bar abierto y sus humildes comodidades, transportó a la familia imperial hasta Lanzarote, donde La Mareta les aguardaba para ofrecerles el descanso merecido. Del norte al sur, de Papa Noel a los cayucos, que –¡oh, casualidades!–, ninguno alcanza la costa por La Mareta, porque a las niñas les da mucho susto el cayucaje musulmán.
Deja caer cuál es el sueño húmedo del inquilino de La Moncloa:
Vacaciones sencillas, amables y de contrastes. –Papá, queremos vivir siempre como vivimos ahora–; –en eso estamos, hijas mías, en eso estamos. Si nos salen bien a Mamá y a mí algunas cositas pendientes, siempre viviremos así. Sólo nos falta el golpecito de Estado, contar los votos como en Venezuela, y a vivir, que son dos días. Eso sí, dos días estupendos–; –gracias, Papi, gracias, Mami–.
Por supuesto, dice Ussía, el presidente no se irá a destinos de clase media:
Nada de Miami, las Seychelles, o Cancún, destinos de clase media. Santo Domingo sí, porque el chalé está muy avanzado y ya les han instalado el mueble-bar, el gimnasio, y la discoteca para las fiestas. No repetirán Islandia. Demasiado volcánica. Le abruman los malos recuerdos de La Palma, donde los palmeños siguen esperando que les construyan las casas que se tragó la lava del volcán, y que él prometió reponerlas con una generosidad verbal inigualable. Si falla La Mareta, o el chalé dominicano, siempre les quedará Doñana, y si la Marismilla está en obras de adaptación imperial, los Quintos de Mora. Todo, muy de clase trabajadora, que es la suya, para evitar comentarios de mal gusto, como el presente.

