Los espacios de opinión de la prensa de papel española ofrecen el 2 de julio de 2013 una entretenida macedonia de temas tratados. Encontramos en esta jornada desde un análisis político-moral del ‘talent show’ de moda en TVE hasta un artículo referido a las juventudes de los partidos políticos, pasando por la intervención del ‘castizo’ Ramoncín en el concierto independentista y la actitud del Partido Popular ante el caso Bárcenas. Nos quedamos, eso sí, en los diarios madrileños. Los opinares de los periódicos de la Ciudad Condal andan muy sosos este día.
Arrancamos con el crítico televisivo de El País que escribe sobre cualquier tema menos sobre televisión. David Trueba publica Podrido. Arranca con una análisis que se nos hace, como poco, sorprendente:
Uno de los problemas básicos de vivir a través de los medios tiene que ver con las simpatías y antipatías, porque tiñen nuestra valoración e implicación en cualquier asunto. La gran magia de la política reaccionaria es que ha logrado que ante cualquier persona que haga un comentario solidario, una crítica de comportamiento social o un guiño a alguna medida progresista, automáticamente activemos nuestra sospecha contra él.
Debe de ser que Trueba y este humilde lector de columnas vivimos en países, o incluso universos diferentes. Si hay algo políticamente correcto en la actualidad es la defensa de lo que el de El País llama «alguna medida progresista». Que no te parece bien que se repartan becas a malos estudiantes, pues te acusan que clasista, insolidario y cosas peores. Que no celebras las mareas verdes, blancas y de cualquier color como movimientos nobles que buscan el bien social, eres poco menos que demonio. Que crees, defiendes y celebras la solidaridad privada y voluntaria, que es la única real, frente a la coercitiva impuesta desde la Admisnistración mediante la redistribución forzosa, ya eres el mismísimo demonio. Pero claro, eso es en nuestro universo. En el de Trueba debe de ocurrir lo contrario.
El resto de su artículo resulta, sin embargo, muy interesante y en gran medida acertado. De hecho, es la negación de su arranque:
El cierre del restaurante de Sergi Arola por sus deudas con Hacienda ha desatado la simpatía y la antipatía de manera automática (…) Claro, a todos nos da igual lo que le pase a un restaurante caro y las dos estrellas Michelin, puestos a malas, son más que nada un agravio. Nos encanta ver perder a los demás, como si fuera un espejismo de nuestro triunfo, cuando es exactamente lo contrario, una ampliación de nuestra derrota particular.
Concluye:
Nuestros gobernantes son unos vagos, que no han encontrado otra solución a las cuentas que hacer que paguen más los que ya eran los únicos que pagaban. Y la consecuencia es demoledora, cierres de pequeñas empresas a mansalva, paro y ausencia de estímulo para la creación de empleo y proyectos de futuro. No sé si este caso concreto es tan ejemplar como quieren que sea, pero el tufo nacional es espantoso. Se nos está pudriendo el mejor producto sin poderlo sacar a la mesa.
Amén.
Pasamos ahora a ABC, donde David Gistau titula en un divertido ‘catañol’ Rey del pollo a l’ast.
Ramoncín ha decidido no resignarse a los pocos estímulos que hay en la voluntad de ser España. A este lado no existe ni un espacio emocional en el que juntarse a prender mecheros durante un concierto.
Continúa:
Pero a Ramoncín le queda una brasita interior que ha puesto a disposición de otro Shangri-La nacionalista, al que se ha marchado a ofrecer auxilio como Sting a los indígenas de la deforestación amazónica.
Ése fue el gran error de Ramoncín, por el que lo abuchearon en el campo del Barcelona.
Lo cuenta con gracia:
En su saludo, como si no recordara qué sermón redentor le tocaba esta semana, mezcló Cataluña con Palestina, como un nuevo Bartolomé de las Casas que se propusiera encontrar el alma de unos buenos salvajes oprimidos por los españoles. Y la raíz burguesa del nacionalismo catalán lo chifló con ganas. Una cosa es pedir libertad, y otra muy distinta pasar por pobres. Luego aludió a la república española, y entonces sí que fue evidente que a Ramoncín le había hecho cortocircuito la gramola de los motivos de compromiso. Por poco no acabó dando vivas al Tibet libre y al subcomandante Marcos.
Concluye:
A Ramoncín le ocurre con la militancia independentista lo que a los nuevos fichajes del Barcelona: necesita un tiempo de adaptación para integrarse en los automatismos del juego. Dice que anhela instalarse en la capital de una Cataluña independiente. Su elección de causa le impondrá por tanto un cambio horario menos abrupto que el de Willy Toledo.
Bajo el título de La enredadera, Ignacio Camacho escribe también en ABC sobre la sucesión el el PSOE andaluz y el papel de las juventudes de los partidos políticos.
Se equivoca Pepote Borbolla, el expresidente socialista andaluz, cuando dice que en las Juventudes del partido sólo se aprende a conspirar. También se aprende a insultar y descalificar al adversario como él mismo habrá advertido tras sus críticas, si bien es cierto que en el empeño de ponerlo a escurrir no han faltado veteranos y veteranas con el mismo entusiasmo que los jóvenes. Las organizaciones juveniles se han convertido en viveros de ‘aparatchiks’ donde los aspirantes a la nomenclatura del poder sustituyen su formación académica por una FP especializada en sectarismo.
Esta introducción viene a cuento de la aspirante a sustituir a Griñán:
Ése es, básicamente, el currículum de Susana Díaz, becaria tan aplicada de la escuela de intrigas que acabó la carrera de Derecho cuando algunos de sus compañeros de Facultad ya eran jueces o notarios. No tenía tiempo la criatura para los estudios, ocupada como estaba en escalar por la enredadera del poder y cursar en las entrañas de la organización un máster en gestión ejecutora, que no ejecutiva.
Concluye:
La irrupción en liza de Luis Planas, un político maduro, con formación académica y experiencia diplomática, podría representar un relámpago de resistencia a los ‘jóvenes turcos’ y un puente con lo que queda en el PSOE andaluz de la tradición socialdemócrata ‘veterotestamentaria’. Es de temer sin embargo que la candidatura del actual consejero griñanista sea tan sólo una maniobra de legitimación del dedazo encubierto en unas primarias-exprés convocadas para entronizar a Díaz a matacaballo. Será difícil que reúna los avales y más difícil que logre los votos a menos que los desarticulados críticos tardochavistas lo respalden en un ataque de pragmatismo. Por comparación, Planas es un político ilustrado frente a este emergente susanismo que representa -ojo a la experiencia piloto- el encumbramiento de la nada. Pero una nada repleta de ambiciones.
La columna de Pedro G. Cuartango, subdirector de El Mundo, sale de su espacio habitual en la sección de Opinión para pasar, suponemos que por un día, a las de televisión. En Sade resucita en TVE escribe en términos muy duros sobre el último ‘talent show’ culinario que se ha convertido en uno de los programas estrella de la televisión estatal.
Había oído hablar mucho del programa MasterChef que emite TVE con un gran éxito de audiencia. Hace unas días, me senté junto a mi hija pequeña para verlo por pura curiosidad. Y el resultado es que me quedé perplejo. No podía dar crédito a lo que sucedía ante mis ojos.
Y lo que veía era cómo dos señores y una señora maltrataban a unos cocineros que se esmeraban en tener sus platos a punto y luego eran humillados sin miramiento alguno.
Añade:
La moraleja que subyace en MasterChef es que para progresar en la vida hay que sufrir y aguantar las humillaciones de quien tiene el poder. Vale más congraciarse con el que manda que hacer bien las cosas.
Esta filosofía enraíza muy bien con la tradición autoritaria de nuestro país y con los tiempos de la Inquisición, en la que cualquier intento de defenderse de acusaciones arbitrarias era un agravante para la condena que ya estaba dictada de antemano.
Concluye:
Insisto en que el mensaje de MasterChef es muy aleccionador en estos tiempos de crisis: hay que joderse para poder sobrevivir. Pero se me ocurre una sugerencia para los concursantes: en lugar se someterse con una actitud masoquista al veredicto de estos tiranos, que les tiren el pato a la naranja a la cara. Yo me daría ese inmenso gustazo.
Este humilde lector de columnas no ha visto el programa en cuestión. De hecho, no pretende verlo ni tan sólo para confirmar o desmentir la opinión de Cuartango. Quien esto escribe es en líneas generales poco amigo de esos ‘talent shows’ donde aspirantes a cantantes de éxito, cocineros, bailarines o lo que sea se desviven por agradar a un jurado donde nunca falta un personaje, o varios, que se caracteriza por su crueldad y su malas formas.
Sin salir del diario de Unidad Editorial, encontramos la columna ‘Streaptease’ de Antonio Lucas, dedicada a la secretaria general del PP:
En una de esas apariciones de fin de semana que hacen los grupos políticos al estilo Barrio Sésamo, María Dolores de Cospedal buscó furiosamente el titular defendiendo a su partido como el que más «esfuerzo de estreptease» ha hecho en los últimos años. Aunque no aclaró para qué. Hay conceptos que lanzados así, a bulto y sin gracia, generan de inmediato visiones absurdas que delatan el perfil de quien las dice y a la vez dibujan su caricatura. A la señora Cospedal uno la asocia más a la mantilla que al despelote, según mi fondo de hemeroteca.
Añade:
No necesitamos políticos dispuestos a quitarse los gayumbos, sino políticos a los que no haya que pedirles que se vacíen los bolsillos en la entrada de un juzgado. No sé si me explico. Que Bárcenas esté en el trullo (donde anda templando su orfeón de papeles chungos para la ópera que vendrá) no es mérito de la claridad del PP, sino el resultado de la apabullante opacidad de un partido cuestionado ya a cualquier nivel y al que sólo le queda el ¡sálvese quien pueda! como mito.
Concluye:
El inconveniente que le veo a la declaración de la señora Cospedal es que no queda claro si con lo del streaptease quiere reivindicar el desnudo o defender el destape. Son cosas distintas. El desnudo es dejarse examinar con libertad, mientras que el destape es fingirse natural con cierta represión (y mucha vulgaridad). Yo veo al PP más en lo segundo, pero será por mi prejuicio natural y mi demagogia de serie. Respecto al tema de la transparencia lo hablamos cuando gustes, cari.
Cerramos este ‘Afilando columnas’ en el periódico de la ‘disciPPlina’. Ely del Valle publica en La Razón Serlo y parecerlo, sobre la actitud del Partido Popular ante el caso de su ex tesorero:
Bárcenas está entre rejas y, en contra de lo que algunos pudieran pensar, eso es bueno. El efecto de un (presunto, siempre presunto) chorizo paseándose por la calle como si el hecho de haber estado a nómina del partido que ahora gobierna fuese una garantía de impunidad, no le estaba haciendo ningún favor al PP que, a cuenta de este (supuesto, siempre supuesto) pájaro, lleva unos cuantos meses de agonía y lo que te contaré, morena.
Añade:
La cúpula del PP está todo lo tranquila que puede estar en las actuales circunstancias. La primera reunión del Comité Ejecutivo Nacional que se ha celebrado tras la entrada de Bárcenas en prisión ha demostrado que los líderes populares están dispuestos a hacer piña ante lo que no dejan de denunciar como un (posible, siempre posible) delito atribuible a un individuo y no al grueso del partido. Afirman que están dispuestos a contribuir con todos sus medios a que esto se aclare cuanto antes, como no puede ser de otro modo.
Hay que leer bien este artículo, puesto que si se hace rápido da la impresión de que los líderes populares han «hecho piña» en su denuncia durante la citada reunión. Pero claro, la columnista no debe de querer decir eso, puesto que en dicho encuentro parece ser que nadie osó abrir la boca sobre ese tema. Más bien, por lo que sabemos, reinó la ley del silencio. Suponemos que para no incomodar a Mariano Rajoy.
Concluye:
Ahora lo imprescindible es que esa voluntad se visualice de una manera que no deje ni el más mínimo resquicio a la duda, más que nada porque en los partidos ocurre lo mismo que con la manida mujer del César, a la que nunca le bastó con serlo mientras no lo pareciese.
El problema es que resulta muy probable que en la cúpula del PP (y, no nos equivoquemos, en la de los otros grandes partidos) hay algunos que no puedan parecer honrados por el simple hecho de no serlo. No estaría de más que Rajoy estuviera dispuesto a depurar su partido «caiga quien caiga», como dijo su secretaria general. Sería una novedad, algo nunca visto en la política española durante las últimas décadas.
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