OPINIÓN / Afilando columnas

Millás (El País): «La diferencia, de momento, entre Carpanta y Rajoy estriba en que aquel era un personaje de tebeo y este es un señor de verdad»

Luis Ventoso corrige en ABC al papa Francisco: "No está del todo claro que fuese el mejor ministro de Economía"

Narváez (LA RAzón): "El espíritu de Amy Martin, la progresista de la Fundacion Ideas, habita entre nosotros desde que el tiempo inventó el reloj"

Comparaciones del presidente del Gobierno con un antaño muy popular personaje de tebeo, unas lecciones básicas de Economía como respuesta a un líder espiritual cuya inefabilidad no alcanza dicha ciencia social, pasiones republicanas y urnas frente a leyes…. Estos son algunos de los asuntos que nos encontramos en los espacios de opinión del 14 de marzo de 2014. Por supuesto, no falta quien escribe de la ex ministra que soñó con ver a Esperanza Aguirre colgada de la catenaria ahora señalada como el cerebro que diseñó toda la estructura del fraude de los ERE falsos andaluces. De todo ello daremos cuenta, como cada día, tras hacer sonar nuestra armónica de afilador.

Los diarios catalanes están muy aburridos en esta ocasión, así que no saldremos de Madrid. Arrancamos en la contraportada de El País, que titula Mal asunto donde Juan José Millás sostiene que Rajoy «nos recuerda» –¿a quiénes? ¿es un plural mayestático o realmente cree que el resto de los españoles piensan igual que él?– a Carpanta, aquel popular personaje de Escobar pobre de solemnidad que vivía soñando tener un pollo que llevarse a la boca.

Uno no acaba de entender la afectación con la que Rajoy sube a la tribuna, quitándose de las solapas los restos inexistentes de un banquete irreal, y se dirige a nosotros, a usted y a mí, tratando de convencernos de que el pollo asado que el pobre tiene instalado en su cabeza es un pollo real. La diferencia, de momento, entre Carpanta y Rajoy estriba en que aquel era un personaje de tebeo y este es un señor de verdad que, para mayor complicación, gobierna un país en el que la angustia individual y colectiva comienza a alcanzar límites insoportables.

Concluye:

Rajoy, por su edad, tuvo que conocer bien a Carpanta. De hecho, debió de influirle mucho el personaje, pues nos lo recuerda con frecuencia en sus actitudes formales, en su lenguaje, en su parsimonia. Mal asunto, que la actualidad nos retrotraiga a una historieta de posguerra.

Bueno, como gracia no esta mal. Pero a este humilde lector de columnas la comparación le parece cuando menos forzada. Y si de lo que se trata es de intentar convencernos de que los españoles estamos como en los primeros años del franquismo, con un país devastado y bajo una férrea dictadura, no es la mejor vía para convencernos. Claro que es que esa idea es totalmente insostenible.

Pasamos ahora a ABC. En el periódico católico por excelencia, encontramos a un Luis Ventoso que osa corregir al papa Francisco. Lo hace con un título sacado del Nuevo Testamento: Al César lo que es del César.

Arranca, sin citar al autor, con citas contra la libertad del mercado y el consumismo, además de una en la que se equipara al robo el no compartir la propiedad de cada uno. No nos referimos a Bakunin. Ventoso hace, por el contrario, una firme defensa de la economía libre y la propiedad, así como de lo positivo que es consumir. Y lo explica de forma clara:

La propiedad, el legítimo afán de mejorar, el deseo humano de poseer bienes y garantizar un buen futuro a la progenie, son acicates legítimos y palancas que propician el bienestar humano (cuando no ha existido ese aliciente, en los regímenes comunistas, el resultado fue la miseria colectiva y hasta eliminación de las libertades personales). Por último, hablar del «consumismo» como si fuese un peligroso virus constituye un celebrado lugar común (era, por ejemplo, la salmodia recurrente del Nobel comunista José Saramago). Pero se suele olvidar que lo que gasta uno es el ingreso de otro. Cuando se condena al consumismo desde la superioridad moral, se olvida que si no le comprásemos vestidos a Zara, no existirían Zara y todos los millares de empleos que crea. Y si Ortega no hubiese tenido la oportunidad de competir en el nefando libre mercado y hacerse multimillonario, hoy mi ciudad natal, La Coruña, sería un lugar mortecino, sin el feliz movimiento económico que la anima.

Termina elogiando al papa Francisco, el autor de las citas contrarias a la libertad económica y la propiedad privada, en lo que no se refiere a asuntos de esta materia. Pero, concluye con una crítica:

Pero no está del todo claro que fuese el mejor ministro de Economía.

Tiene toda la razón Ventoso. Si algo ha hecho prosperar a la humanidad eso ha sido la libertad en todos los terrenos, incluyendo el económico, y la propiedad privada. Cuanto más se aleja de la defensa de esos valores e instituciones una sociedad, más mísera es. Si alguien lo duda, que visite la Cuba de verdad, no la que se muestra a los turistas, o Venezuela. O, mejor aún, que compare la muy capitalista y muy próspera Corea del Sur con la extremadamente comunista y extremadamente mísera Corea del Norte.

Seguimos en el diario madrileño de Vocento, donde David Gistau dedica Espacio exterior al independentismo y el republicanismo catalán.

Durante la jornada de ayer, en sedes parlamentarias diferentes, el nacionalismo catalán tomó como rehenes dos conceptos poderosamente fotogénicos: urnas y república. Lo que ni Mas en el parque de la Ciudadela ni Tardá en la carrera de San Jerónimo invocarán jamás es la ley.

Vayamos a la referencia a la república por parte de Tardá, algo que nos da especial morbo puesto que Gistau no destaca por su pasión monárquica:

La jugada de Tardá tiene sentido. Basta repasar las últimas décadas de historia para comprender que en la izquierda aún anida un prejuicio residual que atribuye a la palabra España espantosas taras ideológicas de las que está limpio el ideal republicano. Abrazar la república es como expiar la culpa de ser España. Esa sanación es la que Tardá propone, para cuando llegue el momento, a la izquierda supuestamente nacional.

Digamos que, simplemente, tiene bastante razón el columnista de ABC.

En La Razón, Pedro Narváez titula Los pisitos de Maleni y arranca haciéndose eco de la noticia del descubrimiento de que Blasco Ibáñez plagió a Cervantes. Añade, con gracia:

No es el primero ni será el último. El espíritu de Amy Martin, la progresista de la Fundacion Ideas, habita entre nosotros desde que el tiempo inventó el reloj.

Después pasa al asunto que le interesa:

Maleni, ni partía ni doblá, ha plagiado de sus ancestros andaluces la manera de comprar voluntades a costa de los riñones de todos. A los de por allí les han ido quitando un trocito de órgano de generación en generación, como quería hacer de una tacada el rico libanés que se vino a España a expropiar el hígado de un rumano. También ha copiado la querencia española de estar al borde del precipicio judicial con esa bancada de imputados que dan para una cadena humana que podrían alquilarse a Mas puestos a tratar con individuos al margen de la Ley.

Parece que Narváez no se es de la opinión de Fernando Ónega, que sostiene que si Magdalena Álvarez fue la que montó todo el sistema de los ERE fraudulentos lo haría seguramente con «la mejor intención» —Fernando Ónega: «Quizá Magdalena Álvarez montó el sistema de los ERE con la mejor intención»–. En realidad, tampoco el afilador de columnas ve buena intención por ningún lado, a no ser que se considere como tal poner todos los medios para asegurar el choriceo de unos cuantos caraduras del PSOE, UGT y amigos varios.

Volvemos al asunto de Cataluña sin salir del periódico de la ‘disciplina’. Alfonso Merlos habla en su título de Gigantes y molinos. Tras atacar con dureza los informes de las «plataformas anexas al amigo Artur Mas» sobre la independencia, dice:

Llevamos demasiado tiempo diciendo aquello del «¡ya está bien!». Pero es la pura realidad. Se está perdiendo un tiempo y una energía de inconmensurable valor para salir de la crisis en disparar fuegos de artificio. De eso no tiene la culpa Rajoy. Ni Montoro.

No vamos a negar la responsabilidad de un Artur Mas en la pésima situación económica de Cataluña, mientras que se dedica a dilapidar el dinero público en sus planes y la difusión del independentismo, subvenciones de todo tipo y una hipertrofiada corporación de medios públicos incluidos. Pero de ahí a exonerar al registrador de la propiedad que creíamos metido a Gobernante y al ministro que gusta de sacarnos la sangre a los ciudadanos va un trecho. La sonrisa más blanca de los informativos de 13Tv es leal al Gobierno, lo cual es legítimo, pero la lealtad no debería estar reñida con cierto espíritu crítico.

Concluye:

En Cataluña recae claramente la responsabilidad en los tarambanas y demás monaguillos del separatismo que, generosamente subvencionados, sueñan con estar en una isla. Estos pobres diablos o simples ignorantes desconocen que, precisamente las leyes y el sentido común, les van a separar del hoyo y de la ruina. Lo vemos.

Pasamos a El Mundo, donde Manuel Jabois comenta con guasa que ya hayan puesto fecha al referéndum independentista. Titula Con urnas y sin votantes:

Poco a poco la Generalitat va dando detalles de la consulta soberanista: ayer adelantó que va a haber urnas. No se veía tanto suspense desde que Mari Cielo Pajares escribió Memorias de una puta y se lo colocaron en sección biografías (y fue hace una semana).

Se pregunta:

¿Hay votantes? Sólo de un lado. Esto puede acabar siendo como las consultas telefónicas sobre la calidad de los colchones; que de repente unos se entusiasman y dicen su parecer y otros, francamente, cuelgan nada más escuchar que alguien les trata de usted. La democracia, si te despierta o te saca de casa más de un domingo al año, o te empieza a preguntar cosas en aras de la voluntad de la mayoría, es una pesadez, sobre todo si sabes que eso no vale. O como se empieza a decir en los bares: no es vinculante. Hay una gente que tiene muchas ganas de votar que sí y otra, francamente, que tiene muchas ganas de no votar. El riesgo para Mas no es perder, sino ganar con el 100%. El riesgo que corre, en realidad, es que se la dejen hacer.

Lo cierto es que un referéndum, o consulta no vinculante o como quieran llamarlo, con un resultado así queda poco creíble, pero ya hemos visto que al independentismo catalán en demasiadas ocasiones la credibilidad, o incluso la realidad –hemos llegado a oír cómo se afirmaba en televisión que «una Cataluña independiente sería el motor económico de Europa, y Alemania lo sabe»–, le importa demasiado poco.

Jabois se cachondea del presidente catalán:

Desde la señora de Bélmez que fue capaz de ver a Jesucristo antes de reconocer una mancha de grasa en la cocina nadie llevó tan lejos una frustración.

Cuidado con esas frustraciones, que a veces conducen a hacer cosas que perjudican a mucha gente. En el caso de la señora de Bélmez la única que salió mal parada fue ella, pues se empeñó en hacer el ridículo durante años –con permiso de Iker Jiménez–. Pero en otras ocasiones, el daño puede extenderse a muchos.

Y terminamos con Federico Jiménez Losantos, que titula Calendario del golpe catalán. Ve una intención en la propuesta de la Asamblea Nacional Catalana de que se establezca un Estado en el Valle de Arán que pueda unirse a la república catalana. Lo explica en tono irónico:

La liberación por la ANC del pequeño territorio aranés y de su lengua o fabla particular es muy importante porque abre la posibilidad de incorporar a la Cataluña independiente otros territorios que ahora gimen bajo el yugo español y francés.

Añade:

La lengua es el arma de la independencia y será la de la expansión imperial. En fin, que España duerme y Francia ronca mientras la balcanización del mediterráneo occidental se despereza.

Concluye:

En el 78, los catalanes votaron masivamente la Constitución Española, en el 77 habían ido a las primeras elecciones libres y en el 75, lloradísimo por la heroica prensa de Barcelona, murió Franco. Justo 40 años después, la obstinación de los políticos de Madrid en pactar con el nacionalismo catalán ha dado el único fruto que podía dar. Rajoy dirá que es ilegal y se volverá a dormir. Lo despertará la mascletá.

De todos modos, si eso llega a ocurrir alguno alegará que es el ‘manejo magistral de los tiempos’ que le atribuyen al presidente del Gobierno. En cualquier caso, Losantos no comparte la pasión de Sostres —Salvador Sostres rinde pleitesía absoluta a Rajoy, al que ve como un monarca dueño de los silencios y del tiempo— con la estrategia del silencio que mantiene Rajoy.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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