OPINIÓN / Afilando columnas

Fernando de Felipe (La Vanguardia): «No sería descabellado pensar que Marhuenda tan solo pretende llamar la atención de Wyoming cual enamorado no correspondido»

Gil-Calvo (El País): "Los negacionistas del 11-M son los que exigen a los presos de ETA que pidan perdón a sus vícitmas, cuánta desvergüenza"

Cuando ha pasado casi una semana desde el décimo aniversario de la masacre del 11-M, aquellos infaustos atentados siguen apareciendo en algunos artículos de la prensa de papel española. Y lo hacen para ser utilizados como arma arrojadiza en querellas político-periodísticas. El 17 de marzo de 2014 nos encontramos, por ejemplo, que quienes ponen o han puesto en duda que la sentencia del juicio responda a la realidad (o incluso los que, sin dudar de eso, consideran que quedan puntos por aclarar) sean comparados con quienes niegan el Holocuasto. Pero claro, quien hace esa equiparación, también equipara a quienes defienden que hay que recortar gasto público con quienes dicen que Hitler no asesinó a seis millones de judíos.

Al margen de eso, los espacios de opinión de la prensa de papel de Madrid y Barcelona se presentan en esta ocasión jugosas y variadas, con artículos sobre impuestos, nacionalismo, ETA o lo que alguno considera la gran obsesión de Francisco Marhuenda. Hacemos sonar nuestra armónica de afilador y pasamos a dar cumplida cuenta de todo ello.

Arrancamos en el periódico del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo catalán. Antoni Puigverd firma en La Vanguardia Rahola y la historia triste de España. No, estimado lector, no se refiere a la columnista de ese apellido que escribe en ese mismo periódico, sino al escritor catalán Antoni Puigverd, fusilado por el franquismo en 1939. Pero no espere usted el típico artículo de buenos contra malos.

Tendremos esperanza cierta de futuro el día en que la izquierda reconozca a las víctimas del 36 y el día en que los obispos, haciendo honor al mensaje cristiano, defiendan no sólo a sus mártires, sino también las víctimas del franquismo. Mientras, viendo cómo se han incendiado Ucrania o Siria, es inevitable pensar que también aquí podría, un día de estos, prender la llama de una nueva tragedia.

Esperemos que el pesimista presagio no se cumpla, pero lo que afirma Puigverd justo antes es para quitarse el sombrero (prenda que, debido a su calvicie, este humilde lector de columnas usa con frecuencia para proteger su cuero cabelludo del frío en invierno y del sol en verano). Por fin alguien que retrata la Guerra Civil como fue: barbarie en los dos bandos, y con víctimas inocentes también en ambos.

También en La Vanguardia nos encontramos un artículo que pretende ser humorístico, aunque a su protagonista no le hará gracia alguna. Fernando de Felipe se ríe, ridiculiza incluso, de Francisco Marhuenda en un texto titulado ¡Viva el Gran Wyoming!

La obsesión de Paco Marhuenda por el Gran Wyoming comienza a ser realmente preocupante.

Tras imaginarle, ya senil, en un asilo de anciano dando vivas al presentador de El Intermedio y llamando «mala» a la derecha, al PP , a la Casa Real y a «la familia», dice:

Tampoco sería descabellado pensar que Marhuenda, en el fondo (de su bilioso corazón), tan solo pretende llamar la atención de Wyoming cual enamorado no correspondido. A lo mejor es que se siente poco querido por los de El intermedio y por eso los provoca para ver si así le dedican un monográfico, lo contratan como colaborador necesario con sección propia, o, sencillamente, le invitan a irse de copas por los Madriles con todo el equipo al completo (sobre todo con la sección femenina del mismo, porque lo cierto es que ni el más ofendido Marhuenda podría negarle a Wyoming su exquisito gusto en lo que a colaboradoras se refiere). Evolucione como evolucione tan preocupante cuadro de amor-odio, lo que está claro es que Marhuenda tiene todos los números para que su muy particular manía persecutoria, lejos de remitir, derive en crónica. Y ya sabemos cómo se le dan estas al de La Razón…

No vamos aquí a ejercer de defensores de Marhuenda, pero nos preguntamos cuál sería la reacción del columnista de La Vanguardia si alguien, en otro medio, se dedicara a ridiculizar de esa manera a su director, Màrius Carol, o a su editor, el Conde de Godó. Suponemos que, al estilo de Cuní en el televisión de Grupo Godó, diría que se trata de malas formas propias de medios de ‘Madrit’.

Tomamos el puente aéreo y nada más llegar a la capital de España nos asomamos a El País. En este periódico nos encontramos con el artículo en el que se hacen las indecentes comparaciones con las que arrancábamos este ‘Afilando columnas’. Lo firma Enrique Gil-Calvo y se titula Negacionistas. Para que no queden dudas de que está haciendo esas comparaciones dice: «entendiendo por negacionismo la delirante pretensión de que Hitler no asesinó a millones de judíos».

Tras señalar como «negacionistas» a Aznar, Acebes, Zaplana y Pedrojota Ramírez, así como a «el propio Rajoy, el resto del PP, su prensa amiga y las asociaciones de víctimas que conforman el Tea Party español», añade:

Estos negacionistas son también los mismos que exigen a los presos de ETA que confiesen sus crímenes, se arrepientan del daño causado y pidan perdón a sus víctimas, como ‘conditio sine qua non’ para reconocerles sus legítimos beneficios penitenciarios. Cuánta desvergüenza.

Noi sabemos si habrá desvergüenza o no, pero sí encontramos mucha mucha infamia en el texto de Gil-Calvo. Poner en duda una sentencia no es lo mismo que negar que alguien asesinó a seis millones de seres humanos de forma industrial por el mero hecho de ser judíos. Y tampoco es peor, ni mucho menos, que haber asesinado más de 800 personas, como ha hecho ETA. Si en la gradación moral del periodista de El País es peor poner en duda la versión oficial del 11-M que asesinar a casi mil seres humanos, el afilador de columnas no puede tener ningún sentimiento positivo hacia él. Eso sí, seguirá pensando que los asesinos son peores que él.

Pero va más allá en su argumento:

Pero todo ese negacionismo tan miserable resulta ridículo por comparación con el caso actual de negacionismo más masivo y criminal de todos. Me refiero a la negación del austericidio. En efecto, ahora ya sabemos por el dictamen de los organismos internacionales que la política de austeridad fiscal, decretada por el directorio europeo y llevada hasta el límite por las autoridades españolas, fue algo peor que un crimen pues ha resultado ser un contraproducente error de cálculo, en la medida en que provocó la segunda recesión, infló la deuda pública y ha creado una trampa deflactora de la demanda que nos ha atrapado en un bucle sin salida.

Ya saben, que el Gobierno haya recortado algunos pocos gastos es «austericido», un hecho peor que criminal, porque unos «organismos internacionales» (en concreto uno dirigido por una socialista francesa partidaria del gasto público desaforado) han decretado que eso es malo. De esta manera, para Gil-Calvo, estar contra el despilfarro de dinero público es peor que negar el Holocausto. Después irá por la vida dando lecciones de tolerancia.

Seguimos en el diario de PRISA, en cuya contraportada encontramos un sorprendente texto de Almudena Grandes titulado Guardias Civiles. Por una vez, esta columnista se sale de su papel de ‘progre de manual’ y sale en defensa de los miembros del instituto armado que actuaron en Ceuta:

Ellos, representantes de asociaciones de la Benemérita, han explicado que sí existe un protocolo para las devoluciones en caliente, que sí recibieron órdenes de disparar pelotas de goma, que no actuaron por su cuenta, que no podrían hacerlo sin afrontar una sanción que pusiera en peligro su puesto de trabajo.

Concluye:

Quienes pretenden defenderles hacen lo que pueden para que no se les escuche. Su cariño, la admiración de la que alardean, es una mordaza en la boca de quienes intentan contar lo que está pasando en Ceuta y en Melilla. Quienes podrían escucharles prefieren taparse los oídos para no caer en la tentación de darles la razón, aunque la tengan o, mejor dicho, porque intuyen que la tienen. Ese es el papel que les ha tocado jugar en esta democracia de chichinabo, este país que sigue siendo incapaz de arreglar cuentas con su memoria. Así, los verdaderos responsables respiran aliviados en sus despachos. Nadie les pedirá explicaciones mientras haya un uniforme verde oliva que cargue con sus culpas.

Algún izquierdista radical sentirá a partir de ahora algo menos de admiración por Almudena Grandes.

Pasamos ahora a ABC, donde Isabel San Sebastián titula con una pregunta: ¿Dónde está ese plan?

Por esas causalidades (que no casualidades) que a menudo brinda el periodismo, a pocas páginas de distancia, ayer también, Mariano Rajoy, de visita en esta Casa para celebrar el 110 aniversario de la fundación de este gran diario, repetía una vez más eso de que no piensa pasar a la Historia como el presidente del Gobierno que permitió la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Lo que no decía, no lo ha desvelado aun, es cómo pensaba impedirlo. Y las cosas han llegado a un punto que no admite más demoras.

Parece que a Rajoy su visita a ABC no le ha servido para ganarse nuevos fans entre los columnistas de ABC. Si Gistau le reprochó que defendiera como una virtud la «docilidad de los medios», San Sebatián le exige que sea claro en cómo pretende frenar los planes independentistas de Mas y Junqueras. Es de agradecer que los columnistas del diario madrileño de Vocento sigan manteniendo su espíritu crítico frente al registrador de la propiedad que creíamos metido a Gobernante.

Concluye San Sebastián:

El tiempo se nos echa encima. Los sediciosos han llegado tan lejos en su ofensiva impune, que no retrocederán ante nada que no consiga asustarles de verdad. No frenarán esta deriva enloquecida a menos que vean peligrar su estatus, los privilegios de los que disfrutan o incluso su libertad. Rajoy no quiere castigar al conjunto de los catalanes con sanciones económicas; bien está. Pues que castigue entonces a los promotores de la sedición de manera ejemplar. Lo único que no puede hacer es nada.

Está claro que la columnista no se fía del tantas veces loado ‘manejo magistral de los tiempos’.

Sin salir de ABC, entramos en materia de impuestos. Ignacio Camacho firma El cheque y el voto:

NI lo intentes, no te vas a aclarar. En un país donde se pagan tantos impuestos -nacionales, autonómicos, locales, societarios, especiales, indirectos- resulta demasiado fácil elaborar con ellos una retórica de la confusión. Si te fías de lo que oyes a los políticos nunca sabrás si te los están subiendo o bajando; incluso cuando pagas la gasolina, el butano o la luz te cuelan de rondón tasas, subvenciones y hasta regalías.

Añade:

Para la Administración, para las diferentes y excesivas administraciones que regulan tu vida y tú trabajo, tú eres ante todo una máquina de pagar. Antes que un ciudadano representas un contribuyente, un tipo que sostiene un tinglado en el que nunca nadie te pregunta si estás cómodo. Pero mira, a los políticos sólo les interesan de ti dos cosas: tu voto y tu dinero. Y sólo conseguirás que te respeten cuando aprendas a utilizar el uno para defender el otro.

Precisamente, por esto último, los políticos siempre harán todo lo posible para que el ciudadano nunca sepa cuánto paga al Estado en cualquiera de sus niveles (central, autonómico y municipal).

Tienes que esperar a ese instante en que un impreso y una calculadora te ayudarán a saber lo que realmente has estado pagando. Ingresos, deducciones, bases imponibles, gravámenes, IVA soportado, toda esa faramalla que cada trimestre o cada año te llena la cabeza de inquietudes y cábalas. Y al final, cruz y raya, te saldrá una cifra. Compárala con la de antes de todo este lío y sabrás la verdad, la única verdad que te concierne. Esos dígitos no te van a engañar; el ruido político sí.

El afilador de columnas lamenta tener que llevar la contraria a Ignancio Camacho. Esos dígitos también van a engañar al ciudadano. Muchas personas tan sólo se fijan si la declaración de la renta le da «a devolver» o «a pagar», y no en cuanto a pagado en total. Muchos se alegran de que le salga «a devolver», sin darse cuenta que esto se debe tan sólo a que el Estado reconoce que les ha quitado incluso más de lo que pretendía. Pero, además, eso es sólo una parte de los impuestos totales que pagamos. En nuestro sistema resulta imposible saber cuánto hemos entregado a la Administración a través del IVA, impuestos especiales y tasas de todo tipo.

A esto mismo se refiere Federico Jiménez Losantos en su artículo de El Mundo, titulado El tiquitaca fiscal.

Creo que todos los impuestos directos son un robo, que el de Patrimonio es un doble robo y el de Sucesiones un robo a los vivos y a los muertos. Los impuestos indirectos permiten controlar mejor lo que uno gasta y con ellos puede sacar el Estado de sobra para lo que necesita, sin tener que recurrir a la inquisición fiscal. O sea, que creo en lo contrario que el Gobierno del PP, que ha subido los impuestos más de lo que quería IU. Por eso veía bien el informe de los expertos para la reforma fiscal. Como en el Tribunal de Estrasburgo para soltar etarras, Rajoy podía escudarse en los técnicos para hacer las reformas que venía rechazando.

Concluye:

Nada de nada. Montoro sólo quería jugar al tiquitaca fiscal, lejos del área. Mantiene el umbral recaudatorio del 37% del PIB, así que todo queda en cambiar de lugares de presión -IRPF, IVA- y, al final, ni eso. Dice que no tiene que aplicar el plan en su conjunto. ¿Y para qué tanto anunciarlo? Temo que sólo para quitar el impuesto de Sucesiones a Madrid y las autonomías austeras. Necesitamos un Mourinho en Hacienda, pero ya.

Nos tememos que Losantos pide un milagro. Rajoy y Montoro entran perfectamente dentro de esa categoría a la que Hayek llamó «socialistas de todos los partidos». Para ellos, el Estado y la defensa de la clase política siempre estarán muy por encima de la libertad y la cartera de los ciudadanos.

Seguimos en el diario ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo, pero cambiamos de tema de la mano de Santiago González. Escribe sobre la reunión de etarras en Alsasua y titula Covite, menos mal.

La dignidad tenía en Alsasua nombres de mujer. Consuelo Ordóñez, Laura Martín y Conchi Fernández se plantaron en nombre de Covite ante la Casa de Cultura, donde se celebraba el último acto propagandístico de ETA: traer a casa a «los ciudadanos que han huido por razones políticas». Definamos huido por razones políticas: prófugos de la justicia tras haber perpetrado asesinatos, extorsiones, estragos, asociación ilícita y otros ilícitos del Código Penal.

Dice de los etarras reunidos:

Formaban una patética hermandad de ex combatientes, nostálgicos del crimen desde hace tantos años, un centenar de terroristas desconcertados por tres mujeres que llevaban cada una un cartel con seis palabras en sus manos, un ejemplo para la política, las instituciones y la Justicia.

Hay que ver el vídeo. Aquel tipo preocupado por cerrarle la puerta a Consuelo Ordóñez, una mujer que había acudido ex profeso a Alsasua, para darles una lista de los crímenes de ETA que permanecen sin esclarecer. Tenía billete de vuelta a Valencia, podría haberle reprochado con argumento prestado aquel vocacional portero, que sólo pudo cerrar la puerta cuando la mano de un colega cogió el escrito que le tendía Ordóñez, y ésta retiró el pie y le permitió cerrarla.

Y sobre la indecente reunión, esa que seguramente le parece menos grave a Gil-Calvo que un encuentro entre Aznar con Pedrojota Ramírez, escribe Alfonso Ussía en La Razón. Titula ‘Alsasua fashion week’:

En ese lugar navarro, han organizado los etarras maduros su «Alsasua Fashion Week», primer desfile de moda que responde a la realidad del hábito indumentario. Todos se visten igual. Cazadoras, zamarras, sudaderas o jerseys negros y grises. Pasan del paseo y la foto a la calle. Dicen que son etarras «huidos», y no puedo creerlo porque estaban todos ahí. No se maquillan. El problema es que, por su aspecto, probablemente tampoco se duchan. En conjunto forman un grupo de desalmados estéticamente repugnantes. Y de cobardes. Tres mujeres, entre ellas Consuelo Ordóñez, se presentaron en la puerta del local donde se celebraba el «Alsasua Fashion Week» de terroristas, y ninguno de los modelos de muerte y vileza se atrevieron a mirar sus ojos.

Concluye:

España es el único país del mundo donde los asesinos organizan convenciones, reuniones y toda suerte de eventos. Decía un elegante político de la transición que los congresos y convenciones sólo servían para salir de casa y culminar fornicios entre compañeros del partido. Me temo, a la vista de la fotografía, que este congreso de criminales en Alsasua, esta pasarela de la moda de la sangre, no va a terminar en los lechos. Los jabalíes tienen mejor aspecto que los etarras «huidos» y las cucarachas -también de negro- son más atractivas que las supuestas mujeres allí presentes.

Eso sí, la moda la llevan a rajatabla. Como su perversidad y su cobardía.

Sin duda alguna, la estética de esa gente es repugnante, pero más repugnante es lo que han hecho a lo largo de su vida. Lo que se pregunta este humilde lector de columnas es otra cosas más simple. Esos etarras, al acudir al citado acto, reconocen su militancia en el grupo terrorista. Y en el Código Penal se contempla el delito de «pertenencia a banda armada». ¿No podrían ser detenidos y juzgados todos esos tipos bajo esa acusación? Tan sólo nos lo preguntamos.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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