OPINIÓN / Afilando columnas

Ignacio Camacho: «Alguien debería explicar a Eguiguren que en Madrid con ETA se vivía regular pero se moría de puta madre»

Rosa Montero: "Los agentes que se atrevieron a perseguir a Aguirre valen por sí solos como una ONG entera en pro de la justicia"

Al igual que muchas veces coincide una bajada de las temperaturas con una caída en la inspiración de los articulistas de los periódicos impresos, el incremento térmico con el que arrancó la segunda semana del mes parece tener un efecto positivo sobre las musas de esos mismos columnistas. El 8 de abril de 2014, los espacios de opinión de la prensa de papel se presentan entretenidos, con artículos sobre variados temas que nos regalan algunas frases dignas de tener en cuenta.

VERDAD O MENTIRA: VOTE LA FRASE DE RAMONCÍN

Como cada día, hacemos sonar nuestra armónica de afilador y dejamos constancia de todo ello.

Arrancamos con un tema que no termina de apagarse, el libro de Pilar Urbano sobre Juan Carlos I y Adolfo Suárez. Arcadi Espada titula ¿Por qué Se calla? No se suma a las críticas generalizadas a la periodista (de eso se encarga en esta jornada en antaño director de periódicos, Luis María Anson, con su aburrido ¿Contra quién va el elogio?, un texto en el que ni se molesta en citar a la criticada). Según Espada:

Puede que estas acusaciones sean calumniosas; pero Suárez las hizo, al menos durante una irritada época de su vida.

Acto seguido lanza una propuesta sorprendente:

La entrevista que yo quiero que haga la ejemplar Victoria Prego no es a Suárez Illana, entre otras cosas porque, respecto a lo que fue e hizo el político Adolfo Suárez, sabe bastante más que el hijo. Yo quiero ver al Rey delante de Victoria Prego, respondiéndole sobre el que fue su jefe de gobierno, sobre su dimisión y sobre el 23-F.

Cada seis meses anega España una ola de propaganda en torno a la modernización de la Monarquía y sus hitos. Al fin han logrado convencerme de que el Rey no es un concepto sino un hombre. Pues bien. Ahora es preciso que la ola llegue a la última playa. Allí donde debe quedar derogado su privilegio nuclear, que es el del silencio.

Este humilde lector de columnas duda mucho que se derogue ese privilegio y el Rey se siente ante un periodista con libertad para preguntar. ¿O acaso alguien cree todavía que las cuestiones que le planteó Jesús Hermida al monarca no fueron previamente filtradas?

También en el diario ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo, Salvador Sostres escribe uno de sus provocadores artículos. En esta ocasión sale en defensa de la multada más famosa en las calles de Madrid. Titula Esperanza en un espejo.

Lo verdaderamente conmovedor ha sido ver cómo tantas escritorzuelas de la presunta derecha han ido a por ella. Lo del incidente con el guardia urbano fue una anécdota aparatosa, pero sin ninguna importancia; la categoría emerge de las tinieblas. A Esperanza muchas mujeres se la tenían guardada y no hallaban el momento de atacarla.

Concluye:

Ser mujer no es ningún impedimento. El único impedimento es la estupidez. Esperanza es el testigo de cargo de la monumental estafa de las que han querido disimular su incompetencia con su entrepierna, y por eso la odian tanto, y por eso han salido a cazarla patéticas como hienas que han olido sangre.

Esperanza lo sabe. Y por eso sonríe. ‘Rius, quan veus que t’odien els pobres’. Lo que las hienas no quieren entender es que han salido a por una presa que no existe, y que el espejo les devolverá igualmente la deprimente imagen de su fracaso por mucho que intenten romperlo en mil pedazos.

¿Cuánto tardarán en tachar a Sostres de Machista por este texto? Poco, nos tememos. Nosotros no compartimos esa opinión. Puede ser bruto en las formas, que lo es. Puede tener un punto clasista, que lo tiene. Pero en ningún caso es machista. Otra cosa diferente es si a Aguirre le benefician o le perjudican elogios como este.

Una mujer que parece encantada con criticar a Aguirre, y que dista mucho de ser una fracasada como las que retrata Sostres, es Rosa Montero. En la contraportada de El País publica Policías. Tras comentar que es un buen síntoma de la viabilidad democrática de España la buena imagen de la que gozan tanto la Guardia Civil, la Policía y las Fuerzas Amadas, concluye:

Y luego están los agentes que se atrevieron a perseguir a Aguirre, que valen por sí solos como una ONG entera en pro de la justicia para todos: bravo por ellos. Espero que no paguen cara su rectitud, de la misma manera que espero que todos los policías lleven su identificación bien a la vista para evitar excesos. Porque gente chula y proclive al abuso hay en todas partes, como ha demostrado Esperanza tan torpemente.

Indudablemente, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid no debería haber parado en un carril bus a sacar dinero, con lo que la multa es más que merecida. Lo que nos preguntamos es qué ocurriría si se demostrara que el resto de lo ocurrido se corresponde a la versión de Aguirre y no a lo que relatan los policías municipales y los agentes de movilidad (que, por cierto, tienen muy mala fama entre los madrileños) implicados. Cuántos tendrían que comerse sus palabras.

El afilador de columnas no sabe lo que pasó, por lo que opta por no mojarse. Eso sí, espera que se aclare todo de una vez para poder expresarse con conocimiento de causa. Y en ese momento su crítica irá al que se haya portado de forma incorrecta.

Pasamos a ABC, donde nos hemos encontrado con uno de esos artículos que en nuestra opinión merecen ser enmarcados. Suponemos que nuestros lectores ya saben de ese nuevo episodio digno de pasar a los anales de la infamia protagonizado por el presidente del PSE. En una entrevista a Gara, Eguiguren dijo: «En Madrid, con ETA se vivía mejor» —El socialista Eguiguren insulta a las víctimas: «En Madrid, con ETA se vivía mejor»–. Ignacio Camacho le responde de forma brillante, bajo el título de Vivir y morir en Madrid. Arranca:

Se vivía bien en Madrid aquel día de julio del 86, cuando el infierno se abrió de golpe en un rincón de la plaza de la República Dominicana.

Sigue con un largo repaso a diversos atentados, no a todos, la lista sería demasiado extensa, cometidos por ETA en la capital de España, para concluir:

Cómo no echar de menos ese carrusel de violencia en que la vida podía volverse una ruleta rusa, un baile macabro con los fantasmas del horror y la desventura. Cómo no sentir melancolía de ser el objetivo de un designio exterminador movido por un odio gélido, planificado, minucioso. Alguien debería explicarle a Txusito Eguiguren, el negociador de la pazzzzzzz, la niña de los ojos de Zapatero, que en Madrid con ETA vivir se vivía regular, pero, eso sí, se moría de puta madre.

Sin duda alguna, quien haya perdido a algún familiar en un atentado de ETA puede estarle totalmente agradecido a Camacho por su artículo. Quienes no vivimos la desgracias directa perder a un padre, un hijo o un hermano, pero crecimos mirando los bajos del coche familiar antes de subir a él y vimos el dolor de nuestro progenitor ante el asesinato de un compañero o fuimos testigos del sufrimiento de amigos cuyos padres sí perdieron la vida a manos de terroristas, también le debemos estar agradecidos. De hecho, cualquier español de bien ha de estarlo.

Camacho ha escrito un artículo digno, recordando el dolor causado por ETA, que le coloca en las antípodas morales de la indignidad del presidente del PSE y, por añadiría, de un PSOE que no sanciona de ningún modo a quien tiene la desfachatez de pretender que en Madrid con ETA se vivía muy bien.

Y a estas alturas, estimado lector, es posible que usted se está preguntando si no hay columnas sobre la llegada al Parlamento de la propuesta de transferir la competencia de convocar referéndum para que el Gobierno catalán pueda convocar su consulta independentista. No hay demasiadas, la verdad, pero alguna sí.

Una de ellas es, sin salir del periódico madrileño de Vocento, la de Juan Carlos Girauta, titulada Por qué no. Da varias razones para el no, pero nos quedaremos con la última:

Porque lo que hoy se dirime en el Congreso es un simple trámite, de resultado descontado, dentro de una estrategia que quiere vestir de legalidad un plan basado en la política de hechos consumados. Se trata de decorar la declaración de independencia de Cataluña, prevista para el 23 de abril de 2015.

El resto de las razones son impecables desde un punto de vista jurídico, pero esta es la única con carga política.

Pasamos ahora al periódico de la ‘disciPPlina’, donde nos encontramos con Alfonso Merlos y su La ley. Punto.

Al otro lado del juego parlamentario está la actuación implacable, episódica, incesante del Estado de derecho. Es aquí donde los separatistas deben saber que su plan está siendo silenciosamente estrangulado, que se consume por escasez de oxígeno democrático.

El PP está en lo que debe. Desde luego sin aspavientos, evitando descomedidas gesticulaciones, probablemente con formas que no pocos compatriotas entienden que deberían ser más vistosas. Pero en este país en el que tan acostumbrados estamos a que el personal pierda la fuerza por la boca, hay un poder ejecutivo que ha trazado un camino, lo esta recorriendo, va a llegar a la meta. Y a ganar. Los perdedores se lo han buscado.

Siempre nos ha llamado la atención el optimismo de la sonrisa más blanca de los informativos de 13TV en todo lo referido al registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante y los suyos. Donde la mayor parte del resto de los españoles ve falta de firmeza, Merlos siempre percive lo contrario.

Seguimos en La Razón, donde José María Marco analiza el nacionalismo catalán en un interesante artículo titulado Identidades nacionalistas:

Como todo el resto de los nacionalismos de finales del siglo XIX y principios del XX, el catalán es un movimiento de reacción contra el liberalismo, contra la igualdad, contra la democratización, contra la universalidad y la dignidad del ser humano, contra la racionalidad en política… contra la política misma. En eso el nacionalismo catalán -que en nuestro país, de forma paradójica, ha sido visto como el colmo del progresismo- tiene la misma naturaleza populista, anti ilustración y xenófoba que hoy sigue caracterizando a los nacionalistas del resto de los países europeos, ya sean franceses (Frente Nacional), británicos (Partido Nacional Británico) o belgas ( Vlaams Belang), por citar sólo tres.

Ofrece otro punto interesante:

También hay que tener en cuenta, por otra parte, la dimensión española, reconocida por los nacionalistas catalanes de primera hora, como Prat de la Riba y Cambó, con independencia de que a largo plazo el nacionalismo catalán no pueda dejar de aspirar a la secesión. Los mismos fundadores la conceptualizaron, de forma un poco disparatada, como «imperialismo» con respecto al resto de España. Aun así, contribuyó a asentar al nacionalismo catalán en la política española, a centrarlo -en Cataluña- y a evitar que se despeñara por las alucinaciones del radicalismo. La izquierda nacionalista desconoce esta dimensión del nacionalismo catalán y se embarca siempre en aventuras que una y otra vez conducen al desastre. Mas y sus amigos de CiU creen que ha llegado la hora de emanciparse de esa tradición que forma parte de la esencia del nacionalismo catalán.

Terminamos con un artículo de una independentista, en concreto de Pilar Rahola. Escribe en La Vanguardia un texto titulado Primer paso.

Hoy, una de las democracias más antiguas del mundo necesitará pedir permiso para poder ejercer la democracia, y un Estado se lo negará en nombre de la democracia. En un rizo, pues, de perverso simbolismo, un parlamento secuestrará la voluntad de otro parlamento, y el choque de legitimidades quedará servido. A través de Jordi Turull, Marta Rovira i Joan Herrera, una nación con mil años de historia volverá a ser ninguneada por el Estado que no la reconoce.

En este caso Pilar Rahola, mujer culta, pone su ideología por encima de la historia. Hay que forzar mucho las cosas para identificar a Cataluña como «una de las democracias más antiguas del mundo». La antigüedad de su democracia es la misma que la del resto de España. La actual empieza en 1978, o 1977 como mucho. Ni de lejos se acerca a la de EEUU o de Reino Unido.

No hay choque de legitimidad, puesto que cada uno de los dos parlamentos está legitimado para competencias diferentes. Y eso de la nación «con mil años de historia» no es más que un eslogan vacío de contenido real. Sea lo que sea una nación, puesto que las definiciones del término varían, y aceptando que existe la nación catalana, no puede tener un millar de años. El concepto contemporáneo de nación tiene apenas 200 años, así que ninguna nación (se entienda como se entienda) puede tener más de dos siglos. Otra cosa es que se existan hechos anteriores o en una historia determinada previa en la que se puede fundamentar o no la idea nacional, pero nada más.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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