LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Ramón Pérez-Maura, a degüello contra el podemita Rodríguez: «Fue un Jemad mediocre como demostró con el secuestro del ‘Alakrana'»

"Si no tienes condecoraciones es porque no has tenido actuaciones dignas de premiar ni has estado en misiones de combate. Y los ascensos te han llegado por otras razones"

Ramón Pérez-Maura, a degüello contra el podemita Rodríguez: "Fue un Jemad mediocre como demostró con el secuestro del 'Alakrana'"
José Julio Rodríguez. EP

Sigue coleando el fichaje del general José Julio Rodríguez por Podemos en las columnas de la prensa de papel del 7 de noviembre de 2015. Destaca uno de los articulistas que llama la atención que este militar tenga tan pocas condecoraciones y enseguida infiere que tan pocos reconocimientos se deben a ese carácter taciturno y muy poco apegado a estar codo con codo con sus subordinados en el campo de operaciones.

También hay muchas opiniones sobre Cataluña y cómo al final el Tribunal Constitucional no va a actuar contra los separatistas del Parlamento catalán hasta que no perpetren la payasada de dar vía libre para ir preparando el famoso referéndum ilegal.

Comenzamos en ABC y lo hacemos con Ramón Pérez-Maura que pone el ojo en esa carencia de condecoraciones del general podemita:

Siempre me impresionaron las fotos de Jean-Bédel Bokassa, autoproclamado S. M. Bokassa I, Emperador de Centroáfrica. Y me deslumbraban por una sola razón: su infinita capacidad para acumular condecoraciones. No solo es que tuviera la pechera abarrotada -que la tenía, a diestra y a siniestra-, es que era tal su deseo de lucir alfileres honorarios que ostentaba las múltiples medallas colgadas hasta en las perneras de los pantalones. Con un par -entre esas medallas.

Está claro que el general José Julio Rodríguez Fernández no tiene los problemas de espacio de Bokassa para acumular condecoraciones. Más que nada porque aquellos que no se autoconceden condecoraciones lo tienen mucho más difícil que el paranoico tiranuelo centroafricano. Pero en el caso de Rodríguez Fernández, que fue aupado al Jemad por Rodríguez Zapatero, llama la atención la cortedad de condecoraciones que lucía en la pechera cuando ocupaba el cargo. En las fotos que tengo ante mí sólo luce ocho, que para una vida entera en la milicia no es casi nada. Cabría la posibilidad de imaginar que es un hombre modesto, que no quiere lucir sus honores. Pero en la milicia exhibir tus condecoraciones no implica chulería ni prepotencia. Es sólo una forma de que los demás compañeros de armas sepan cómo te has ido ganando tus ascensos. Si no tienes condecoraciones es porque no has tenido actuaciones dignas de premiar ni has estado en misiones de combate. Y los ascensos te han llegado por otras razones.

Apunta que:

Cuando se mira el historial del general Rodríguez se ve que, como era de esperar con Zapatero, se escogió para el cargo a un militar de una carrera plena de destinos burocráticos, que desembocaron en un ejercicio del Jemad mediocre, como se demostró en alguna operación lamentable en el Índico, cual fue la huida de los secuestradores del pesquero español Alakrana, con cuatro millones de dólares en el bolsillo huyendo en una zódiac de un helicóptero que no los alcanzaba….

Pero lo que a mí más me ha impactado del fichaje del general Rodríguez por Podemos es la normalidad con que se asume que quien ha sido el jefe de la organización más jerarquizada del país se convierta en candidato de un partido antisistema, lo que dice mucho de la coherencia de Rodríguez. Y eso me ha llevado a hacer una pregunta. ¿Se imaginan que alguno de los Jemad de Aznar, ya fuese el teniente general Santiago Valderas o el almirante Antonio Moreno Barberá, hubiera anticipado el modelo de Rodríguez y se hubiese presentado a las elecciones por un partido de ultraderecha? ¿Qué no se hubiera dicho de Aznar, del Partido Popular y de las Fuerzas Armadas españolas en su conjunto? Desde Pedro Sánchez hasta Pablo Iglesias habrían pedido, no ya la supresión del Ministerio de Defensa, sino la disolución de los ejércitos en su conjunto.

Y remacha:

Hace mucho tiempo que vemos esa conquista de territorios por parte de la izquierda. Igual que esta incursión de un Jemad en la política es considerada por la progresía como políticamente correcta, la contraria sería intolerable. En el mismo sentido vemos a todas horas cómo a jalean sacerdotes, monjas y personas de vida consagrada que adelantan posiciones izquierdistas, pero se denuncia como intolerable que desde esa misma Iglesia se definan posiciones conservadoras. Sólo en esos casos es cuando se pide que los curas estén encerrados en sus parroquias. Hipócritas…

Salvador Sortres es muy pesimista sobre el futuro de Cataluña y cree que Mas se entregará en cuerpo y alma a las CUP con tal de seguir en la poltrona de la Generalitat:

La Historia en Cataluña se repite, ahora en clave de farsa. Artur Mas intenta a la desesperada salvar su presidencia y cree que lo conseguirá diciéndole «sí» a todo a la extrema izquierda antisistema. De un lado, llaman la atención su candor, su inocencia, su desconocimiento de la más elemental y triste Historia de esta tierra. Del otro, resulta escandaloso, y da una idea de hasta qué punto ha degenerado el nivel del debate público catalán, que alguien que se siente imprescindible para regir el destino de su país sea capaz de exponer a sus ciudadanos al caos del socialismo exacerbado, trufado de las más descerebradas demandas de sus estrafalarios representantes.

Recuerda que:

Cambó se dio cuenta a tiempo de que Companys y la FAI iban a arrasarle, y pudo huir por piernas. Aunque le han llamado traidor fue simplemente sensato, y una de las mejores inteligencias políticas que ha dado el catalanismo. CiU vio cómo Carod-Rovira urdía los tripartitos y les mandó a la inesperada oposición por primera vez desde la recuperación de la democracia.

Y remata:

Hoy Mas se ofrece a la CUP como una doncella núbil y no se da cuenta de que se van a aprovechar de su encanto fútil para dejarle tirado luego. Es lo que siempre ha hecho la izquierda catalana cuando la derecha ha apelado a su conciencia nacional para superar las diferencias ideológicas. Hay una larga hilera de cadáveres en las cunetas que acreditan el infortunio de esta repetida Historia.

Ignacio Camacho, por su parte, es de los que se posiciona con millones de ciudadanos que no entiende la decisión del Tribunal Constitucional de permitir que el Parlamento catalán pueda dar vía libre a un acto sedicioso:

Por compromiso con sus propios principios, el Estado de Derecho da a menudo la impresión de comportarse como una «democracia tonta», un sistema que permite a sus enemigos aprovecharse de sus garantías para combatirlo. Esa es la sensación que deja la decisión del Tribunal Constitucional de permitir el pleno en el que el Parlamento catalán pretende aprobar el inicio de la ruptura con España. Para proteger el bien de la libertad de debate, da vía libre a una iniciativa destinada a desobedecer la Constitución que ampara esa misma libertad, aunque advierta, faltaría más, que revocará la resolución rebelde una vez formulada. Roma locuta, causa finita, dice el adagio: oída la autoridad, se acabó la discusión. Sin embargo, aunque en derecho no cabe actuar contra hipótesis queda en el aire la duda de si estamos ante un supuesto de iter criminis, un delito en fase de ejecución y anunciado en grado de tentativa.

Apunta que:

Esa declaración va a causar un mal concreto e incontestable; constituye el comienzo de un proceso de sedición, de un golpe al Estado democrático. Quedará sin valor legal cuando el Constitucional la anule previo recurso del Gobierno, pero producirá un efecto político evidente, que es el que buscan sus promotores: el de la secesión psicológica. Y de algún modo, en cuanto incluye el explícito desacato al propio tribunal de garantías, establece el comienzo de una peligrosa y tal vez imprevisible dinámica de hechos consumados: el «principio de efectividad» del que hablan algunos expertos. En su interpretación garantista, el TC ha soslayado la voluntad de los soberanistas de efectuar un pronunciamiento contra su propia autoridad y la del ordenamiento que representa y defiende.

Esa intencionalidad no debería quedar al margen de la evaluación de un organismo en cuya naturaleza conviven el ámbito jurídico y el político. Tan política ha sido la deliberación que es fácil hallar en ella un propósito de unanimidad destinado a reforzar la contundencia del pronunciamiento… y a robustecer el próximo veredicto sobre la moción una vez aprobada. El fallo contiene un aspecto de transacción interna entre las diversas corrientes -político-ideológicas- del propio Tribunal, que pretende dotarse de previsora consistencia argumental a sí mismo. Pero para ello autoriza un acto cuyo carácter delictivo está expreso en su propia letra y contenido.

Concluye que:

El Constitucional podía haber suspendido la sesión del Parlament de forma cautelar, sin pronunciarse sobre el fondo del asunto. Hay especialistas que opinan que esta posibilidad requería el recurso del Gobierno sobre la calificación de la Mesa, no el amparo solicitado por algunos miembros de la misma. De ser así, estaríamos de nuevo ante una estrategia política inducida en este caso por el poder. Y entonces habría que recordar que si el Derecho puede incurrir en contradicciones, los actos políticos conllevan responsabilidades.

En El Mundo, Enric González le recuerda al partido de Artur Mas, quejoso porque se tenga que someter a los caprichos de la CUP, que sólo sacó diez diputados, que eso mismo hizo CDC en tiempos en que fue requerido su apoyo por parte del PSOE o PP para gobernar en España:

Todo lo que ocurre, incluyendo lo más trágico, está cargado de ironía. A menudo en su forma más brutal, la del sarcasmo. Algunos acontecimientos la llevan incorporada. Otros se hacen irónicos con el tiempo. Fíjense, por ejemplo, en Alfonso Guerra, pidiendo que el Estado actúe contra la «rebelión catalana» como la República hizo en 1934 contra el pronunciamiento de Lluís Companys. Guerra podría haber hecho también algún comentario sobre la rebelión contra la República que el PSOE organizó ese mismo año, 1934, y que en Asturias causó más de 2.000 muertes. Interpreto que Guerra reniega en clave irónica de la revolución asturiana y de Francisco Largo Caballero. Se trata, por supuesto, de una interpretación piadosa.

Las personas podemos mostrar piedad. La Historia, no. ¿Qué me dicen de Convergència Democràtica de Catalunya? El partido hegemónico en Cataluña desde 1980, el partido que logró encerrar a la izquierda catalana en el marco del nacionalismo, está siendo zarandeado por la CUP, un partido de izquierda independentista tan revolucionario como pujolista: en sus documentos se habla de «la identidad nacional».

Señala que:

La CUP inflige a CDC la misma tortura que CDC infligió al PSOE y al PP cuando estos partidos necesitaron sus votos en el Congreso español. ¿Se acuerdan? Muchos decían entonces que la Minoría Catalana no tenía derecho a imponer sus criterios sobre la mayoría parlamentaria, fuera socialista o popular. Justo lo que dicen ahora los convergentes: ¿cómo es posible, se preguntan, que los 10 diputados de la CUP impongan sus condiciones a los 62 de Junts pel Sí? Pues es posible, amigos. Fue posible que Aznar se ridiculizara a sí mismo con aquello de que hablaba catalán «en la intimidad», y ahora lo es que Artur Mas, un señor de derechas que jamás quiso la independencia catalana, haga el ridículo convertido en el Che Guevara de la calle Tuset.

Y remacha:

CDC, carcomida por la corrupción, desprestigiada por el latrocinio de los Pujol y la gestión lamentable de Mas, hecha unos zorros por los zarpazos de ERC y CUP, ya no se atreve a concurrir a unas elecciones bajo sus propias siglas. A las generales irá como Democràcia i Llibertat, un nombre rotundamente autoirónico. En cuanto a Mas, tal vez consiga su objetivo de pasar a la Historia: como el tipo que intentó manipular una causa legítima, la de la independencia, y logró que tanto él como la causa se cubrieran de oprobio.

Rafael Moyano le aconseja a Artur Mas que ya que le gusta tirar tanto de la historia y de las efemérides, que no olvide la de la Marcha Verde de la que el 6 de noviembre de 2015 se conmemoraron los 40 años:

Resulta extraño que a Artur Mas, tan dado a utilizar las efemérides para arrimar la Historia a su proceso independentista, se le haya pasado por alto la fecha de ayer. Alguna lectura le podría sacar, algo así como ya toca otra. Se cumplen 40 años de un hito que desembocó en la última desmembración de una parte del territorio español. No un pequeño trozo, un buen cacho, los 266.000 kilómetros cuadrados del Sáhara Occidental, un mar de arena tan inmenso como inhóspito pero con una riqueza natural todavía hoy insuficientemente explotada. El 6 de noviembre de 1975 Hasán II se la jugó, fraternalmente, con la Marcha Verde a su «hermano» Juan Carlos, todavía Príncipe pero jefe de Estado en funciones porque Franco agonizaba. 350.000 marroquíes perfectamente ordenados pero contenidos y adiestrados en la no violencia, se lanzaron hacia la frontera norte de la colonia española armados con su dios, su patria y su rey, símbolos clásicos de las monarquías absolutas: banderas marroquíes, retratos del monarca y el Corán en sus manos.

Explica que:

Con cuatro décadas de perspectiva, los historiadores rescatan ahora documentos que prueban que aquella rendición fue pactada, que España, en los estertores de Franco y el franquismo, no estaba para líos. Que no estaba para combatir a un Frente Polisario cada vez más activo y a un Marruecos presionante. Las promesas de un referéndum de autodeterminación se olvidaron con tanta facilidad como se hicieron. Hasán no tuvo más que aprovechar la primera oportunidad para rematar la operación. Se la dio una sentencia del Tribunal de La Haya que, curiosamente, no le fue favorable, pero él le dio convenientemente la vuelta para que lo pareciera y poder lanzar así a sus huestes contra el invasor español. La consecuencia más dramática son las dos generaciones de saharauis, hijos y nietos de españoles, convertidas en apátridas y que sólo han tenido un hogar, los campos de refugiados.

Y lanza un último recado:

Mohamed VI, heredero de aquel rey listo y tirano, ha querido celebrar con especial énfasis el aniversario de los 40 años de la gran victoria de su padre. Él también intentó una hazaña, más modesta, con la isla de Perejil, pero no contaba con que ahí estaba Federico Trillo, al alba y con duro viento de levante, para frenar sus ansias anexionistas. En 40 años las cosas han cambiado poco en el vecino del sur, o por lo menos no tanto como en España. Aquí vamos a conmemorar ahora el fin de la dictadura y el inicio de la Transición. Allí, el rey, siguiendo el manual del buen jerarca, utiliza las grandes celebraciones para ocultar las miserias de su régimen y exacerbar el nacionalismo. ¿Les suena?

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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