El exprimer ministro de Italia Silvio Berlusconi ha fallecido este lunes a los 86 años en el hospital de Milán donde permanecía ingresado desde hace varios días, aquejado de una leucemia.
Berlusconi, de 86 años, había sido ingresado el pasado viernes, tres semanas después de recibir el alta, pues había pasado 44 días ingresado por una pulmonía agravada por una leucemia que padecía desde hacía tiempo.
Aunque su médico privado lo calificó de «inmortal», obviamente Silvio Berlusconi era terrenal y mortal. Muy terrenal, podríamos decir. Él mismo llegó a compararse con los emperadores romanos y llegó a acumular tanto poder en la península itálica como algunos de éstos. La trayectoria del político casi emparenta con aquellos pícaros del cine clásico italiano. No era difícil imaginarse al joven Berlusconi como un Alberto Sordi o un Nino Manfredi de las comedias italianas de los sesenta: dando sablazos a turistas y persiguiendo mujeres en minifalda.
Nacido y criado en Milán su infancia estuvo marcada por la II Guerra Mundial y la inmediata posguerra. Sin embargo, el milagro económico italiano se desató en los primeros sesenta y toda la prensa mundial hablaba de ello. En esos años el joven Berlusconi se buscaba la vida en lo que podía mientras estudiaba derecho. Siempre hablaba orgulloso de que empezó a ganarse la vida cantando en cruceros por el Mediterráneo y, claro, ligando con todas las turistas adineradas que podía.
Comenzó su carrera empresarial en el florecientes negocio inmobiliario y en 1974 comenzó su carrera como magnate de medios de comunicación. Creando Telemilano, una tele local que fue el germen de un modelo de negocio llamativo. La televisión en Italia era en esa época un monopolio del Estado. Lo que hizo Berluscuni fue crear una serie de televisiones locales que de facto emitían la misma programación compitiendo así con la RAI. En 1984 creo la Telecinco italiana y le generó muchos problemas legales. En 1990 una ley Audiovisual convirtió en legal la acción de Berluscuni.

Berlusconi en los 80.
Para entonces ya era un hombre poderoso, dueño de la editorial Mondadori, dos periódico de tirada nacional y del equipo de fútbol AC Milán. Además, contaba con el apoyo del presidente socialista italiano Bettino Craxi. Sin embargo, pronto comprendió que para proteger sus negocios sus futuro pasaba, inevitablemente, por la política.
Presidente de Italia en tres ocasiones
Los primeros años noventa estuvieron marcados en Italia por casos de corrupción generalizada. Una etapa que algunos autores cita con ‘Targentopoli’. Craxi llegó a huir de la Justicia en el extranjero y Berluscuni entendió que debía dar el salto al ruedo político sin intermediarios. Así en 1994 fundó Forza Italia, un partido de centroderecha que en pocas semanas le permitió acceder a la presidencia del gobierno en coalición con la Liga Norte, una formación que defiende las diferencias fiscales entre el norte y el sur de Italia, así como las culturales. La ruptura de la coalición le hizo salir de la presidencia en 1995. La publicación en la prensa de presuntas relaciones con la Mafia fuera la excusa que enarbolaron desde la Liga Norte para la ruptura.
Berlusconi esperó su momento y éste llegó en 2001. Los problemas económicos y las tensiones políticas propiciaron el triunfo de Forza Italia en las elecciones y la llegada de Berlusconi de nuevo al Palacio del Quirinal. Se le acusó entonces de controlar el 90% de los medios de su país y muchas de sus decisiones generaron polémica en la calle. Empezando por la intervención de Italia en la Guerra de Irak. También sus posturas sobre asuntos como el aborto, los derechos LGTBI o la política de educación le pusieron en la picota de gran parte de la sociedad del país transalpino.
En mayo de 2006 una coalición de izquierdas le desalojó del poder, pero no sin una gran polémica postelectoral que que saldó con el ascenso de Romano Prodi a la presidencia de al República. Esta coalición duraría poco. Berlusconi no se quedó quieto. Radicalizó sus posiciones y se acercó a varios partidos de ultraderecha para poder crear una coalición que le llevó de nuevo al poder en 2008. Sin embargo, acabó dimitiendo en 2011. Eso sí, después de dejar aprobados los presupuestos de 2012. Fueron años complicados como consecuencias de la crisis económica y financiera de 2008 y la política de recortes que llevó a cabo su Ejecutivo.

Karima El Mahrough
Fueron los años en las que las polémicas personales y judiciales parecían perseguir a un Berluscuni cada vez más convertido en personaje. Su obsesión por no envejecer le hicieron pasar por el quirófano en varias ocasiones y convertirse así en una figura preferida para los humoristas y la crítica fácil. Con todo, su figura era valorada por ciertos sectores de la sociedad italiana en un ambiente político marcado por la polarización. En 2022, de la mano de Matteo Salvini y Giorga Meloni volvió a la política por última vez.
‘Bunga, bunga’ y una figura siempre viviendo en el escándalo
Escándalo y Berluscuni parecieron ser lo mismo en los últimos años de su vida. La Justicia intentó frenar sus operaciones en muchas ocasiones. El 24 de junio de 2013 llegó su peor momento. Fue condenado por prostitución de menores y abuso de poder. El origen de todo fue el escándalo ‘Bunga, bunga’, que implicaba al italiano en la organización de fiestas sexuales.
El asunto tomó un enfoque más complicado cuando la joven marroquí Karima El Mahrough de 17 años le denunció por haberle pagado a cambio de sexo. El origen del escándalo hay que buscarlo cuando la adolescente fue detenida por un robo y en comisaría exigió que le pusieran en contacto con el Primer Ministro. Los policías se rieron pero se les debió congelar la sonrisa cuando sus mandos ordenaron la liberación de la joven tras una llamado de Berluscuni. Él justificó su solicitud asegurando que Karima era sobrina del presidente egipcio Hosni Mubarak. la prensa destapó la verdad.
El escándalo le llevó a ser condenado pero en 2015 el Tribunal Supremo lo absolvió del delito de incitación a la prostitución y de abuso de poder. Una absolución que facilitaba su vuelta a la vida pública. Aunque, las sombras de corrupción siempre le persiguieron, Berlusconi, como un precedente mediterráneo de Donald Trump.

