Nacho Abad no se mordió la lengua.
Tras presenciar cómo la gala de los Goya se convertía en un altavoz de consignas políticas sobre Palestina, el cambio climático o los derechos LGTBI, el presentador de ‘En Boca de Todos‘ (Cuatro) estalló en directo con varias preguntas que cayeron como una bo
Según Abad, el «sectarismo» y la «hipocresía» de muchos asistentes quedó patente al dedicar lágrimas y aplausos a causas lejanas, pero pasar de puntillas —o directamente ignorar— la mayor tragedia ferroviaria en España en más de una década, ocurrida el 18 de enero de 2026 cerca de Adamuz (Córdoba), donde un Iryo y un Alvia chocaron con consecuencias devastadoras.
Así comenzó su alegato:
No sé ustedes, pero de siempre he tenido la sensación de que en general a los actores, a los artistas, se les asocia con la izquierda, no con la justicia, no con la equidad, no con la objetividad, sino con la trinchera y el hooliganismo de estas posiciones.
Por ejemplo, en los Goya se acordaron del genocidio de Palestina, oye, pero ni palabra, ni pena, ni compasión, ni dolor, ni nada, para los más de mil israelíes asesinados el octubre del 23, ni palabra para los secuestrados, ni para las mujeres violadas durante su cautiverio. Se acordaron de la guerra de Irán, pero ni palabra para la masacre que durante 40 años ha llevado a cabo la teocracia islamista de Irán contra su propio pueblo. Esos muertos y represaliados tienen menos importancia. Se acordaron de mencionar las manos blancas, aquellas que nos pintamos todos cuando secuestraron a Miguel Ángel Blanco. Las mencionaron para rechazar la violencia en general. Oye, pero ETA, ni palabra de ETA. Sin ETA no hubiese habido manos blancas, por cierto. Y luego uno se plantea, ¿y el amor y la solidaridad con los cristianos aniquilados en Sudán, con el hambre del pueblo cubano, con los inmigrantes en los Estados Unidos a los que acosa el ICE de Trump?

Se fijó en que no hubo una sola palabra para las tragedias y problemas que acucian a los españoles:
¿Y no hay cosas que reivindicar también en España, en nuestra tierra, en nuestro país? Ahí estaba el presidente para que las escuchara, quién mejor que él para escuchar las reivindicaciones de los actores. ¿Nadie se acordó de las víctimas de Adamuz? ¿Ni una palabra de cariño y de aliento para las familias de las víctimas? ¿Nadie se acordó de la falta de inversión en las infraestructuras españolas? ¿Nadie se acordó de la corrupción en el PSOE, de los que están metiendo la mano en la bolsa? ¿Nadie se acordó de defender a los jueces de este país de las presiones políticas? Al revés, hubo quien dijo que al fiscal general del Estado le condenaron sin pruebas, ese mantra ideológico de la izquierda.
Y lanzó un consejo a la banda de los cineastas:
Al final, es una sugerencia, yo no tengo porque tener razón, es simplemente mi opinión, en la fiesta del cine debería hablarse solo de cine, porque corres el riesgo de olvidarte de los criterios de justicia, equidad y objetividad y no mencionar a las víctimas que sufren y que no están en la gran hermandad de las izquierdas.