El hipopótamo y la serpiente

El hipopótamo y la serpiente

(PD).- Para tratar de ver lo que nos pasa conviene contemplar la crisis quitándole todo cuanto tiene de global. Corremos el riesgo de que, consolados por el mal de muchos y centrados en los aspectos financieros de nuestro evidente retroceso económico, pasemos por alto un aluvión de problemas, no sólo de naturaleza económica, que arrastran y desmenuzan mucho de lo que, con esfuerzo, se había logrado levantar para, después de transitar de una dictadura a una democracia, hacer de España un país próspero y equiparable a los mejores de cuantos integran la Unión Europea, esa quimera que también corre riesgos de venirse abajo o, cuando menos, congelarse en una moneda algo menos que común.

El quinquenio de José Luis Rodríguez Zapatero -escribe Manuel Martín Ferrand en ABC– no ha seguido los vectores básicos que marcaron y mantuvieron sus predecesores en la presidencia del Gobierno. Suárez, Calvo-Sotelo, González y Aznar, cada cual a su modo, hicieron un gran trabajo para erradicar los odios acumulados en los últimos y desastrosos años de la II República, durante la Guerra Civil y a lo largo de la dictadura franquista, y, dentro del espíritu de la Constitución y sin ignorar la letra de su Título VIII, mantener un cierto sentido de cohesión nacional.

Zapatero ha preferido desenterrar a los muertos e inocular en nuestra convivencia un toquecito confederal. Ha roto el espíritu básico de la Transición y, lo que es peor, no lo ha sustituido por otra escala de valores y otros proyectos políticos y sociales. Además, la ruina. Para entenderle, y sin salirse de los límites de una columna periodística, viene a cuento el secreto para fabricar serpientes que, con sutileza liberal y finura de pensamiento, divulgó Salvador de Madariaga. «Se coge un hipopótamo -dejó escrito en sus Memorias- y se le pone a calentar hasta que se ablanda, y luego se le hace pasar por una serie de agujeros de diámetro decreciente, abiertos en una gran plancha de acero, hasta que se quede reducido a una serpiente».

Por el momento nos hemos quedado sin hipopótamo y, como advirtió Madariaga, «si se abandona la operación antes de tiempo, sale un cocodrilo». La irresponsabilidad que supone el clientelismo como único sentido en el proceder de Zapatero, la ausencia de una firme política nacional -algo más que la suma de diecisiete políticas regionales- está llenando el territorio de cocodrilos. Famélicos cocodrilos. El paro no da para muchos alimentos.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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