NUEVO ESTADO DE ALARMA

‘El Enterrador’ Sánchez pretende ocultar 60.000 muertos bajo la alfombra de un estado de alarma perpetuo

Ni se inmuta. Ni un atisbo de perdón o de autocrítica.

La dejación de responsabilidades de Pedro Sánchez tras el fin del verano, apodado con justicia como ‘El Enterrador’ durante la primera ola,  ha obligado a Moncloa a tomar medidas ante el descontrol total de la pandemia.

El coste que tendrá este nuevo estado de alarma -el anterior expiró el pasado 21 de junio- causará enormes daños a una economía que no ve la luz del túnel desde comienzos de la pandemia.

La novedad de este estado de alarma es el toque de queda (Sánchez pide con gesto atribulado que le llamemos “restricción a la movilidad nocturna” para que no recordemos que vivimos bajo una dictadura) que se extenderá hasta el 9 de mayo de 2020 .

Supondrá un golpe letal para la hostelería, el sector al que este Gobierno ha decidido hacer pagar los platos rotos de la pandemia. Pese a ello, ha vuelto a reírse de los españoles al afirmar que «lo exigen los actores económicos para dar un horizonte de garantías de trabajo a las empresas y empleos».

Según la lógica de este Gobierno, los comerciantes de este país piden a gritos bajar sus persianas para luchar contra el virus. También lo pedían a gritos según las terminales mediáticas del Gobierno los presidentes de las CCAA.

No lo dirán por la presidenta del Govern balear, la socialista Francina Armengol, a la que han ‘cazado’ en el interior de un bar en el casco antiguo de Palma -el Hat Bar- a las 2.10 horas de la madrugada el pasado 7 de octubre de 2020 en plena vigencia de las restricciones por el virus.

Y lo afirma como si estuviera poseído por el espíritu de Winston Churchill: «La batalla va a ser dura, pero con disciplina social, unidad y moral de victoria lo vamos a lograr».

Como si esto fuera una catástrofe natural imponderable cuando la realidad es que los países asiáticos supieron atajarla a tiempo haciendo caso de las alertas sanitarias, a las que el psicópata de Fernando Simón hizo caso omiso.

Una medida excepcional que la Constitución diseñó con carácter provisional y coyuntura Sánchez la ha convertido en la única solución que con toda su caradura dice tomar bajo el consejo de los ‘expertos’ que sabemos que no existen.

Gracias a sus apoyos parlamentarios, el Gobierno evita tener que rendir cuentas ante los españoles por habernos llevado la desastre.

Lo mejor es que Sánchez se comporta «como si el principal problema de la nación fuese un contratiempo imponderable que le distrae de su trabajo rutinario», como apunta Ignacio Camacho en ABC.

«Sánchez se sentó a tocar la lira y a esperar como si no tuviera más propósito que aguardar al caos para rendir a las comunidades, chantajear al PP y erigirse de nuevo en ese salvador de la patria que tanto le gusta encarnar en sus comparecencias televisivas como telonero de los telediarios», dice El Mundo.

Este es el mismo Sánchez que, apurado por las elecciones vascas y gallegas, era capaz de dar al virus por derrotado y mandar a todo el mundo a disfrutar de la nueva normalidad.

Tampoco esperemos que pida perdón porque esa palabra no existe en su diccionario.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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