No hay día en el que se no se acumulen evidencias de negociación con ETA

Batasuna tiene un pie en las urnas

La banda terrorista se reunió con ERC la semana pasada

No vamos camino de una derrota de una panda de delincuentes, sino de un apaño político para jubilar a unos matones cansados de malvivir en zulos

No nos merecemos a un ministro que nos mienta. El autor de perlas como «el PSOE no quiere ver a ETA ni en pintura», y «el único contacto con ETA es cuando la Guardia Civil les pone las esposas». cuando desde el rubalcazo en Moncloa no hay día en el que se no se acumulen evidencias de negociación, confirmando lo que desde principios de año viene revelando La Gaceta, de forma detallada y exclusiva.

Ayer, el histórico batasuno, Tasio Erkizia, constataba que «hay vías de comunicación con el PSOE» y está «segurísimo» de que el entorno proetarra estará en las próximas elecciones. Y ya sabemos que ERC transmitió a Zapatero y Rubalcaba los planes de Batasuna.

Todo lo cual alimenta las peores sospechas respecto a los pactos secretos que esconde la negociación presupuestaria con el PNV. Resulta inconcebible en una democracia digna de tal nombre alusiones veladas como las de un presidente que dice que «los pasos de la izquierda abertzale no van a ser en balde»; o un ministro que asegura «no seremos ajenos a los mensajes de ETA».

¿De qué están hablando? ¿Por qué Zapatero impone la ley del silencio a los dirigentes del partido? ¿Qué tienen que ocultar? Como en toda negociación hay algo de teatro político y mediático. Así, el PSE asumiría la legalización de Batasuna si ETA utiliza la palabra «inexorable»; y El País, longa manus periodística de Rubalcaba, da por hecho que Batasuna ha reclamado a la banda el «cese incondicional» de la violencia.

La idea es transmitir al público que el pescado está vendido y que los asesinos van a plegarse a las peticiones de los abertzales, como si esto fuera poco menos que un regateo en el mercadillo. Nada más falso. Que ETA esté en apuros y vea en los comicios de mayo y la debilidad congénita de Zapatero una ventana de oportunidad para mutarse políticamente, no quiere decir que vaya a renunciar a sus objetivos de siempre. Nadie ha visto jamás ningún comunicado donde deje de hablar de una Euskadi independiente y socialista y renuncie a las metralletas.

Como es falso el cuento de una ETA buena y una ETA mala o que Batasuna sea algo ajeno a la banda, cuando el Supremo dejó claro que son las dos caras de la misma moneda. Es innegable que ETA está más débil que nunca, gracias a la labor de los Gobiernos de Aznar con la decisiva colaboración de Francia.

Una tenaza policial con la que, paradójicamente, ha tenido que ver posteriormente el superministro Rubalcaba, deteniendo terroristas y descabezando cúpulas. Esa parte de su doble personalidad merecería un aplauso si no fuera porque está supeditada al designio mesiánico de Zapatero de lograr una falsa paz, blanqueando a los proetarras. Un proyecto en el que el ministro del Faisán es parte sustantiva: para algo ha cogido las riendas del Gobierno en las postrimerías del zapaterismo.

Estando Batasuna prácticamente con un pie en las urnas, no vamos camino de una derrota de una panda de delincuentes, sino de un apaño político para jubilar a unos matones cansados de malvivir en zulos. Lo cual es una burla del Estado de derecho, y una afrenta a las víctimas del terrorismo.

En su insensato afán por pasar a la Historia como el presidente que resolvió lo de ETA «como sea», Zapatero pretende negociar con una banda en las últimas. Una torpeza e indignidad, que vendría a ser, salvando las distancias, como si el Ejército aliado se sentara a dialogar con la Wehrmacht, después de la batalla de las Ardenas, buscando una salida política a los criminales nazis.

Editorial publicado en La Gaceta

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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