El congénito aislamiento internacional de España

Rajoy emuló a ET en el G-20: «you speak english?»

A los candidatos a La Moncloa hay que exigirles idiomas

Rajoy emuló a ET en el G-20: "you speak english?"
Mariano Rajoy. TAREK

El corresponsal de El Mundo de Pedrojota en Asia olvidaba ayer, 19 de junio de 2012, la dichosa prima de riesgo, los intereses de la emisión de deuda del tesoro, la obsesión de Rajoy de seguir negando el rescate tres, mil veces, como Pedro a Jesús, la insistencia del G-20 para que España haga un streaptease integral express y el sermón de un Hollande que se ha venido arriba (más dura será la caída) y urge a Madrid para que ingrese formalmente en la piara de los PIGS, aunque nos reservemos la denominación de origen «pata negra» entre los países intervenidos.

Nada más saludable que la distancia, la tierra de por medio, para reflexionar sobre quiénes somos, de dónde venimos y cómo hemos llegado a éste punto los habitantes de un país del que nunca se había hablado tanto en el planeta, salvo que Nadal hiciese una de las suyas, Alonso diese dos campanadas en Fórmula Uno o ‘La Roja’ le demostrase al mundo lo que son capaces de hacer once españoles bajitos frente a once gigantes teutónicos u holandeses.

EN UN MUNDO GLOBALIZADO, HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE

David Jiménez, contemplando el occidente desde el oriente, ha simplificado y resumido el aletargado problema español partiendo de un principio elemental para la convivencia humana: hablando se entiende la gente. Incluso los líderes mundiales, que son de carne y hueso aunque a veces no lo parezcan.

Bajo el título de «No rescating for Spain«, este colega, al que por lo visto no le ha pillado la onda expansiva del ERE de Pedrojota, ha puesto el dedo en una de las llagas por las que lleva sangrando décadas la gobernanza española. Repasa las últimas etapas de sucesivos presidentes de Gobierno españoles y, sin detenerse en errores o aciertos técnicos ni disquisiciones de naturaleza ideológica, deja al descubierto el denominador común de un «talón de Aquiles»: ninguno de ellos hablaba el inglés. Aznar hizo el ridículo chapurreándolo con acento tejano, Zapatero despachó una trascendente pregunta a la salida del número 10 de downing Street con un «thank you» y Rajoy, que por lo visto sigue cursos acelerados del idioma de Shakespeare en los aviones (Rajoy últimamente es que está siempre en el aire, como su país, como su Gobierno, como su futuro), acude al G-20 como invitado, pero en las fotos aparece en un rincón, inerte y desubicado, con la apariencia de un florero marchito que ni siquiera contribuye al decorado.

EL AISLAMIENTO ESPAÑOL Y LOS TRADUCTORES

Esta es la aportación de nuestros gurús políticos al fenómeno asumido de la globalización. Entre nuestros presidentes y los presidentes de los Estados más poderosos de la tierra, siempre se interpone un traductor ocupado y preocupado por transmitir correctamente las palabras, pero incapaz de despertar la empatía de los giros, de los sentimientos, del humor, de las esperanzas y las amarguras de 46 millones de españoles.

Hemos pasado del aislamiento internacional del franquismo, al aislamiento idiomático. Como muy bien apunta el corresponsal de El Mundo, a los españoles les parece razonable que los camareros hablen inglés en el segundo o tercer país receptor de turismo en el mundo. Pero a nadie le tiembla el pulso a la hora de elegir en las urnas un candidato a presidente sin puñetera idea de inglés. Lo hablan los denostados pilotos de aviación, las azafatas, los taxistas de las zonas más solicitadas por los guiris, la inmensa mayoría de los 50 de cada cien jóvenes españoles que están en el paro. Pero, ¿qué importancia tiene que lo domine un candidato a presidente del gobierno? Lo importante es que sea «uno de los nuestros», al mezquino, fanático, interesado y pueblerino criterio de las aficiones de la dos Españas.

UN INTELECTUAL, UN POLÍGLOTA, UN DESCONOCIDO LLAMADO CALVO SOTELO

Adolfo Suárez se leía el elemental Samuelson en las largas noches de insomnio en La Moncloa. Felipe era un afrancesado que tenía el duende andaluz que embelesa a los anglosajones. Pero el único presidente de un Gobierno español que era políglota en toda la dimensión de la palabra, que dominaba el inglés, el alemán, el francés, el italiano y el portugués, fue Leopoldo Calvo Sotelo. No era el capricho de las nenas, nadie le gritaba «Leopoldo, capullo, queremos un hijo tuyo». En menos de dos años, digirió el golpe de Tejero que intentó frustrar su investidura, promovió el mayor acuerdo entre sindicatos y patronal de la reciente historia de España, pilotó contra viento y marea nuestro ingreso en la OTAN, protagonizo la etapa más fluida y más intensa de contactos entre un jefe del Gobierno y un jefe de la oposición y se desvaneció en la historia con la grandeza de la ironía.

Ni siquiera saben que existió la inmensa mayoría de las nuevas generaciones. ¿Saben cómo le pagamos los españoles, tan listos nosotros, sus servicios prestados, su dominio de los idiomas, su experiencia extrapolítica en Explosivos Riotinto, su excelencia cultural e intelectual (como se dice ahora en la jerga universitaria), su tolerancia y su talante, precoces en aquella España por la que todavía arrastraba sus cadenas por las noches el siniestro fantasma de franco…? Le enviamos a limbo parlamentario, al frente de 12 diputados de Unión de Centro Democrático y elevamos a Felipe a los altares, en pleno éxtasis colectivo.

VOTAR CON LA CABEZA: ESA ASIGNATURA PENDIENTE

Después, entramos de lleno en esta estéril etapa electoral «guerracivilista» y mitómana que ha instalado en La Moncloa a Aznares, Zapateros y Rajoys que andan por el mundo más perdidos que ET en los Estados Unidos de Spielberg.

Sólo el Rey, sutilmente, le hizo justicia nobiliaria otorgándole el título de Marqués de la Ría de Ribadeo (Cayetana de Alba, como no, tenía ocupado el título de Condesa de Ribadeo), con Grandeza de España.

La gran asignatura pendiente de los «nuevos ricos» demócratas españoles es empezar a elegir con la cabeza y dejar de elegir con el corazón, con el carné de partido en la boca, contra la derecha o contra la izquierda, en vez de elegir a favor de todos los españoles. Nos levantan un ídolo pagano, de barro, analfabeto en idiomas globales, en cualquiera de las factorías de poder a las que llamamos partidos, y entramos al trapo como «miuras».

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

Lo más leído