Carlos Carnicero – Los cimientos de ETA hacen agua


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

ETA es ante todo una organización mafiosa, jerarquizada y militarizada. La disidencia interna es una actitud de riesgo. El ejemplo más claro de lo difícil que es ser autónomo en ETA es el de Dolores González Cataraín, «Yoyes».

Su decisión de abandonar unilateralmente la violencia le costó la vida en 1986. Sus compañeros no temblaron al asesinarla. Fue un aviso pandillero que ha tenido vigencia hasta ahora mismo. Incluso Arnaldo Otegui ha desperdiciado los focos que le iluminaban a la salida de la cárcel para pedir a ETA el cese definitivo de la violencia.

No ha tenido coraje para ello, a pesar de que seguramente hubiera deseado hacerlo. El liderazgo exige valentía; Otegui no la tiene.

A pesar del monolitismo con el que se ejerce el poder en ETA, los cimientos de la organización se están moviendo. Hacía tiempo que en el colectivo de presos se sentían discrepancias. Ahora han eclosionado de una forma terminante. Llegan noticias también de que destacados militantes de ETA en el exilio acusan el cansancio que la muerte también promueve en quienes la ejercitan.

El asunto es muy sencillo y debieran tomar nota de él los dirigentes políticos: en la medida en la que el entorno sociológico y político de ETA y sus propios militantes se convenzan de que sus pretensiones políticas no tienen ninguna posibilidad de éxito, el cansancio de la clandestinidad y de la cárcel hará mella en ellos.

Cada vez que se apunta el convecimiento de que el final de ETA será dialogado se refuerzan las posiciones de los sectores más duros. Hay más de seiscientos presos de ETA que suman miles de años de cárcel.

Han sentido como en el último proceso de negociación la dirección de la banda terrorista no ponía encima de la mesa una atenuación de su condena como precio de la negociación. Ahora, cerradas las puertas de cualquier acuerdo distinto de la rendición, tras el brutal atentado de Barajas, en las paredes de cada celda los presos hacen muescas con los días transcurridos en presidio.

Si la unidad antiterrorista se muestra sólida, si se traslada a la organización criminal que su único horizonte es la cárcel para el último de sus militantes, el final de la violencia está asegurado y la fecha no será muy lejana.

Carlos Carnicero

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