Fernando Jáuregui – La oposición que tenemos.


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

Este sábado es el día en el que la ex ministra de Defensa, Carme Chacón, se presenta, al fin, en el pueblo andaluz de sus ancestros, como candidata a la secretaría general del PSOE en el congreso del partido que se inicia dentro de un mes en Sevilla. Alfredo Pérez Rubalcaba ya lo hizo hace algunos días, y parece dudoso que pueda darse una «tercera vía», por más que algunos alcaldes hayan tratado de fomentar otra candidatura, para la que se pensó en el alcalde de Toledo (pero no diputado), Emiliano García-Page. Así que todo indica que el duelo por el control del principal partido de oposición, con toda la fuerza y alcance que aún le queda, se limitará al veterano, experimentado y derrotado en las pasadas elecciones generales, ex vicepresidente del Gobierno con Zapatero, frente a la bastante joven y relativamente poco conocida -pese a su paso por dos ministerios; sus declaraciones han sido más bien escasas- Carme Chacón, apoyada por el socialismo catalán y por significativas, pero parece que minoritarias, fracciones del socialismo madrileño.

En principio, podría pensarse que el veredicto de la militancia en febrero tendrá como favorito a Rubalcaba, aunque la cosa puede dar muchas vueltas: recuérdese lo que le ocurrió al entonces «oficialista» Joaquín Almunia en sus primarias frente al teórico perdedor Josep Borrell. Lo cierto es que Rubalcaba no se la quiso jugar en su momento en unas primarias frente a Chacón, e incluso amenazó al entonces presidente y aún hoy secretario general del PSOE, Zapatero, con organizar un considerable alboroto interno y externo si esas elecciones se llevaban a cabo. Finalmente, entre conatos de sollozo, la que era ministra de Defensa anunció que renunciaba a presentarse, pero el cisma, entre dos personas cuyas relaciones han pasado por muchas fases, estaba servido.

Hoy, lo cierto es que los programas con los que ambos parecen concurrir al congreso federal socialista son bastante similares: ninguno de los dos puede dar un paso atrás respecto de lo que el otro ofrece ahora -pero no lo hicieron antes- en cuanto a apertura y flexibilidad para la militancia, facilidad para celebrar elecciones primarias multitudinarias… «Si se hubiese propuesto antes ese programa, si se hubiese imitado a los socialistas franceses en las primarias ejemplares que ellos celebraron, quizá el resultado de las elecciones generales del 20 de noviembre hubiese sido bastante diferente; pero, claro, se aplicaron las fórmulas de siempre, la cerrazón de siempre, se pusieron las zancadillas internas de siempre, y pasó lo que pasó». El comentario pertenece a un destacado socialista, ya un histórico, que ha ocupado importantes puestos en el socialismo madrileño y en la Administración de Zapatero. Ocurre que ese destacado militante, interlocutor de quien suscribe, no ha sido invitado a asistir a ese congreso, ni, en el caso de haberlo sido, hubiese aceptado, asegura. Simplemente, parece haberse desinteresado de la marcha de la histórica formación de Pablo Iglesias. Como tantos otros.

Quienes conocen la historia de las relaciones entre Rubalcaba y Chacón, las cosas que ocurrieron en el pasado -hechos que adquirieron relevancia política, no meramente personales, y a los que los medios, no obstante, han otorgado un inevitable respeto-, no creen que la victoria de uno u otra para la secretaría general vaya a dotar al PSOE de la voluntad renovadora suficiente como para remontar lo que parece que van a ser años de travesía del desierto. La etapa Zapatero ha dejado al PSOE anémico, desmotivado, desilusionado. Y ahora, muchas de las novedades que, en cuanto a ideas e iniciativas, se presenten ante el congreso sevillano, o bien serán ejecutadas por el Gobierno del PP o tendrán escasa credibilidad: ¿por qué no se hicieron cuando se podían hacer? Esta es la pregunta que, fatídicamente, hundió la campaña de Rubalcaba en las generales y la sombra maligna que le persigue, y que se proyecta también sobre Chacón, pese a su juventud y a no haber estado tan involucrada como su competidor en el trayecto de ZP.

Cada uno de los dos contendientes por el liderazgo de ese PSOE desanimado tiene sus luces y sus sombras: se trata de dos personajes honrados, que han dado mucho de sus vidas por el partido que ahora quieren liderar. A Chacón algunas quieren verla implicada en el mundillo de los negocios, por sus connotaciones familiares; a Rubalcaba, en el ansia de poder puro y duro, dado que, al fin y al cabo, no conoce otra cosa. Uno aparece más brillante, más preparado, con mayor veteranía, que la otra; pero ella carece de demasiadas connotaciones -más allá de sus pertinaces silencios ante la prensa- peyorativas en su paso por la gobernación del país.

Es de temer que este congreso del PSOE, precedido por absurdas guerras de comunicados y documentos, carezca, de lejos, del interés que tuvieron aquellas elecciones primarias francesas que ganó en octubre François Hollande frente a Martine Aubry. Y es que en Francia el socialismo es más atractivo por muchos (y evidentes) conceptos. Además, los franceses pueden ganar unas elecciones, mientras que sus correligionarios españoles parecen cada vez más alejados de cualquier expectativa cercana de poder.

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