Rafael Torres – Al margen – Lo perpetuo no existe.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Salvo la muerte y la estupidez humana, no hay nada perpetuo. Lo descubrí de niño al enterarme de que hasta las sepulturas perpetuas se removían a los noventa años. Sin embargo, unos tipos ingeniosos de la banca inventaron un producto que decían que era perpetuo, y que consistía en que ciertas instituciones y entidades más o menos oscuras les entregaban dinero para, a pachas con ellos, emplearlo en la especulación y el cambalache. Algo debieron olerse en España esas instituciones y entidades, seguramente la podre que emana de lo perpetuo, que dejaron de emplear las perras en esos cromos del más allá, y entonces a los tipos ingeniosos de la banca se les ocurrió que lo mismo, engañando un poco, se los podían endilgar a los pequeños ahorradores particulares. Y lo hicieron impunemente. Y el resultado es el que vemos: en el caso de Bankia, que retiene más de 3.000 millones de los ahorros de sus clientes, gente humilde y mayor en la mayoría de los casos, tenemos que el Gobierno es cómplice todavía del ilícito, de la brutal exacción, del delirante despojo, por mucho que Rajoy, que como siempre ha hablado sin concretar nada, haya venido a decir que sí, que las llamadas Participaciones Preferentes son todo eso.

En Inglaterra, Alemania, existen Participaciones de esas, pero las llaman por su nombre, Perpetuas, Participaciones Perpetuas, y no, para llamar a engaño desde la propia denominación, Preferentes. El nombre crea la cosa, y aunque lo perpetuo, en puridad, no existe (salvo la estupidez humana y la muerte, como queda dicho), se encarna en esos países serios en el producto especulativo de marras. Aquí, sin embargo, se comercializaron como si fueran unos depósitos o imposiciones a plazo fijo para clientes «preferentes», con lo que eso mola, que le prefieran a uno, ocultando minuciosamente, salvo en el contrato ininteligible para un profano en la materia, que la combinación consistía en que el banco se quedaba con el dinero para la eternidad, para siempre. Para redondear el negocio, se cambiaron las reglas a la mitad del partido (desaparición del mercado donde podían venderse, suspensión del abono de intereses…), y todavía andan Goirigolzarri, y De Guindos, y Rajoy, en eso, alimentando ese laberinto que está enfermando, humillando y ofendiendo a tanta gente.

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