De veraneo – La masonería que defiende Mario Conde. (y III)


En el siglo XVIII, extinguida ya la logia de Estrasburgo, toma cuerpo en Londres la masonería simbólica o especulativa que, salvo el nombre, nada tenía que ver con las fraternidades gremiales, aunque sí tomó de las diferentes ideologías gnósticas la concepción de la dualidad, el corpus mitológico, legendario y simbólico, más otras leyendas medievales relacionadas con los rosacruces y los templarios, todo ello enmarcado en el periodo histórico de las Cruzadas. Que esto fuera así, tampoco se sostiene históricamente, pero es que en la masonería no existe historia sino mito e invenciones creadas para demostrar que es la transmisora de la verdad única. (Los Templarios siempre estuvieron rodeados de una aureola de misterio y leyenda. Sin ninguna base histórica se les considera poseedores de conocimientos ocultos traídos de oriente, idea fomentada por los enemigos de la Iglesia. Esta fue culpada injustamente de la condena a muerte en la hoguera del último maestre del Temple, Jacques de Molay, tal como demuestra el documento denominado Pergamino de Chinon, de 1312. Este documento era un borrador y nunca se promulgó. Nunca existió validación jurídico-canónica de este documento. Por tanto, el papa Clemente V no tuvo nada que ver en la condena a la hoguera de Jacques de Molay. El Vaticano publicó un documento en el 2007 que incluye las actas del Processus contra Templarios. (Se puede acceder a la información a través de internet en la página del Vaticano).

Es casi imposible seguir la pista de la masonería en línea recta, pues después del siglo XVI nos encontramos con varias ramas instaladas en diferentes lugares, que luchaban por ser la más antigua y, por tanto, la original. No vamos a entrar aquí en las luchas políticas libradas en Inglaterra en los siglos XVII y XVIII en las que estuvo implicada la masonería, o mejor dicho las masonerías, es decir, logias que defendían intereses distintos, como es el caso de la simbólica o jacobita, del norte y la hannoveriana, o del sur. Esta división fue aprovechada por miembros no masones para infiltrarse y colocarse bajo el sol que mejor calentaba en aquel momento. La masonería simbólica se constituyó el 24 de junio de 1717 con la creación de la Gran Logia de Londres, hecho que tiene como causa la escisión surgida tres años antes por la llegada de Jorge I, protestante, de la dinastía extranjera de los Hannover al trono de Inglaterra, tras ser eliminado Jacobo Francisco, católico, último heredero de los Estuardo. Con la logia de Londres, a la que se habían unido previamente personajes no masones y miembros de la Royal Society –así se ponía fin a la desconfianza de la monarquía hacia la secta—, con ambición de medrar, se inicia la masonería moderna, la protestante, que arraiga en Inglaterra, mientras la tradicional jacobita se expande por el continente europeo, dejando un pequeño reducto en Escocia. (Según los historiadores, es más fiable el relato escocés que el inglés). Al final, mediante traiciones y chantajes, la masonería especulativa de Londres acabaría por fagocitar a la facción católica. Una vez instalada en Inglaterra se extendió al resto de Europa y consiguió infiltrarse en las logias jacobitas del continente –para dirigirlas—, en el clero, en la alta sociedad, en la nobleza y en las casas reales, sobre todo en Inglaterra donde la autoridad suprema de la Iglesia es el Rey. El duque de Montagu fue el primer Gran Maestro.

La Gran Logia de Londres recopiló las tradiciones y la documentación existente y creó todo un cuerpo de doctrina que sería a partir de ese momento su norma de actuación. Si en la antigüedad los masones estaban obligados a practicar la religión oficial de los países donde vivían –como una táctica para pasar inadvertidos—, las Constituciones señalan que el credo religioso sea libre y abogan por un teísmo sincrético. Anderson toma como base el texto de la carta de Aprobación basada en escritos antiguos pero suprimió la invocación a la Trinidad y las referencias a la fe cristiana. Los masones actuales, cuando se les tilda de ateos y laicistas suelen aludir al texto de dicho documento: “… un masón, si entiende correctamente el arte, nunca será un ateo estúpido ni un libertino irreligioso”. Proclaman la idea de “ciudadanía universal”, base para lo que dos siglos después devendría en el Nuevo Orden Mundial e introducen el concepto de “obediencia masónica”, clave para su supervivencia y poder. A partir de la de Londres, en el siglo XIX se constituye la Gran Logia Madre de la Masonería, tal como se conoce hoy, y una logia superior formada por una jerarquía minoritaria denominada “Emulation Lodge of Improvement”, que fija las directrices y políticas a seguir.

La Masonería siempre estuvo en la política activa e incluso en la Iglesia. Muchos hechos de importancia decisiva en la historia del mundo se gestaron en las filas de los masones: la revolución francesa, la americana, la rusa, la independencia de las naciones centro y sudamericanas –precedidas de sangrientas guerras—, el nazismo o la aniquilación del Imperio español son algunos ejemplos. No se entiende la historia de Estados Unidos sin la actuación de la masonería. Un país surgido de la nada que tras exterminar a los indios y diezmarlos con pestes, en dos siglos regiría los destinos del mundo, gracias a sus presidentes masones y a la ayuda de gobiernos masónicos, el de Francia y el de España, entre ellos. En España, siguiendo el cumplimiento de la prohibición del papa Clemente XII sobre la masonería, aún no se había instalado. Esto no se produciría hasta unas décadas después con la invasión napoleónica. Napoleón fusionó las dos facciones de la masonería francesa: el Gran Oriente y el Rito escocés. Su hermano, José I, alias Pepe Botella, fue elegido Gran Maestro del Gran Oriente, antes de ocupar el trono de España. Sin embargo, ya había masones actuando en la sombra.

El Conde de Aranda, ministro masón de Carlos III, al que por cierto, siempre cita Mario Conde –y para bien—, le envía en 1783 al Rey una Memoria secreta sobre América , refiriéndose, claro está, a Estados Unidos, de la que extractamos estas palabras: “Esta república federal ha nacido pigmea, por decirlo así, y ha tenido necesidad de apoyo y de las fuerzas de dos potencias tan poderosas como la España y la Francia, para conseguir su independencia. Vendrá un día en que será un gigante, un coloso temible en esas comarcas. Olvidará entonces los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y no pensará más que en su engrandecimiento. […] Dentro de algunos años veremos con mucho dolor la existencia amenazadora del coloso de que hablo. El paso primero de esta potencia, cuando haya llegado a engrandecerse, será apoderarse de las Floridas para dominar el golfo de México. Después de habernos hecho de este modo dificultoso el comercio con la Nueva España, aspirará a la conquista de este vasto imperio, que no nos será posible defender contra una potencia formidable, establecida sobre el mismo continente, y a más de eso limítrofe”. Curiosa la facultad clarividente del Conde de Aranda, que traicionó al rey Carlos III, que no era masón, como se desprende de su catalogación de la secta como “grandísimo negocio” y “secta perniciosa” enemiga del Imperio español. Entre otros disparates masónicos el Conde de Aranda consiguió intrigar para que se eliminase la Orden de los Jesuitas.

Los masones se presentan como defensores del humanismo, la justicia y la libertad, en contraposición a la “presión” de la Iglesia sobre los individuos, sobre todo en determinados periodos oscuros. Pero a menudo, muchos de los que entran en sus filas, acaban desengañados, como el gran Gaspar Melchor de Jovellanos que, tras conocer los entresijos y las acciones de la secta, escribía alrededor de 1910 estas esclarecedoras palabras: “Una secta feroz y tenebrosa ha pretendido en nuestros días restituir los hombres a su barbarie primitiva, disolver como ilegítimos los vínculos de toda sociedad y envolver en un caos de absurdos y blasfemias todos los principios de la moral natural, civil y religiosa. Semejante sistema fue aborto del orgullo de unos pocos impíos, que, aborreciendo toda sujeción y dando un colorido de humanidad a sus ideas antisociales y antirreligiosas, enemigos de toda religión y de toda soberanía y, conspirando a envolver en la ruina de los altares y de los tronos todas las instituciones, todas las virtudes sociales, han declarado la guerra a toda idea liberal y benéfica, a todo sentimiento honesto y puro. La humanidad suena continuamente en sus labios, y el odio y la desolación del género humano brama secretamente en sus corazones”.
Este texto escrito hace dos siglos, cobra especial actualidad estos días en los que un laicismo agresivo trata de imponerse en la sociedad.

La masonería actual está impregnada del espíritu del luciferino de Albert Pike, por cierto, condenado por traición y fundador del ku-klux-klan. Pike interioriza la ideología gnóstica expresada por los cabalistas, los maniqueos y el paganismo precristiano y mitraico. Insiste en la adoración a la naturaleza, en especial al Sol y establece que Lucifer es el portador de la luz, personificado en el Baphomet. Así dice en su obra Moral y dogma: “¡Lucifer, el portador de la luz! ¡Extraño y misterioso nombre que da al espíritu de las tinieblas¡ ¡Lucifer, el hijo del amanecer¡ ¿Es aquel quien carga la Luz y con su intolerable esplendor, debilidad ciega, sensual o alma egoísta? ¡No lo dude! Pues tradicionalmente están llenas de Revelación Divina e Inspiración: Inspiración no es una Edad ni tampoco un credo. Platón y Filón también fueron inspirados”. Para negar la doble naturaleza de Jesús arguye que “la luz no se puede unir con las tinieblas, pero adoptó la apariencia del cuerpo humano y tomó el nombre de Cristo el Mesías, solo para acomodarse a sí mismo al lenguaje de los judíos. Él solo sufrió en apariencia”. ¿Y hay quien se atreve a decir que se puede ser católico y masón?

Queda patente que a lo largo de la historia, los gnósticos han reaparecido de manera más o menos velada o bajo diversos sellos y ha habido personajes influyentes al servicio de esta ideología que en la actualidad impregna no sólo los hechos relevantes de la política mundial, sino lo más elemental de nuestra vida cotidiana. Hoy el espíritu gnóstico está presente en la actual masonería y en las sectas e iglesias milenaristas auspiciadas por los illuminati, los bilderbergers, y en la cima de todo, la gran sinarquía iluminista, auténtica artífice del diseño de la configuración de la nueva sociedad o, dicho de otro modo, del Nuevo Orden Mundial.

¿Y por qué estas sectas odian a la Iglesia? La Iglesia fue perseguida desde sus inicios. La base del catolicismo son las enseñanzas de Cristo, al alcance de todos en los Evangelios. Frente a la falacia del gnosticismo, de que sólo se salvan los elegidos o los que alcanzan el conocimiento, según cabalistas y masones, Cristo nos dice que todos los hombres somos iguales y que todos nos podemos salvar siguiendo su mensaje. El catolicismo es una religión liberadora, en teoría y en la práctica. Frente a los símbolos y teorías cabalistas, el Sermón de la montaña y las Bienaventuranzas muestran el auténtico mensaje de Jesús.

Hemos querido hacer este pequeño enunciado de las sectas de los primeros siglos del cristianismo a partir de los gnósticos para hacer más comprensible el fenómeno de la masonería, las sectas y el laicismo agresivo que se está implantando en el mundo. A este respecto, cito las acertadas palabras que Juan Pablo II escribió en 1994 en su libro Cruzando el umbral de la esperanza: “Cuestión aparte es el renacimiento de las antiguas ideas gnósticas. […] No debemos engañarnos pensando que este movimiento pueda llevar a una renovación de la religión. Es solamente un nuevo modo de practicar la gnosis, es decir, esa postura del espíritu que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios acaba por tergiversar su palabra sustituyéndola por palabras que son solamente humanas. La gnosis no ha desaparecido nunca del ámbito del cristianismo, sino que ha convivido siempre con él, a veces bajo la forma de corrientes filosóficas, más a menudo con modalidades religiosas o pararreligiosas, con una decidida aunque a veces no declarada divergencia con lo que es esencialmente cristiano”. Por si quedaba alguna duda.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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(17/08/2012)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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