Victoria Lafora – Resistir hasta la asfixia.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Si algo se repite en la gestión de Mariano Rajoy al frente del Gobierno son sus maniobras de dilación ante decisiones que afectan al bien común para no dañar las expectativas electorales de su partido, el PP.

Comenzó su andadura retrasando injustificadamente la aprobación de los presupuestos generales del Estado para que los durísimos recortes en el gasto no perjudicaran las aspiraciones de Javier Arenas en Andalucía.

Arenas, aunque gano las elecciones, perdió, y los presupuestos nacieron muertos porque los recortes previstos se quedaron cortos ante el deterioro de la situación económica.

De nada sirvieron las presiones de los dirigentes europeos, que contemplaban estupefactos cómo se posponían las cuentas del Estado ante un interés partidista cuando ya estábamos al borde de la hecatombe.

Rajoy es un hombre tranquilo, tiene cierta tendencia a dejar que los problemas se solucionen por sí solos, a no tomar decisiones en caliente, a dejar enfriar el debate.

Posiblemente en otras circunstancias políticas esa falta de vehemencia hubiera sido una virtud en un país tan pasional. Ahora su indecisión, o su calculada dilación para proteger intereses de sus siglas, puede provocar un futuro no frío, helador.

Dado que la petición del segundo rescate puede ser un misil en la línea de flotación de su apoyo electoral ha obligado al presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, a adelantar los comicios al 21 de octubre. Con la esperanza de que para esa fecha todavía no se haya producido la temida intervención.

Es posible que a Feijóo le pase lo que a Arenas. Pero, mientras tanto, los impagos de la administración a colegios concertados, centros de atención a mujeres maltratadas, farmacias, laboratorios que suministran material quirúrgico a hospitales, etc. van a seguir.

Si los fondos europeos se necesitan, salvo que se quiera obligar a cerrar mas empresas de las que hasta ahora han fenecido por los impagos de los ayuntamientos, pídanse.

Hágalo ya Sr. Rajoy, que ni los europeos van a tragar con sus condiciones de «sí, pero no», ni los españoles se van a creer que estamos solo «un poquitito intervenidos».

Si hasta Artur Mas se ha comido el orgullo y ha reconocido que necesita ayuda de Madrid porque le devoran las deudas. Eso sí, echando la culpa de su penosa situación financiera al resto de los españoles y advirtiendo que no tolerara injerencias políticas; como si al firmar una hipoteca no hubiera que tragar con las condiciones del banco.

Aquí vamos de hidalgos, arruinados, pero con honra. Los pragmáticos europeos del norte contemplan con estupor como se pierde el tiempo para que no se note que somos pobres, rematadamente pobres.

Todavía el ministro De Guindos sigue consolando al personal diciendo que solo se van a «coger» sesenta mil millones de euros del primer rescate, el bancario, que aun no ha llegado. Cual si fuera de vital importancia ante tan descomunal préstamo un millón arriba o abajo.

Déjense de proteger intereses partidistas y tomen decisiones eficaces para sacar este país de la crisis como habían prometido en campaña electoral, aunque ahora ya no se acuerden.

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