A vueltas con España – Pendientes de la reforma fiscal.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Se habla poco del tema pero este es el año de la reforma fiscal. Objetivo: recuperar la recaudación, ya que el Estado se financia con dificultades, de ahí su déficit público y el constante aumento de la deuda acumulada, que sube como la espuma. De esa reforma también dependerá el reparto de la futura financiación autonómica, por ahora aparcada.
¿Qué es lo que ha cambiado de fondo entre los buenos tiempos y la actualidad? Básicamente, el Impuesto de Sociedades, que es junto con el fraude donde está el verdadero problema fiscal español, aunque pocas veces se dice.
Si la reforma fiscal se hace bien, es de suponer que -al fin- se le meta mano a la economía sumergida, en niveles impropios de un país desarrollado: un 22,8% del PIB en el período 1999- 2010. En consecuencia, el fraude es una de las cosas que más alteran la progresividad real del sistema tributario, ya que provoca una redistribución peculiar desde quienes contribuyen honradamente hacia los que defraudan.
Pero no soñemos. Si se acabase con la economía sumergida y el dinero b, poca reforma fiscal habría que hacer, pero como a lo sumo solo se va a reducir unas décimas, hay que ir pensando en las reformas de los grandes impuestos: IRPF, IVA, Especiales y Sociedades. Es decir, que habrá personas y empresas que van a pagar más.
A sabiendas de que la economía española necesita una profunda reforma fiscal, lo que está en juego es el reparto de las nuevas cargas, para lo que sería de desear un pacto entre la izquierda y la derecha, de modo que se alcanzara una reforma equilibrada. Sin embargo, parece improbable que haya acuerdo. Con quien sí tendrá que pactar Rajoy es con Bruselas, obsesionada con que no baje la recaudación. No vaya a ser que los españoles no devuelvan lo que se les prestó.
De momento, los últimos ajustes fiscales recayeron en los más débiles, que están en el paro y no siempre con cobertura, y en la clase media, asomada a una caída generalizada de ingresos, tanto por la subida del IVA y del impuesto de la renta como por las rebajas salariales que van llegando con la reforma laboral. Las rentas de capital ya tienen menos motivo de queja.

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