Cayetano González – Hay tiempo


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

El sonoro portazo dado por Podemos la pasada semana tras la reunión a tres con el PSOE y Ciudadanos, ha dado pie a que todos los análisis apunten a presentar la repetición de las elecciones el domingo 26 de junio como la única salida posible. Sin embargo, tengo para mí, que en estas dos semanas reales que quedan para apurar hasta el máximo el plazo legal establecido antes de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones, pueden pasar todavía muchas cosas.
Puede pasar que Pedro Sánchez, sabedor de que esta puede ser su única oportunidad para llegar a la Moncloa, haga de su capa un sayo y se lance desesperadamente al único acuerdo posible para lograr su investidura y que no es otro que dejar a un lado su pacto con Ciudadanos y negociar otro con Podemos, IU, el PNV que además necesitaría la abstención de los nacionalistas catalanes de ERC y de Democracia y Libertad, la antigua Convergencia. Es algo muy complicado pero no imposible y, sobre todo, lo que puede remover los obstáculos para alcanzarlo es que ni al PSOE ni a Podemos les interesan nuevas elecciones ante el riesgo real, según señalan la mayoría de las encuestas conocidas en las últimas semanas, de que no solamente no mejoren sus resultados del pasado 20-D, sino que incluso los empeoren.
Puede pasar que Rajoy se decida por fin a mover ficha y le llame a Pedro Sánchez para volver a ofrecerle un gobierno de gran coalición PP-PSOE con medidas de gran calado a tomar por el nuevo ejecutivo que difícilmente pudieran ser rechazadas por los socialistas. Pero para que ese ofrecimiento tuviera alguna posibilidad de llegar a buen puerto, es decir, para que el PSOE lo pudiera apoyar, sería casi imprescindible que Rajoy diera un paso al lado y permitiera que ese ejecutivo estuviera presidido por otra persona de su partido. Algo altamente improbable, aunque si se mira a Cataluña también lo era que Artur Mas renunciara, para conseguir el apoyo de la CUP, a ser Presidente de la Generalitat y al final, en el último segundo del último minuto, lo hizo y hoy el jefe del gobierno catalán se llama Carles Puigdemont.
Si ninguna de las dos posibilidades descritas anteriormente sucedieran, entonces no habría otra que ir a unas nuevas elecciones, con un doble alto riesgo: que los resultados de unos y de otros no variaran sustancialmente y que por tanto se volviera a la situación de ahora pero con el agravante de haber perdido muchos meses. Y en segundo lugar, que los ciudadanos, hartos de que los políticos no sepan o quieran hacer sus deberes, se queden en su casa y no vayan a votar. Ambos riesgos están ahí y la única manera de evitarlos es que en estos quince días que quedan, se consiga un acuerdo y se forme un gobierno. Tiempo hay; otra cosa es que se logre.

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