Fermín Bocos – La caída de Conde


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Mario Conde vuelve a las andadas. Está detenido y la policía registra sus propiedades. La Fiscalía llevaba meses investigando supuestas operaciones de repatriación de fondos procedente de Suiza. Las autoridades sospechan que serían dineros de los que se apropió ilícitamente a final de los años ochenta del siglo pasado cuando era presidente de Banesto. El Tribunal Supremo le condenó a 20 años de prisión por delitos de apropiación indebida, estafa y falsedad documental. Cumplió once. Tras abandonar la cárcel volvió a crear algunas empresas y desde una plataforma de radio y televisión dedicó mucho tiempo a predicar ética empresarial y corrección política. El mismo canal, por cierto, que difundía parecidos exordios en boca de Francisco Granados, ex secretario general del PP de Madrid hoy en prisión por presuntos delitos aflorados en el transcurso de las investigaciones sobre la trama «Púnica».
Lleva el caso de Conde en la Audiencia el juez Santiago Pedraz y a él corresponde la última palabra sobre los presuntos manejos ilícitos del ex banquero a quien en esta fase de las indagaciones le asiste la presunción de inocencia aunque dada la relevancia social del sujeto parece pertinente destacar la insoportable hipocresía desplegada por el personaje. Pese a su turbio pasado financiero -en el juicio que determinó su condena a prisión quedó probado que había saqueado el banco que presidía dejando un agujero de 2.700 millones de euros- pontificaba muy a menudo sobre lo que había que hacer para sanear la maltrecha economía española. Recomendaba ajustes en materia laboral y recortar gastos. Es un caso que salvando las distancias recuerda al de Rodrigo Rato que cuando era vicepresidente y ministro de Economía exhortaba a los demás a pagar impuestos. Hoy sabemos que había encontrado la fórmula ventajista para que su patrimonio llevara, por decirlo así, una doble vida fiscal. Al igual que Conde, también era fama que Rato iba sobrado por la vida. Conde, también tentó suerte en la política. Afortunadamente sus paisanos gallegos le dieron la espalda. Un favor que les debemos el resto de los españoles.

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