Resulta desolador contemplar cuanta gilipollada, cuanta irresponsabilidad, cuanto egoísmo y cuanta mamandurria hay en la política española. Todo es dividir, partir, separar, enfrentar de nuevo a españoles contra españoles y crear reinos de taifas para apropiarse y gobernarlos.
Como teníamos poco con el separatismo catalán, vasco y gallego, hemos creado y alimentado el navarro, el balear y el valenciano con financiación de los secesionistas vascos y catalanes y el impulso contraventor del PSOE y del PP. Y ahora vamos a por las Comunidades sin mácula impulsando su ruptura y separación, creando Teruel Existe, Soria Ya, Por Ávila, el Conceyu País Llionés y otras gilipolleces que solo buscan la separación, el desafío y salarios públicos para malnacidos. Insultantes e indignas mesas de diálogo de tú a tú entre el Gobierno central y uno regionalista, separatista, corrupto e inepto.
Una mesa calificada con toda razón por La España que Reúne, Impulso Ciudadano y S’ha Acabat como la “mesa de la exclusión y de la mentira” porque en ella no están representados todos los catalanes y “solo es una herramienta de división y de creación de desigualdades entre los ciudadanos”.
Un país, España, con partidos regionalistas a troche y moche con mando en plaza y representación en las Cortes Generales, a donde para llegar a sus dos cámaras nacionales no es necesario presentarse en todas las circunscripciones y sacar un porcentaje mínimo de votos, sino en una sola y llevar la boina calada hasta la nariz.
Un país en donde son legales los partidos independentistas y filo terroristas y en el que los políticos que no acatan ni defienden la Constitución obtienen los mismos derechos y libertades que aquellos que la respetan y preservan.
Un país en el que se humilla lo español, a los españoles y a la Nación; en el que se quema, insulta, retira y esconde la bandera de todos, y en el que Carlos Saura, a sus 89 años, reconoce que “hay un fermento de guerra civil”.
Un país cuyas minorías resucitan dialectos no para relacionarse sino para separar, para levantar barreras lingüísticas, para incomunicar y de paso vivir de las subvenciones que su enseñanza obligatoria otorga. No importa que nuestro idioma común sea el segundo más hablado del mundo, una fabulosa herramienta de comunicación, relaciones e intercambios. Hay que perseguir al español, prohibirlo y zancadillearlo en casa para volver a la tribu.
Un país que cambia continuamente la toponimia para confundir, despistar y dividir.
Un país en el que herederos de ETA organizan impunemente homenajes públicos y callejeros a terroristas confesos condenados por asesinatos múltiples y reiterados, mientras miran para otro lado el gobierno de la Nación, el gobierno autonómico y los gobiernos locales. Menos mal, como ha recordado Jon Juaristi en la muerte de Joseba Arregui, que el militante y ex consejero del PNV sostenía que ETA ha deslegitimado para siempre el independentismo abertzale, como el comunismo y el fascismo deslegitimaron los totalitarismos. Habrá quienes sigan intentando imponer estas ideologías criminales, pero no son tipos decentes.
Un país en el que un presidente autonómico quiere volver a la España de 1839.
Un país en el que las fotografías y bustos oficiales del Jefe del Estado se retiran de los despachos y edificios oficiales o son puestos de cara a la pared.
Un país que consiente la ocupación ilegal de la propiedad privada, incluida la vivienda, y que los ocupantes se pavoneen ante la policía y ésta no pueda hacer nada hasta que, después de meses de pleitear en los tribunales, la justicia te permita recuperarla. Y cuando lo haces, lo que recibes es un basurero con los enseres destrozados y las paredes quemadas y embadurnadas de mierda.
Un país, España que ha dejado de ser patria común y camina a paso ligero hacia otra divisible. Atrás ha quedado el artículo 3 de la Constitución (“El castellano es la lengua española oficial del Estado…”), está en peligro el segundo párrafo del artículo 1 y corre riesgo el artículo 2. ¿Dónde están esos políticos recios, íntegros, fajados, patrióticos que defiendan la unidad de España y la vigente y democrática Constitución, deroguen leyes que nos enfrentan, impulsen otras para unirnos, acorralen a los secesionistas y cantonalistas y no dejen resquicios para los oportunistas? ¿Dónde?
JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL

