OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «La “decisión” de Sassari»

Pedro Manuel Hernández López: "La “decisión” de Sassari"

Aunque las cinco primeras sílabas son iguales, no se trata de la famosa película la “Decisión de Sophie”, estrenada en 1984, magistralmente dirigida por Alan J. Pakula y espléndidamente interpretada por la oscarizada Meryl Streep. Seguro que casi todos tuvimos ocasión de verla y la recordamos como una magnifica y emotiva cinta sobre la supervivencia en los campos de concentración nazis. Igualmente espero y deseo que esta otra decisión –la de la Corte de Apelación de Cerdeña– sea siempre recordada, aunque no les concedan a ninguno de los jueces que la componen el “óscar” a la mejor interpretación jurídica de un delito de sedición y malversación. Mucho me temo, que todo este montaje concertado a varias bandas, va a terminar como mucho en “agua de borrajas”.

España entera está pendiente de la decisión que deberá tomar el Tribunal de Apelación de Sassari –la segunda ciudad de la isla de Cerdeña (Italia) sita a 35 kilómetros del Aeropuerto de Alghero-Fertilia, donde ha sido detenido el expresidente de la “Generalitat de Catalunya”, Carles Puigdemont– por la “polizia” italiana en virtud de la orden de búsqueda y captura del Tribunal Supremo, emitida el otoño de 2017– acusado de “sedición y malversación de fondos públicos. Aunque la fecha del jueves, 23 de septiembre de 2021, debería pasar al calendario del Gobierno de España y ser mencionada en todos los libros de Historia, no creo que sirva de nada y para nada, puesto que me temo y me huelo que toda esta parafernalia catalonia-republicana e independentista está dirigida, manipulada y pactada de antemano, no solo por el Pere Aragonès (obsérvese que he colocado la tilde, a la izquierda, como corresponde a un noble apellido catalonio) de turno, sino por el propio presidente de España, ese que dijo en un rimbombante tuit –un 6 de noviembre de 2019, en un ya hemerotéquico mitin en Córdoba—que: “Nadie está por encima de la Ley. Puigdemont es un prófugo de la Justicia. Trabajaremos para que el sistema judicial español, con todas sus garantías, pueda juzgarlo con imparcialidad. La Fiscalía cuenta con el respaldo del Gobierno en la defensa de la Ley y del interés general” (sic)

El viernes 24 de septiembre de 2021, aunque a las 14 horas Puigdemont se encontraba detenido en la prisión de Bacali, en Sassari, previsiblemente debía ser puesto a disposición de dicho Tribunal, con competencia para decidir su puesta en libertad o la extradición a España para ser juzgado, como ya lo fueron sus conmilitones, “los doce del patíbulo del procès català”. Así mismo, la justicia italiana deberá –antes de resolver y pronunciarse sobre la entrega de Puigdemont—decidir si lo deja en libertad (como me temo que va a ocurrir, sí o sí, aunque los dioses traten de impedirlo y, no creo que estén por la labor), si le impone alguna medida cautelar (cosa que tampoco va a ocurrir) o si ordena su ingreso en prisión( solo de pensarlo me carcajeo a mandíbula batiente) teniendo muy en cuenta la cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), planteada por el juez instructor Pablo LLarena, sobre la interpretación de la “orden europea de detención y entrega” (OEDE) para países comunitarios.

Como todos imaginábamos nada de esto ha ocurrido. Para llegar a esta conclusión no ha hecho falta recurrir ni al futurólogo Rapel ni a la pitonisa Aramis Fuster. La Corte de Apelación de Sassari ha emitido una providencia ordenando la “liberación inmediata” del “molt honorable president” de la Generalitat, el Excmo. Sr. D. Carles Puigdemont i Casamajó”, sin ninguna medida cautelar y, por tanto –pese a que tendrá que volver a Cerdeña a declarar el próximo 4 de octubre—podrá seguir viajando libremente y a “tutiplén” por toda la Comunidad Europea. Aunque casi todos, por no decir, todos estamos pendiente de este batiburrillo político-jurídico-independentista, y estoy seguro que hemos oído lo que el “burlador de Catalunya” (que no de Sevilla, de Tirso de Molina) ha pronunciado al salir de la prisión, me tomo la libertad de repetirlo para que el Gobierno –que ha indultado al resto de sus patibularios y conmilitones compañeros del procès—lo recuerde y se le caiga la cara de vergüenza por el resentimiento, despotismo y prepotencia con lo que ha dicho y cómo lo ha dicho y, además, en catalán para escarnio, befa y pitorreo del respetable pueblo español: “Espanya no perd mai l´oportunitat de fer el ridícul”, ha declarat el molt honorable president… i Carles per als amics.

Como, aunque no seamos “catalonio-parlantes”, sino meros fachas españoles y castellanoparlantes –para más inri y a mucha honra—y creo que se entiende lo que ha dicho, no creo que sea necesario recurrir a ningún experto traductor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). No me he equivocado al elegir la infografía que ilustra este artículo y mucho menos con su mensaje: “Liberare il nostro presidente”. Al verla he tenido la sensación de un “dejá vu”, a modo de premonición, como si esa frase fuera un adelanto de lo que pocas horas después iba a suceder: ¡Libertad sin medidas cautelares e inmunidad intacta para el tal Puigdemont! ¡Qué malo es conocerse! y más teniendo en cuenta cómo se las gastan nuestros jueces comunitarios. ¡Leyes comunitarias aplico y tengo, que para mí ni quiero, ni aplico!

A pesar de la obligación de comparecer de nuevo en Cerdeña–que incluso ya se dice, se habla y se comenta “por” y “en” todos los burladeros periodísticos que será telemática—voy a exponer brevemente la cronología que, a mi corto entender, va a seguir el “Puigdemont-gate”, en el supuesto que la UE le retire la inmunidad parlamentaria como eurodiputado, y atendiendo a la orden del juez Llarena lo extraditen a España para ser juzgado. Si esto ocurriera, ¡ojo al dato!, los sucesivos pasos serían posiblemente los siguientes, como si de la “crónica de una excarcelación e indulto” anunciados se trastase:

1º. Extradición a España. Juicio en el Tribunal Supremo por el juez Llanera y demás jueces.

2º. Condena y pena de 9 a 13 años de cárcel por sedición y malversación de fondos públicos, como al resto de sus compañeros patibularios del “procès” (recuerden, pues se me había olvidado recomendarles, que deben pronunciarlo lo más catalanizado que les sea posible, es decir, “prusès”).

3º.En el peor de los casos, a los 3 años y 8 meses, más o menos, de estar en la cárcel, el magnánimo Pedro Sánchez, reunirá al Consejo de Ministros y –con su voz aterciopelada, pero con el poder del “macho alfa” (para eso es el presidente)– les dirá lo que, el pasado 25 de mayo, desde Bruselas nos recordaba a todos, al más puro estilo del bíblico Eclesiastés : “Hay un tiempo para el castigo y la venganza y, un tiempo para la concordia y el perdón y la generosidad” (sic) y, por tanto—sin necesidad de tener que pedirlo– todos votaran unánimemente el indulto para que el pobre e infortunado Carles no se sienta discriminado con respecto a sus compañeros del “procès” y pueda caer en una profunda e irrecuperable depresión política(una nueva forma subclínica de la depresión normal) y porque el ministro, ministra o ministre que se mueva no saldrá en la foto y, en la próxima remodelación(que presiento inminente) se irá a la puñetera “rue del percebe”, como en los tebeos de Pulgarcito.

4º. Al ser indultado y libre de todos los cargos, la inhabilitación para desempeñar cargo público también decaerá y, por lo tanto, podrá volver a ser “el molt honorable president” –no de la Generalitat de Catalunya—sino de la primera “República Independent de Catalunya”, bien por ocupación directa de su antiguo cargo y rango o bien por votación directa en unas elecciones catalonias anticipadas. (que también intuyo).

Es decir, casi en menos tiempo que tarda en persignarse un cura loco, este individuo, nacido en el pueblo de Amer (Girona, que no Gerona), habrá pasado –a lomos de un breve y nefasto “bucle histórico”— de ser presidente electo, a prófugo huido, reclamado e inhabilitado para el desempeño de cargo público por la justicia española, a ser un presidiario –primero extraditado y encarcelado, luego indultado y finalmente rehabilitado– para convertirse de nuevo en presidente. Si les soy sincero, me gustaría equivocarme al cien por cien. ¡No olviden esta premonición y ojo al dato! –como diría nuestro comentador deportivo, el butanito José Mª García–. ¡Hagan juego señores, pues se admiten apuestas!

Ante la agradable e inesperada noticia de la detención del prófugo Carles Puigdemont ¡ya era hora—me dije—y bravo por Italia! Menos mal que hay un estado miembro de la UE cuyo sistema policial y judicial es muy similar al de España y no como el de Alemania y los Países Bajos que han permitido que Carles Puigdemont lleve circulando libremente por toda Europa—como Perico por su casa—riéndose, no solo, del juez Llarena, del Tribunal Supremo, de todos los españoles juntos y, cómo no hasta del propio gobierno de Sánchez. Pero por si todo esto no fuera ya de por sí surrealista e intolerable –desde todos los puntos de vista jurídicos, éticos, políticos y sociales—viviendo, además, a cuerpo de rey con los honores, sueldo, boato y demás mamandurrias propias de un presidente de la Generalitat legalmente elegido.

Esta alegría ha sido muy efímera y se ha transformado en rabia, enojo e indignación al enterarme que la justicia italiana –al igual que la del resto de países europeos—nos la había colado por segunda vez y nos había vuelto a “dejar con el culo al aire y mirando hacia Cuenca”. No obstante, sin saber lo que posteriormente he sabido, esa noche ya me aventuré a pensar en las posibles repercusiones políticas y legales que este affaire iba a tener en el gobierno de Sánchez y en la futura y controvertida “mesa de negociación”, a dos bandas, entre el Gobierno de la Nación y el futuro gobierno independiente y separatista de la República de Catalunya.

La conclusión fue, que ninguna. Todo va a seguir igual y las Ramblas y centro de Barcelona seguirán siendo objeto de vandalismos, roturas de mobiliario urbano, saqueos de comercios, incendios de contenedores, etc., etc. por parte de los separatistas y, todo esto, cómo no, al ritmo y al compás de las estrofas de “Els Segadors”, el himno nacional de Catalunya.
Pese a todo este galimatías jurídico-europeo-español, el golpista y prófugo Carles, no ha resuelto su futuro próximo: tendrá que esperar, hasta el próximo lunes 4 de octubre, para saber si –su señoría el juez sardo, Salvatore Marinato– decide iniciar los trámites para su extradición a España. “Ma che cosa deciderà la giustizia italiana? Al momento, questo non si saprà. Ma questo, quando si saprà…? Questo non si sà”. ¿A que les recuerda a la canción de Iva Zanicchi “L´arca di Noé”?. ¡Pues, hala a disfrutar de la canción!. Aquí, en la España de Machado, en la “España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y de alma quieta”, todo es posible—aparte de en Graná—y todo “ha de tener su mármol y su día, su inefable mañana y su poeta”
Lo que decida la justicia italiana—que aunque de momento y al parecer no lo sabe nadie, ni siquiera ese respetado, distinguido, intachable y demócrata abogado que defiende a Puigdemont, un tal Gonzalo Boye, condenado a 14 años de prisión por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla, y hoy, acusado de blanqueo de capitales para el narco galego Sito Miñanco– será comunicado, presumiblemente, al Tribunal Supremo a primeras horas de la mañana del sábado. Quizás el flirtear con Rusia no haya sido una buena ocurrencia política de su astuto abogado. Al menos, los grandes estados de la UE así lo consideran y por eso el Parlamento Europeo haya acordado investigar dichas conexiones. La conexión con Rusia ha hecho que Europa recele de Puigdemont y de su independentismo por considerarlo ya como un verdadero problema.

Tras dos detenciones, fallos jurídicos contradictorios y una inmunidad parlamentaria en el aire, creo que ya va siendo hora de que Puigdemont deje de hacer el ridículo y sea extraditado a España a rendir cuentas. Por la unidad, democracia, libertad y por el bien, en general, de todos los españoles y del gobierno de España—que no el de Sánchez– esperemos que en esta ocasión “la balanza de la justicia europea” exprese la búsqueda de una evaluación justa, precisa y exacta sobre los hechos en cuestión y, a la vez, sea ciega para ser aplicada sin mirar la edad, raza, credo, clase social, sexo y nacionalidad del golpista e independentista Puigdemont.

Pero como diría nuestro madrileño dramaturgo y religioso mercedario fray Gabriel Téllez (1579-1648) –alias “Tirso de Molina”– por boca de Don Juan en su maravillosa obra “El burlador de Sevilla y convidado de piedra” y que espero se cumpla en esta ocasión :

“No hay plazo que no llegue/ ni deuda que no se pague. Mientras el mundo viva /no es justo que diga nadie: / ¡Cuán largo me lo fiais! /Siendo tan breve el cobrarse”-

Pedro Manuel Hernández López es médico jubilado y periodista.

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