OPINIÓN

Juan Pérez de Mungía: «Menos de lo mismo»

Juan Pérez de Mungía: "Menos de lo mismo"

Tras Casado, Feijóo. El primero tuvo la oportunidad, el segundo la esperó. El presidente que pudo reinar terminó por sucumbir tras una inconfesable estulticia, incapacidad para percibir el entorno político, inutilidad manifiesta para rodearse de un buen equipo y defenestrando o rechazando el apoyo de quienes le hubieran ayudado a tomar las riendas de La Moncloa.

Casado no es ni siquiera historia del partido postpopular y, ahora, viene el sustituto, aún soltero, que por tradición conserva la tilde arcaica sobre una «o» de su segundo apellido sobre el que recae el peso de su mamá. ¡Que máis se pode dicir do neno!.

Después de la trapallada del falso abulense Casado, más palentino que las Marzas de Carrión de los Condes, esos roscos dulces típicos de la Santa Semana, el galleguista de la estirpe gallega de Don Manuel Fraga Iribarne y del sucesor Don Mariano Rajoy Brey ha llegado a posar sus nalgas sobre el sillón dorado del partido, que a partir de ahora vuelve a los orígenes gallegos de Don Francisco Franco Bahamonte, como en el Viaje a la semilla como escribiría Alejo Carpentier. Una historia reversible del tiempo.

Al partido, le han temblado las canillas con el ruido de sables. Casado ha sido inmaduro al enfrentarse a Isabel Diaz Ayuso y, el pretor, experto lanzador de güitos, le ha acompañado en la desbandada, incluso Almeida que había hecho piña ha reculado. Hace falta ser ciego y todos los tuertos del PP se han dado cuenta que contar con semejante elenco no depararía buenas sorpresa electorales.

Las personas cambian, los políticos, nacen, crecen, maduran y mueren, es parte de la zoología del Congreso y Alberto Nuñez Feijóo uno más que tendrá que navegar entre dos aguas, contar con Abascal, como ha ocurrido en Castilla León, potencialmente en Andalucía y, sin embargo negar la evidencia de tener que contar, en un futuro, con Vox si aspira al trono de La Moncloa. Los números no mienten.

Como buen gallego es un funambulista, no sabemos si caerá al vacío, se agarrará al alambre si pierde el equilibrio o si el arnés de sus vasallos le rescatarán, pero los tiempos pintan cojos con el personal que le rodea, Cuca, Pons, entre los más conocidos. El problema no ha hecho nada más que comenzar. Lo primero que Alberto Nuñez ha anunciado es el apoyo a Sánchez, señal de que que no ha aprendido a identificar la diferencia entre un presidente de una patria y un sátrapa de una nación.

España tiene un problema grave, se llama Sánchez y, si no es capaz de percibirlo, vemos complicado el ascenso de Feijóo a los altares, la prueba del algodón la ha realizado con brillante osadía la popularmente amada Isabel Diaz Ayuso. Es la única que ha centrado sus esfuerzos en acertar en la diana política con el dardo de la palabra. Feijóo es menos de lo mismo, al igual que Casado está metiendo la pata hasta el cuezo y un caballo herido así siempre termina sacrificado.

Sánchez maneja todos los resortes de la comunicación, compra periódicos, periodistas, televisiones y presentadores, compra las necesidades humanas con cheques adolescentes, con ofertas masivas de empleo que el Estado, en plena revolución digital, no puede asumir porque el gobierno cabe en un móvil, como dice el ministro de Transformación Digital de Ucrania, Mykhailo Fedorov.

Sánchez solo tiene un propósito, él, los españoles somos sus circunstancias, la rémora con la que tiene que convivir. España es un obstáculo para su propósito de mantener el poder y los españoles pagarán con el sudor de su frente y la sangre de sus hijos el territorio baldío en el que crezca solo el yermo estropajo, esperemos que por lo menos sirva para limpiar los restos del socialismo.

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