Estos días se han producido nuevos atentados islamistas en Argelia y Marruecos mediante el método del suicida, una característica del terrorismo islamista, sobre todo de Al-Qaeda, que no aparece en los atentados del 11-M.
¿Cuál es el punto común entre los asesinos en nombre de Mahoma de Casablanca, Argel y Bagdad? Que no dudan en matarse para matar. Lo mismo hicieron sus hermanos en Bali, Nueva York, Casablanca (en 2003) y Londres. En cambio, los terroristas islamistas de Atocha, aparecieron en Leganés.
En España los supuestos autores de los atentados del 11-M se suicidaron no para matar infieles ni derrotar al PP ni castigar a los españoles por su intervención en Irak ni recuperar Al-Ándalus, sino para no ir a la cárcel. En vez de volarse entre sus víctimas, lo hicieron casi un mes después, el 3 de abril, para no ser detenidos. ¿Es que tenían miedo de los interrogatorios de los policías españoles?, ¿o de las clases de aeróbic dadas por mujeres impías? ¡Si hasta las leyes prohíben la expulsión de los delincuentes y en las prisiones hay mezquitas y menús sin cerdo!
Debido a este hecho, y a algún otro, no me trago que los atentados los cometiera Al-Qaeda, como afirmó El Periódico de Cataluña en su portada del 14 de marzo.
De nuevo hay que preguntarse qué tres fuentes de la lucha antiterrorista confirmaron a la SER que se habían encontrado terroristas suicidas entre los cadáveres de los asesinados. A ver cuándo nos lo revelan Iñaki Gabilondo o Ernesto Ekaizer o Manolito Rivas.
Por cierto, la ONU ha denunciado que los canallas de Al-Qaeda emplean a muchachos y niños enfermos o minusválidos para cometer sus atentados. A esta gentuza que nos quiere imponer una religión diabólica la izquierda occidental está dispuesta a entregar a los iraquíes. ¿Se querellarán los comunistas españoles como el delincuente Antonio Romero contra estos terroristas? ¿Dónde están las protestas de la Afusiladora, los artículos indignados de Baltasar Garzón y las condenas de Mansur Escudero?
