Santiago López Castillo

PP: El pimpanpun

PP: El pimpanpun
Santiago López Castillo. PD

Cuando al conspicuo aventurero André Malraux le preguntaron por el porqué de su mito contestó que no desmintiendo ninguna de las difamaciones y calumnias que sobre él se vertieron. Cuesta trabajo creerlo sin echar los pies por alto ante las permanentes bajezas y envidias de la condición humana. Claro que bien visto, y desde la perspectiva o lejanía sin que uno se meta en pellejo ajeno, tal vez sea buen consejo para escapar del cínife político y literario, porque también en el mundo de las letras hay mosquitos abrasadores. El PP -estaba cantado-, tras ser elegido Sánchez reina por un día, por un mes o un año, iba a ser objeto del pimpampum (vocablo aceptado por la RAE) y Rajoy sujeto paciente del ingobierno, culpable por no poder formar gobierno y por no querer abstenerse en el pacto suicida del secretario socialista, sobresaliente cum laude del zapaterismo y vendedor de trajes y complementos en la planta de caballeros de El Corte Inglés.

Hombre, Mariano no tiene nada de aventurero como Malraux; es un ser pragmático, menos frío de lo que muchos creen y si no que se lo digan a Marhuenda, que hace footing y corre en bicicleta, Rajoy, prácticas deportivas que permiten ver el paisaje de forma desapasionada. Tras negarle el pan y la sal, siempre el insulto, el presidente en funciones está siendo objeto del linchamiento promovido por Pedrito el Hermoso y las redes perversas, incluidas las canastas de baloncesto, pidiéndole a Rajoy que se vaya, informaciones rumorosas como gaseosa la casera, filtradas desde y por el Partido Socialista, cada vez menos obrero y menos español por obra y gracia de este chiquilicuatre al que sólo le falta ir al festival de Eurovisión.

Circula a través de los medios afines a la izquierda que al presidente en
funciones se lo quieren fundir sus propios militantes. Falso de toda falsedad. Se le acusa de todo: de no querer con el PSOE, mentira podrida porque fue, con Ciudadanos, la formación con la que quiso pactar y sólo recibió patadas en los cojones e insultos al por mayor; ahora, a cambio el señor del No le pide su apoyo para componer ese gobierno de mamarrachos y si no lo hace le pone a caldo en su constante pavoneo por la pasarela de los «contactos». Y una cosa es que Felipe VI le encargue tal tarea y otra que haga de ella la pasarela Cibeles-El Corte Inglés engolando la voz y hablando casi con el yo mayestático. Finalmente, los voceros de prensa y propaganda del engreído Sánchez lanzan el nombre de Pablo Casado para sustituir a Rajoy señalando -¡oh, exclusiva!- a Aznar y a Aguirre como los instigadores del cambio.

El zapaterista en grado sumo está loco por la música y es capaz de venderse al diablo con tal de pisar la moqueta. Claro que más grande será la caída. La vieja norma aconseja esperar sentado el cadáver de los enemigos, premio que Dios reserva a los pacientes. Y al «indecente» Rajoy, culpable hasta de la muerte de Manolete, no le importa aguantar porque une su prudencia a la cachaza.

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