David Gistau

Trillo ha disfrutado de un añadido de trece años en la vida pública que no merecía

Trillo ha disfrutado de un añadido de trece años en la vida pública que no merecía
David Gistau. PD

LA herida moral del Yak-42 nunca dejó de supurar y, en ese sentido, el documento del Consejo de Estado es sólo un recordatorio de la falta de diligencia de aquel gobierno que permitió que los militares viajaran en unas condiciones tercermundistas sin celo alguno en la comprobación.

Trillo, a quien recuerdo, altanero, ofreciendo una moneda de euro por cada pregunta que le hicieran sobre la catástrofe, ha disfrutado de un añadido de trece años en la vida pública que no merecía. Más le habría valido dejar sólo como legado la anécdota autoparódica del viva Honduras.

No me siento capaz de averiguar si el resurgimiento de este caso mediante filtración se debe, como he leído en alguna parte, a una maniobra de la vicepresidenta del Gobierno contra la actual ministra de Defensa en el contexto de una agresión precongresual menos comentada y ventilada que la de Iglesias a Errejón -una intriga más profesional, de hecho, que la de los podemitas- y que ya antes había puesto en circulación la polémica de la acumulación de cargos.

Tampoco eso me interesa: forma parte del submundo conspirativo en el que encuentran su ecosistema personajes, como Sáenz de Santamaría, que terminan derivando las herramientas del Estado al provecho propio. Menuda mitología se le construyó a Rubalcaba -¡Fouché!- por mucho menos de lo que lleva hecho esta vicepresidencia.

Con todo, en estas jornadas del Yak revisitado, lo más irritante, por hipócrita, es la supuesta compasión con los fallecidos de la misma izquierda antimilitarista a la que veo bloquear en el Parlamento cualquier aumento de la dotación presupuestaria al Ejército con reflexiones tan pornográficas como una reciente del Rufián: «¡Prefieren pagar balas antes que ayudas a los desahuciados!».

O la navideña de Pablo Iglesias según la cual poner a los militares como ejemplo de trabajo equivale a glorificar el golpe de Estado. Esa izquierda, que es la misma que expulsa a los militares de los espacios públicos para que no se rocen con los niños, se dice escandalizada por el Yak-42, como si no supiera que las dotaciones presupuestarias sirven, entre otras cosas, para que 62 militares españoles destinados en una misión exterior no tengan que meterse en un avión en el que cualquiera de nosotros se negaría a viajar.

Entiendo que la única pretensión verdadera es cobrarse piezas de caza políticas, así sea a ministros que se libraron durante trece años.

Por eso no espero que su preocupación por las condiciones en que los militares tratan de cumplir con las exigencias de las misiones exteriores sirva para que, en el próximo debate parlamentario sobre el tema, no sea necesario escuchar bravatas demagógicas acerca del dinero gastado en balas. Ese homenaje a los fallecidos del Yak es el que nunca harán los que consideran a sus compañeros elementos destinados a la extirpación social.

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