Es más que posible que dentro de unas décadas, cuando los historiadores traten de determinar el momento o el periodo de tiempo en que comenzó el desguace definitivo de la nación española, no lleguen a un consenso ni siquiera de mínimos. Unos dirán que el momento crucial fue el de los atentados del 11-M de 2004, que propiciaron la llegada al gobierno de Rodríguez Zapatero y sus siete años de “talante”. Otros, que fue aquella tarde de calorías de restaurante cercano a la madrileña Puerta de Alcalá en que, según el presidente del gobierno del momento, no tocaba estar en el Congreso defendiendo el sagrado imperativo que le habían dado las urnas. Un grupo diferente dirá que fue aquel día infame en que el gobierno ofreció en bandeja de plata la cabeza de la directora del CNI a los independentistas de ERC a cambio de que siguieran bailándole la danza del vientre al menos hasta el otoño de 2023. Podría haber recopilado más fechas, pero como el avezado lector ha notado enseguida, he preferido hacer solo mención de algunas de ellas ocurridas en lo que va de siglo, dejando de lado otras centurias, al objeto de no darle el día.
La Ministra de Defensa, Margarita Robles, hizo una defensa encendida de la señora Paz Esteban y del CNI hace solo escasas fechas en el Congreso de los Diputados. El momento en que vino a preguntar qué tiene que hacer un estado democrático cuando le dan un golpe de estado fue brillante y ahí debería haber terminado el affaire, si de un gobierno con dignidad se tratase. Abundando en ello, aún recuerdo cómo hasta hace muy poco el aparato político y gran parte del mediático se congratulaba de la magnífica labor en pos de la democracia que había realizado el señor Manglano cuando, mandando el antiguo CESID, “espiaba” a un gran número de militares para determinar si tenían tendencias golpistas. Si necesario era entonces, necesario era ahora, con la diferencia de que estas últimas actuaciones del CNI han estado avaladas por los jueces. Nada pues de espionaje, más bien pesquisas avaladas por un juez, según la legislación vigente que rige en el CNI. Respecto a otros posibles estados u organismos infectando con “Pegasus” los móviles del presidente y de algunos ministros, no consta que hayan pedido ninguna reivindicación. Ha sido así, ¿verdad?
Este momento brillante al que hacíamos referencia ha sido empañado hasta la náusea por Robles en su actuación de ayer explicando el cese de la señora Esteban. Ya no ha habido defensa de la persona y sí de la institución. Muy bajo perfil y nervios visibles. Actuaciones tan lamentables como la indicada lleva ya varias en los casi cuatro años de recorrido en el ministerio, pero debo reconocer que su no renuncia y su no cese me ha producido un gran alivio, por ahora. Y no considero importante cuál sea la causa de su permanencia. Podríamos hacer conjeturas y referirnos a la próxima Cumbre de la OTAN, que aún tiene prevista su celebración en Madrid los días 29 y 30 de junio. Y digo aún, siendo la cuarta vez que dudo en estas páginas de que se lleve a cabo en la capital de España. Desde luego, si la organización atlántica sufre un ataque de duda metódica cartesiana ante el blindaje anti espionaje de la cita madrileña, podría volverse hacia su Cuartel General en Bruselas, localización que es susceptible de hacerse cargo del acontecimiento en un breve periodo de tiempo. Si esto ocurriera, sería evidente que la culpa no debería recaer en los que hayamos podido dudar. Más bien lo haría en los miembros del gobierno que no solo han sido espiados –eso aseguran-, sino que han tenido el cuajo de decirlo en público. ¿Hay seguridad en el ciberespacio español o debajo de la mesa, como para que veintinueve mandatarios de la OTAN se sientan cómodos contestando “yes” al todopoderoso Biden?
Claro, es que resulta muy importante que el presidente Sánchez salga en la foto de familia en primera fila, en el centro, junto a Biden, aunque separado de él por el Secretario General Stoltenberg. ¿Se puede corregir este último detalle? Por supuesto, de no ser la reunión en Madrid, Sánchez saldría de nuevo en la esquina más solitaria del tercer andar. La foto de familia, junto al apretón de manos al bajar y subir Biden del Air Force One, la revista de ambos mandatarios a la unidad que rinde honores y unos minutos dentro de las instalaciones –presuntamente de Torrejón-, degustando algún tipo de refrigerio, superarían de corrido los veintinueve segundos del año pasado en Bruselas, aunque debo reconocer que algunos midieron treinta utilizando un cronómetro de más posibles que el mío. La Cumbre de las Cumbres. Rien ne va plus. El Everest por encima del resto de “ocho miles”. Lo del “nuevo acontecimiento en el planeta”, según términos de Pajin de 2009, para ilustrarnos sobre la coincidencia de Obama y Zapatero sobre la faz de la Tierra, quedaría superado. Se trataría ahora del hecho más importante en lo que va de siglo entre Mercurio y el Cinturón de Kuiper, ambos incluidos. Y es evidente que, a estas alturas, toda la tripa del acontecimiento solo puede ser preparada con eficacia por Robles y su equipo, independientemente de otras consideraciones propias de Interior e incluso del Ayuntamiento de Madrid.
¿De verdad cree usted que estoy exagerando o trivializando? No olvide que hace unos meses se delineó como una especie de trípode vital para el actual gobierno el conjunto formado por la Cumbre de la OTAN, de la que seguiremos hablando más adelante; los 140 mil millones que deberían venir de la UE; y la presidencia española de la UE del segundo semestre de 2023. Los dos últimos hechos están en estos momentos en el metaverso. Los millones no acaban de llegar, o al menos eso parece; y lo de la presidencia queda lejos. Hace falta rápidamente un apogeo aplastante, aunque sea a través de la defensa, de ese presidente de gobierno que, cuando no lo era –que diría Carmen Calvo-, opinaba que sobraba el Ministerio de Defensa. Pero eso era en los primeros días de octubre de 2014 y el actual presidente era muy joven.
Por tanto, estirar el mandato de la Ministra de Defensa al menos hasta la próxima estadía en La Mareta, disfrutando de los alisios, es vital para el presidente. Pero está claro que éste no es el núcleo de pensamiento que me ha llevado a desear por mi parte en el título que la ministra Robles no dimita ni sea dimitida. De verdad que la situación de ayer por la mañana, antes de conocerse las conclusiones del Consejo de Ministros, era mucho más angustiosa que ahora. La señora Esteban estaba defenestrada, mientras que algún que otro ex del entorno pedía también la cabeza de la ministra. Aparte, hemos podido leer mucho en los medios sobre dimisión por dignidad, coherencia, etc. Todos ellos argumentos que firmamos millones de españoles, aún a sabiendas de que pedir esas virtudes a este gobierno no deja de ser un ejercicio equivalente a aquel en que salíamos a buscar “gamusinos” cuando éramos mucho más jóvenes.
El argumento principal para pedir la permanencia de la ministra es de orden pragmático. Si se va Robles, ¿quién viene? La simple idea de que pudiera ser nombrado el ex JEMAD Julio Rodriguez, o Iceta, o Illa, o… , de veras que hiela el corazón. Aún más, por muy bueno que fuera a priori el nombramiento, tardaría como proceso normal unos cinco meses en conocer dónde está el despacho y quién se pone al teléfono, que encima estaría encriptado. Ello, con un horizonte máximo de poco más de un año, en el mejor de los casos. De verdad que colocar a un profundo desconocedor del tema de defensa para 15 meses, con la compleja problemática que incluye una naturaleza del entorno geopolítico posterior al 24 de febrero pasado prácticamente desconocida para esta generación, sobre todo por el alcance que pueda tener, sería un suicidio. Así que apliquémonos aquello de “más vale lo malo conocido…”, y sigamos como estamos. Aquí la continuidad es virtud.
Precisamente este criterio de continuidad es el que ha esgrimido Robles para nombrar a la señora Esperanza Casteleiro, profunda conocedora de la casa y de su total confianza, como nueva directora del CNI. La coherencia dicta que la ministra acierta, en principio. El CNI va a pasar ahora, presuntamente, una época de turbulencias que necesitará de alguien que conozca bien las funciones que realiza y temple y potencie ánimos, amén de evitar que pudiera adoptar una cierta laxitud en sus cometidos vista la defensa de su labor que ha hecho el gobierno. Estoy seguro de que esto último no va a ocurrir por mucho que estén frotándose las manos los enemigos de España de acá y de acullá. Mucha profesionalidad y mucho amor a España dentro de sus paredes. A lo mejor por eso tiene tantos enemigos. Y si el gobierno de verdad quiere evitar que le espíen, hay dos procedimientos claros. Uno se basa en más facta y menos verba, con mucho más cuidado en el verba que hasta ahora. Están avisados por los hechos que ellos mismos han puesto de manifiesto. El otro pasa por dotar de más medios al órgano, económicos y personales. Esto debería traducirse en un profundo estudio de necesidades en ambos campos. Eso de tener unos servicios de primera con presupuestos de segunda no funciona. Pongamos todos interés en que no haya más intromisiones del “caballo alado”, empezando por los que son escuchados. Independientemente de ello, si el CNI no puede seguir indagando con orden judicial, cumpliendo escrupulosamente la ley, podría ser mejor que lo cerrasen. Por tanto, ojo con una hipotética reforma de cometidos a la baja. Significaría un daño irreversible, no ya para el gobierno, que es un “estar”, sino para la nación española, que es un “ser”.
En suma, continuidad en Defensa y continuidad en el CNI. Una ruptura ahora o después de los alisios, para algo más de un año – periodo de tiempo de orden micro en los procesos de planeamiento de ambas entidades-, sería de una irresponsabilidad supina. Aunque es posible que la danza del vientre pretenda seguir cobrando víctimas. Continuidad de personas y de procedimientos. No así de presupuestos que deben ser ampliados. Es así en todos los países civilizados de nuestro entorno. Sin complejos. Y los indagados bajo orden judicial que dijeron que lo volverían a hacer, ¿de qué se quejan? Carpe diem.
