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Fachosas y desesperadas sumas aparte, aún no se ha enfriado el cadáver del marxismo ´liberador´, tras dejar en su ´legado´ más de cien millones de muertos, cuando resucita -cual vampiro transilvano- el cuerpo corrupto del liberalismo decimonónico, en versión 2.0 con ´barba, tetas y rabo´, como postrera oferta de salvación a un mundo agónico. Todo ello, en un alarde de amnesia aguda, al olvidar que fue precisamente su nefasta presencia en el siglo XIX, la que provocó el nacimiento del marxismo, como contrapunto a sus desmanes.
Siento un helado mordisco en la nuca, cuando oigo hablar del liberalismo como la única fórmula válida para remediar los males del socialismo. El liberalismo, en su más pura esencia, es la ley de la selva en la que sobrevive el más fuerte, que no necesariamente es el mejor ni el más honrado, todo ello dentro de un ring amoral y sin reglas, en el que cualquier golpe bajo vale, en el que la palabra humanidad brilla por su ausencia, en el que la solidaridad empieza por uno mismo, como por uno mismo empieza la caridad bien entendida.
El socialismo clásico, por su parte, pone un techo al legítimo crecimiento mediante el esfuerzo personal, creando una sociedad borreguil ahogada por una administración desmedida e irracional. Una gris capa -de capar, de castrar- cercena la ilusión por el progreso, de todas aquellas personas que hacen del trabajo su vida, o de su vida el trabajo, desde el legítimo derecho a dejar un futuro mejor a sus hijos, desde la sana aspiración de reservarse un merecido descanso, sin merma de calidad de vida, cuando las fuerzas les flaqueen.
El listón cada vez está más bajo, aplastando ilusiones, alentando el escepticismo, en un burdo ritual de mediocridad sacralizada. Y si lo que queremos es salir de los males del socialismo, no invoquemos al fatuo dios del liberalismo clásico, porque a la vuelta de la esquina estaremos rebobinando la cinta, y vuelta a empezar.
Es la hora de romper con todos los viejos paradigmas. Es hora de destruir todas las anticuadas hipótesis, basadas éstas en las circunstancias de otras épocas, de otro mundo que no es el nuestro. Es la hora del sentido común, el cual nunca ha tenido militancia política. Es la hora del futuro.
Señores de ´la casta´, sus ´pelotas´ están en el tejado; ustedes verán. Piensen bien lo que hacen, porque si esto explota, los primeros en salir por los aires van a ser ustedes, los serviles y bien pagados ´mamporreros´ del Nuevo Orden Mundial y su Biblia 2030.
Alguien dijo que el siglo XXI será religioso, o no será. Yo digo que el siglo XXI será apolítico, o no será nada, más que el eterno regreso a la caverna, la tribu y el taparrabos; o al rabo sin tapa.

