No es de extrañar el tufo desinformativo contra la obra y vida de aquel Caudillo español providencial, en el escenario histórico del pasado siglo, a partir del 18 de julio del 36 hasta nuestros tiempos actuales, convertidos al espíritu liberal, ateo-práctico y anti tradicional globalizante del Nuevo Orden Mundial, masónico y frontalmente anticatólico.
Este nuevo mundialismo, se propone derrotar el Reinado Social de Cristo Rey con su reinado del becerro de oro sionista-talmúdico en su secular combate contra el Cristo triunfante y resucitado a quien los poderes satánicos siguen persiguiendo desde su misma resurrección, triunfante de la hipocresía materialista que Cristo resumió condenándoles con los calificativos más contundentes de “raza de víboras”, “sepulcros blanqueados” e “hijos del diablo” (Jn. 8).
En esa batalla interminable hasta el fin de los tiempos bíblicos (que se van acercando), los poderes satánicos están más sueltos que nunca en este misterio de la iniquidad (Tesa, 2), y la gran tribulación en la que estamos del Tercer Secreto de Fátima en el que estamos inmersos y en espera del 4º. Secreto: “Pero…al final, los Sagrados Corazones de Jesús y de María, triunfarán”.
Mientras tanto, estamos probados por las adversidades actuales en guerras, catástrofes naturales (y punibles), económicas, libertinas e inmorales.
Se nos pide perseverancia y fortaleza frente a las diabólicas tentaciones del desánimo, el relativismo indiferentista o las dudas contra la eterna fe relevada y sus promesas de la esperanza, virtud teologal.
La insigne figura de Franco, un “cruzado” en la última historia de nuestra Patria, tenía que ser víctima lógica de los enemigos de Dios y de la España inmortal, a quien denigrar con infamias dictatoriales en el peor sentido que confunde el dictar lo que es pura justicia, con la tiranía de quien se cree dueño de haciendas y de personas sin ningún amor a Dios, a la Patria ni a la Justicia.
Esta injuria, solo puede ser hija del liberalismo ateo, histórico, paganizante y liquidador de todo sentido sobrenatural y trascendente.
Pio XI, al conocer la religiosidad del Caudillo, le envió paternalmente su Bendición en distintas ocasiones.
Pio XII tuvo ocasión de hacerlo más veces y sobre todo, le concedió la Suprema Orden de Cristo, que tiene solo una clase y que supone una religiosidad probada por la profesión de fe que han de tener los poquísimos galardonados con la misma. Es la máxima condecoración de la Sede Apostólica.
En el “Breve Pontificio”, Pio XII constató:
“A nuestro amado hijo Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español, salud y bendición apostólica.
Queriendo daros una muestra de nuestra benevolencia, os elegimos, constituimos y nombramos Caballero de la Milicia de Jesucristo y os admitimos en nuestra Suprema Orden de los citados Caballeros”.
El documento, lleva la fecha del 21 de diciembre de 1953.
La ceremonia de la imposición del Gran Collar de esta Suprema Orden de Cristo, tuvo lugar en la Capilla del Palacio Real, el 25 de enero de 1954. Se la impuso el Cardenal Primado, Dr. Plá y Deniel.
Antes, hizo el Caudillo una profesión de fe cristiana y católica, según el símbolo de la fe cristiana y católica, según el símbolo de la fe conocido en la Iglesia.
Juan XXIII lo proclamó en varias ocasiones y dijo el 25 de julio de 1960: “Franco da leyes católicas, ayuda a la Iglesia, es un buen católico. ¿Qué más quiere?”.
Muchas veces, los Nuncios durante el Gobierno de Franco, han puesto de relieve su religiosidad y acendrado espíritu cristiano.
Pablo VI estuvo mal informado sobre la vida y misión trascendente de Franco, pero cuando leyó su Testamento, reconoció: “Yo, con este hombre, estaba equivocado”.
Las citas históricas vaticanistas de nuestro invicto Caudillo, no se pueden todas plasmar en unas pocas líneas periodísticas.
Solo confirmar que la lucha anticatólica, marxista-liberal, es la mejor demostración de que lo verdadero es eternamente nuevo, como lo auténtico es imbatiblemente indestructible.
Los errores, son zancadillas pasajeras.
Las verdades, son columnas inmarcesibles.
