Por más que indago y reflexiono no encuentro explicación lógica a oponernos con solemnidad a que Huawei nos espíe y, sin embargo, llevemos décadas aceptando que lo hagan Apple, Microsoft, Google, Amazon, Meta y demás empresas tecnológicas norteamericanas.
Me dirán que no es lo mismo una dictadura comunista de partido único como la china, que controla todo, que una democracia liberal como la de los Estados Unidos de Norteamérica. Y, en consecuencia, que hay mucha diferencia en que el gobierno norteamericano sepa de nosotros la biblia, incluido lo que leemos, hacemos, nos gusta y con quién estamos en cada momento, que un régimen dictatorial como el del país asiático, forjado a la sombra del imperio chino y bajo la bandera del comunismo. Y que no es lo mismo que nuestra seguridad esté en manos de EE.UU. que de China para el que “no existen aliados permanentes ni enemigos perpetuos” (José María Beneyto).
Esto podría ser válido, con muchas dudas, hasta la llegada del pato Donald (el tarambana de Trump), que ha puesto patas arriba las relaciones de EE.UU. con sus aliados. Ahora Estados Unidos nos sacude a aranceles, nos obliga a comprar material militar norteamericano, nos impone sus amigos y nos prohíbe sus enemigos. Un Estado nación al que España contribuyó de manera decisiva a independizarse de Inglaterra y que un buen día nos pagó inventándose una mentira (explosión del USS Maine en la bahía de La Habana) difundida por los periódicos del magnate, periodista, editor, publicista y empresario William Randolph Hearst, y decidió declarar la guerra a España y quedarse con Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico porque sí, porque era su interés geoestratégico y porque para eso era más fuerte. Un país que, a cambio de establecer relaciones diplomáticas con el régimen de Franco, llenó España de bases navales y aéreas; un país que permitió y apoyó la marcha verde de Marruecos contra el Sahara español, un país, en definitiva, que nos “tutela” pero no nos respeta.
Y ahora, el narcisista, megalómano, manipulador, racista, autoritario, prepotente, arrogante, misógino, intolerante, agresivo y fanático (calificativos con los que etiquetan cada vez más norteamericanos a su presidente) Trump quiere que sólo utilicemos tecnología estadounidense porque si empleamos también la china de la RPCh se enterará de nuestras cosas, de las de ellos y de las de nuestros aliados. ¿De verdad es creíble esto hoy en día, cuando hasta los tenderos rastrean nuestras necesidades y nos invaden de publicidad de ese producto? ¿O cuando Marruecos conoció y se aprovechó de todo lo que guardaba en el cajón Pedro Sánchez Pérez-Castejón?
En este mundo de locos y en esta sociedad absorta y abducida por los mal llamados teléfonos móviles (manipulación del lenguaje, otra perversión actual), todo el que quiere sabe de su amigo, enemigo, vecino y conmilitón lo que le dé la gana. Es cuestión de dinero, principios, objetivos y prioridades. Lo demás es cuento chino y vitriólico marketing norteamericano.
¡Fariseísmo en estado puro!

