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El cielo ya no es cielo, ni el sol calienta más. Dolor de esperanza vencida, que oculta con nubes el cielo, tal vez para que no pueda encontrar el camino, hasta aquel soñado paraíso perdido, que en el mundo nunca encontré.
De la vida, la despedida, y en mi memoria el olvido de un ser querido, que hoy me ha hecho estremecer, cuando he intuido que tal vez no lo vuelva a ver.
Justo ahora que noto aparecer una esencia con nombre de mujer; fantasmal, casi traslúcida, que, escondida tras su blanca palidez, me reclama para llevarme consigo, hasta aquel cielo prohibido que, desde niño, siempre añoré.
Aquella figura prístina y arcana, que, como un rayo de luna, fantasmal, casi traslúcida, me llama, mientras esconde el rostro tras su blanca palidez.

